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Reconstrucción de la abadía de Cluny. El conjunto
monumental fue derribado entre 1798 y 1823. Durante el
siglo XII, los abades de Cluny llegaron a controlar
cerca de 1500 abadías y prioratos en todas las regiones
europeas, y fueron los verdaderos veladores de la regla
benedictina; en las dependencias de Cluny se alojaron
papas, reyes e incluso el mismo emperador de Bizancio;
sus abades, llamados príncipes monacales fueron
requeridos por emperadores y reyes como árbitros de
querellas, impulsaron las cruzadas o intervinieron
activamente en los asuntos de la reconquista de las
tierras de la península Ibérica; los monjes de Cluny
ocuparon el trono papal, fueron cardenales, legados y
obispos; el monasterio dominó la espiritualidad europea
durante más de un siglo, aproximadamente desde mediados
del siglo XI hasta mediados del siglo XII. |
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11 de mayo Abades de
Cluny (Santos Odón, Máyolo, Odilón, Hugo y Beato Pedro
el Venerable) |
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Estos santos abades, que gobernaron
por espacio de 200 años -entre 927 y 1157- la
célebre abadía borgoñona tuvieron una influencia
decisiva en la historia europea de los siglos X al XII.
La gran autoridad moral de Cluny que estos grandes
abades pusieron al servicio de la Orden Benedictina,
de la Iglesia romana y de paz civil, se explica por la
irradiación de su personalidad, la estabilidad de su
gobierno exento de la ingerencia secular, y su fidelidad
al lema de san Benito de "no anteponer nada al Opus
Dei". |
 
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Algunos, como Cluny, llegaron a ser muy grandes, pero
aunque fueran de menor tamaño todos debían tener como
mínimo los siguientes edificios: iglesia en un edificio
exento con entrada desde el exterior para los fieles;
claustro, que comunica la iglesia con los edificios
donde habitan los monjes y debe tener un punto de agua
para lavarse; zona de habitación de los monjes:
refectorio, dormitorio, dependencias del abad, sala
capitular, biblioteca y escritorio; cocina, que debe
tener acceso directo al huerto, despensa y bodega;
enfermería para monjes; zona de huéspedes: hospedería y
enfermería para viajeros, que generalmente está situada
junto a la puerta del muro exterior.
Los monasterios medievales deben satisfacer todas las
necesidades de los monjes: son microcosmos
independientes. Hay un equilibrio entre los edificios de
carácter religioso y los dedicados a actividades
económicas. Estas ricas abadías y monasterios, bien
protegidos tras un muro fortificado y con los establos
bien provistos de caballos, denotan la feudalización de
los abades y los monjes. El monasterio es un gran centro
económico: grandes posesiones que pertenecen a un solo
dueño (nunca se fragmentarán) y que aprovechan todos los
avances tecnológicos tanto para la agricultura como para
la producción de otros bienes. Estas explotaciones
pueden estar alejadas del monasterio (las granjas). El
monasterio es también un centro intelectual:
scriptorium donde los monjes copian e iluminan
manuscritos. Yes un centro artístico: sus edificios
aglutinan la últimas tendencias artísiticas y
arquitectónicas; el Císter, por ejemplo, fue el gran
difusor del gótico por toda Europa con sus miniaturas,
vidrieras, arquitectura y escultura. Asimismo, los
monasterios detentan a veces poder político, como fue el
caso de Cluny, que tuvo un papel muy importante en la
política europea del siglo XI. Y por supuesto son
centros espirituales, lugares de oración, recogimiento y
reflexión de donde surgen importantes corrientes de
pensamiento. |
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Herederos del
espíritu de S. Benito de Aniano, nacieron de un proyecto
innovador por el cual el monasterio de Cluny, fundado en
el año 909, debía estar exento tanto del poder laico
como del episcopal. Con veinticinco años se convirtió en
un poderoso centro de reforma monástica que llegaría a
tener, con varios grados de filiación, dos mil casas.
Existió durante 880 años, pero la época de oro se sitúa
en los largos abadiatos de cinco figuras excelentes en
santidad y capacidad organizativa: Odón (927-942),
Mayolo (948-994), Odilón (994-1049), Hugo (1049-1109) y
Pedro el Venerable (1122-1157). |
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S. Odón
Marcó un programa: en el silencio,
la plegaría y el trabajo, el monje tenía que reaccionar
contra los vicios del mundo y hacer del monasterio un
oasis; la vida interior le alimentaba el espíritu de
oración, y la vida de mortificación era una protesta
contra el bienestar del mundo. Los capítulos no
sobresalieron por la producción literaria. Pero su
espiritualidad está fuertemente condicionada por la
cultura. No hay en ellos menosprecio del mundo, sino que
la ciencia y el arte se armonizan en una visión que
aprecia los bienes que llevan hacia Dios. La importancia
dada al culto no es exclusiva; la salmodia, habiendo
reservado a los colonos y familiares el cultivo de los
campos, alterna con la lectura y el estudio.
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La plegaria
pública, caracterizada por una prodigalidad de medios,
exige, por su misma prolijidad, cultura y mortificación.
La oración privada tiene su lugar junto con la lectura
meditada, la repetición de postraciones, la plegaría
ante los altares. Los textos hablan de la interioridad
que fomentaba una religión tierna, ferviente, personal,
sin que haya de establecerse un contraste entre la
solemnidad cluniacense y la devoción del Císter.
La
ascesis era remarcable y por una austeridad temperada,
sin rigidez, llena de equilibrio y condescendencia, de
modestia y caridad. La dulzura y la misericordia , en
especial hacia los siervos laicos, son virtudes que los
biógrafos subrayan en los santos abades. Se ha hablado
de la civilización de bondad que se vivía en Cluny, en
tanto que la comunidad que legó a cuatrocientos monjes
acogía diariamente a un número igual de huéspedes y
alimentaban multitudes de indigentes. |

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Una constatación se
presenta desde el punto de vista de la historia de la
ascesis monásticas: Cluny –como todo el monacato a
partir del siglo VIII y antes del Císter- añadió a las
observancias simples y fundamentales de RB otras que a
menudo las reemplazaban. Con todo, este estado de cosas
duraría siglos y produciría sus frutos. De un modo
semejante, la abundancia de recursos financieros, a
medida que fue creciendo la familia cluniacense, se puso
al servicio del ideal de caridad, de contemplación y de
celebración litúrgica, que encontró forma plástica en
las grandes construcciones sucesivas. También se
transformó la economía: el monasterio ya no proporcionó
los alimentos sino que los compró. A comienzos del siglo
XII los donativos y los préstamos permitieron
sobrevivir; pero, cuando hubo que cambiar las costumbres
favorecidas por los santos abades a fin de suprimir con
moderación todo lujo superfluo, la comunidad no lo
recibió de gusto. Evolución económica y crisis
subsiguiente que condicionaron todo un modo de vivir la
ascesis y la espiritualidad.
Los
intentos de reformar sin trasformar tuvieron éxito sólo
a medias, y eso explica que el Císter, sin que escapase
a los peligros de la prosperidad, pudiera enfocar un
estilo de vida más auténtico. Hay que saber conocer la
parte de retórica de S. Bernardo, puesta al servicio de
su celo y fervor, a fin de no extrapolar el universo
cultural y espiritual de los capítulos. En todo caso, la
decoración de los edificios del monasterio de Cluny no
corresponde a las críticas de los primeros
cistercienses, porque la parte de esplendor que
contenían procedía de una mentalidad que innegablemente
pretendía que innegablemente pretendía potenciar la
experiencia religiosa.
Muchos
rasgos de la espiritualidad de Cluny son comunes a otros
lugares, empezando por el ideal monástico mismo. Cierto
que la cura de almas ocupaba allí menos sitio que en
Inglaterra y el Imperio; la misma irradiación misionera
que Cluny llevó hasta Polonia era menos un propósito
evangelizador que una simple implantación de la cultura
cristiana. Quizás los valores espirituales cluniacenses
consisten no tanto en la orientación como en la
intensidad y el fervor. En el fondo, todo estaba en
función de la búsqueda de Dios por ella misma. La unión
de cultura y espiritualidad, que en Cluny se condicionan
mutuamente, es, pues, uno de los rasgos dominantes de su
tradición. Otro lo podríamos encontrar en la dimisión
poética y artística, más bien a fin de mantener los
espíritus abiertos a la venida de la gracia, explican el
secreto de la espiritualidad de Cluny. |
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