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Monastíca

Artículos mónasticos

San Benito sería el que comienza el monasticismo en occidente.  Los monasterios se convertirán en centros de fe y cultura. 

Cueva de Subiaco donde S. Benito vivió a solas con Dios

Santa Escolástica hermana de San Benito

 

 

Vida  de San Benito

Todo lo que sabemos de SB nos viene por S. Gregorio Magno en los Diálogos, escritos a medio siglo de distancia con finalidad de presentárnoslo como profeta y taumaturgo. El itinerario del santo va desde el abandono del mundo y el hecho de “habitar consigo mismo” hasta ascender a Dios y “quedar fuera del mundo”.

A grandes rasgos, la biografía de SB es la siguiente. Nace en la región de Nursia hacia 480, de buena familia, y cursa estudios en roma, que abandona desengañado por la superficialidad del ambiente. Se retira a Affile, pero la fama de virtud entre el pueblo le hace escoger una cueva en Subiaco (75 Km, al este de Roma). Lleva allí vida solitaria ayudado por el monje Román, de una comunidad vecina. Adquiere una cierta notoriedad y está puesto al frente de una comunidad, pero fracasa y regresa a la soledad. Se reúne en torno suyo discípulos hasta formar doce pequeños monasterios, con doce monjes en cada uno. La envidia de un sacerdote de los alrededores le obliga a alejarse, hacia 429, a Montecasino, a 140 Kms, al sur de Roma. Allí implanta un cenobitismo de monasterio único y autónomo, sin límites de número de monjes. Desde allí ejerce una función evangelizadora y verosímilmente escribe la Regla. Funda un monasterio en contactos con figuras notables de su tiempo. Destaca en virtudes e incluso en estados místicos. Anuncia el día de su muerte, que le sobreviene en el oratorio donde ha sido confortado con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El tránsito se sitúa el 21 de marzo de 547; el dies natalis es bastante verosímil por la continuidad litúrgica de una fecha que precisamente cae en Cuaresma, pero el año quizá hay que retrasarlo hasta 555-560.

            El biógrafo fue un papa a quien ni las preocupaciones de la Iglesia ni la enorme actividad desplegada le hicieron olvidar la nostalgia de vida monástica. La vida de SB tiene, pues, la finalidad de ofrecernos, por encima de todo, una serie doctrina de espiritualidad monástica, semejantemente a lo que hizo S. Atanasio con respeto a S. Antonio. El personaje nos es ofrecido, en Diálogos, con gran cuidado. Incluso, ante una forma literaria tan trabajada, hecha de simetrías y de artificios narrativos, uno se llega a preguntar si no nos encontramos ante una figura ideal de santo, un hombre de Dios (vir Dei sale 39 veces), una figura abstracta de hombre bendecido, tal como sugiere su nombre original, Benedictus.

            Efectivamente, S. Gregorio nos expone todo un itinerario de santidad. La conversión rápida de Benito al dejar Roma no excluye la superación de pruebas. En primer lugar, ante el éxito de l criba recompuesta en Affile, reacciona con una desaparición toral en Subiaco; se sustrae, pues, a las tentaciones de orgullo y de vanidad. La victoria es premiada por el testimonio que da a los pastores y a otros visitantes. El cielo tentación-victoria-irradiación se irá repitiendo. La segunda tentación es de orden carnal; la decisión heroica de echarse en las zarzas le hará triunfar de cualquier atracción sensual en el futuro. Los primeros discípulos que recibe son la recompensa, con una paternidad espiritual, a la renuncia a la procreación. El tercer caso es la superación, por la caridad y la serenidad, de la agresividad de los monjes que le querían envenenar; la irradiación consiste en el establecimiento de doce monasterios. Un cuarto combate es provocado por la envidia del presbiterio Florencio: Benito reacciona con piedad ante el criminal y después con lamentación por su muerte; el premio consiste en el ensanche de horizontes geográficos con la ida a Montecasino.

            Esta ascensión espiritual comporta una nueva etapa hacha de una doble serie de doce milagros; prodigios, los unos, de conocimiento (que manifiestan su adhesión al Señor), y, los otros, de poder (que muestran que imita la vida de los apóstoles).

            Pero hay todavía otra etapa antes de llegar a la gloria. Está formada por las visiones anticipadas de dicha gloria. Primero, en el caso de su hermana Escolástica, y después, en el del obispo Germán de Capua. Es en este último episodio donde S. Gregorio, encomendado la visión del mundo entero recogido como en un solo rayo sol, relaciona el mundo que SB dejó para entregarse a Dios, en el inicio de la conversión, con el mundo que ahora, al término de su vida, ve exiguo a la luz de Dios. Toda la vida de SB no es una simple narración pintoresca o edificante. Se resume en la irradiación que proviene de la ascesis personal y de la entrega total a Dios. Vida enmarcada por  contraste antre el joven estudiante que a los comienzos se hace Padre de monjes que escribe una Regla “notable por su discreción” e incluso “clara en su lenguaje”.

            Esta regla, una tradición antigua y venerable la encuentra en el texto conocido por Regula Benedicti. A veces de un modelo intermitente renace la cuestión de si realmente la escribió Benito de Nursia. Quizá por respeto a menudo es eluido. Pero, en realidad, los elementos de juicio son tan escasos y el problema inicie tan poco en el mensaje mismo de la Regla que, planteárselo, resulta un poco sofisticado. Por otra parte, y admitiendo que RM es la fuente de RB, dicha tradición de atribuir la paternidad de RB al SB descrito en los Diálogos tiene fundamento en la lengua (que es la de la Italia del siglo VI), en el testimonio unánime de los manuscritos y en los rasgos de observancia monástica reportados por S. Gregorio.

            La trama histórica en que se fundamenta la biografía de SB es demostrable porque algunos de sus hechos pueden ser datados; el hambre es la de los años 537-538; la muerte de Germán de Capua se sitúa a principios de 541; la visita del rey Titila, en la segunda mitad de 546, y la de Sabino de Canosa a primeros de 547; las violencias del godo Zala entre 542-552. Además, la existencia de comunidades monásticas con un superior en Subiaco, Montecasino y Terracita no son hechos que se puedan fácilmente inventar. Y los cuatros abades citados en el Prólogo como fuentes de información y otros nombres propios. Y lugares precisos y edificios determinados, vinculados a cosas concretas y a personajes conocidos. Por más que, en lo concreto, son difícil determinar qué historias contadas por Gregorio son fidedignas y cuáles fruto de su afán catequético, es indiscutible la historicidad substancias de los Diálogos.

Influencia

Con la invasión de los longobardos. Montecasino quedó abandonado (577). Y poco después de S. Gregorio, también Subiaco, que desaparece con un silencio total hasta el siglo IX, más tarde todavía que el Montecasino restaurado por Petronax a partir de 717. en el siglo VIII se empieza a hablar de vivir “bajo la regla de SB”, expresión que no indica exclusividad sino más bien preferencia.

. En el sínodo de Aquisgrán (819) la autoridad de Luis el Piadoso intenta unificar el monaquismo, por obra de Benito de Aniano. Durante este siglo se redactan los primeros comentarios importantes. RB juega un cierto papel en las reformas que en el siglo X emprenden algunos monasterios de Galia, Italia e Inglaterra, pero todavía no en los de roma. La cancillería pontificia, a partir de Inocencio II tenderá a agrupar, respectivamente, alrededor de los nombres de Agustín, Basilio y Benito, las formas de vida canonical, monástica en el sur de Italia y monástica en otras partes. La expresión “Ordón Sancti Benedicto”, frecuente a partir del siglo XIII, indica más bien un género de vida monástica, no una orden en sentido jurídico.

Hasta esta época, pues, el monacato occidental se convierte en benedictino sólo de una manera gradual, y la huella de SB se inserta en un patrimonio monástico común, que encuentra la mejor y más frecuente plasmación en las vidas de santos. La tónica bíblica y patrística que le inspira llegará a dar, a juicio de algunos autores, un matiz particular a la reflexión teológica, marcada por una fuerte nota escatológica y contemplativa. La lectura divina es a la vez su causa y su fruto, lo que explica la ósmosis entre las perspectivas bíblicas y la plegaría litúrgica, y al mismo tiempo la ausencia de conflicto entre liturgia y oración privada. Tampoco se nota dicotomía entre la estabilidad benedictina y el ideal de peregrinación.

Aparte los movimientos de Cluny y del Císter, surgen contemporáneamente ideales eremíticos y misioneros. Las nuevas corrientes espirituales también dejan su huella en los monasterios, aunque en la época moderna los místicos –que producen una abundante literatura de diarios, autobiografías y ejercicios piadosos- no mantienen demasiado un vínculo con la tradición mas específicamente benedictina hasta la época de las investigaciones eruditas de la Congregación de S. Mauro. El renacimiento del monaquismo a partir del siglo XIX toma un gran impulso caracterizado por el movimiento litúrgico y produce igualmente grandes eruditos. En el Plano doctrinal destaca por su equilibrio Marmión. Y más cerca de nosotros, el redescubrimiento de los valores de la espiritualidad monástica ha ido unida al conocimiento más profundo de las fuentes, a la superación de los condicionamientos decimonónicos y a una mayor apertura a las corrientes innovadoras que han cristalizado en el Concilio Vaticano II.

Reliquias de San Benito

Por Diálogos 34y 36 sabemos que SB fue enterrado in excelsi montis latere de Montecasino, en el oratorio de S. Juan, al lado del sepulcro de su hermana. En 577, a causa de la invasión de los longobardos, el monasterio fue destruido en parte, y la comunidad dispersada durante el siglo y medio. Una tradición –atestiguada por la Historia translationis sancti Benedicto, escrita por Adrevaldo, monje de Fleury, dos siglos después de los acontecimientos narrados- cuenta que en la segunda mitad del siglo VII el abad de este monasterio. Múmulo, mandó ir a buscar las reliquias de SB. Por el camino los expedicionarios encontraron un grupo de Le Mans que tenían las mismas intenciones con respecto a las de Sta. Escolástica. Ambas comitivas se unieron descubrieron en Montecasino las sepulturas, recogieron los huesos en una sola caja.

Llegados a Fleury, tuvieron dificultad en distinguir los huesos masculinos de los femeninos, pero se fijaron en el tamaño. Los de SB fueron guardados en el monasterio del Loira (entonces y hasta mediados del siglo VIII llamado de S. Pedro); los de Sta. Escolástica, colocados en la iglesia de S. Pedro de Le Mans, en 873 la reina Riquilda se apoderó de ellos para deponerlos en el nuevo monasterio de Juvigny-sur-Loison.

            Un análisis anatómico permitió en el año 1952 verificar que los esqueletos, incompletos, podían tener perfectamente 1400 años y pertenecían a personas de edad, y que algunos huesos habían sido mal repartidos. El traslado, desde Italia, del cuerpo masculino a Fleury y del femenino a Le Mans es un hecho verosímil, porque en aquella época se introduce en los monasterios francos la regla mixta de SB y de S. Columbano y los fundadores de ambos cenobios eran personas con relaciones familiares numerosas e influyentes. Los documentos litúrgicos atestiguan la difusión del culto de SB en las Galias durante el siglo VIII; por otra parte, el monasterio del Loira posee desde fines del siglo anterior manuscritos italianos y una necrópolis que sólo se puede explicar por la presencia de reliquias insignes. El riesgo de error sobre la autenticidad de las reliquias que los floriacenses tomaron de Montecasino no es muy grande, dadas las indicaciones de Diálogos y el hecho de que los restos de la iglesia destruida, todavía eran lo suficiente importantes para que algunos decenios más tarde el abad Petronax la pudiera restaurar. La traslación fue aceptada y reconocida como verdadera en toda la Europa de aquel entonces, como lo atestiguan Pablo Diácono, de Montecasino, y el papa Zacarías.

            Faltando, no obstante, un documento redactado y fehaciente del momento de la apertura de la tumba casinense y teniendo en cuenta las circunstancias en que se hizo, no hay prueba apodíctica que las reliquias veneradas en Saint-Benoît-sur-Loire sean las de SB. De hecho, si es indudable que hubo traslado de reliquias a Fleury, las actualmente veneradas en Montecasino ya lo eran hacia 758. La tesis sostenida por los italianos es que los floriacenses se equivocaron de esqueletos. La reconstrucción del cenobio casinense después de la destrucción causada por la segunda guerra mundial permitió excavaciones que dieron lugar a conclusiones nada menospreciables, pero radicalmente opuestas a las de los franceses. La polémica renació con motivo del jubileo benedictino de 1980; pero, mientras los floriacenses facilitaron información científicamente cuidada, los casinense repitieron los argumentos de treinta años atrás. Siempre queda el consuelo de que la doctrina y la intercesión de SB son más valiosas que la existencia de sus huesos.

Culto

El culto a SB se encuentra extendido en Europa a principios del siglo VII en la tradicional fecha festiva del 21 de marzo, que es fruto de tradiciones locales; en Roma la fiesta no fue celebrada hasta el siglo XI. Pero en el segundo cuarto del setecientos, por influjo de Fleury, ciertos libros litúrgicos empiezan a conocer otras dos celebraciones: una deposotio el 11 de julio y un adventus el 4 de diciembre. Parece que la de diciembre corresponde a la fecha de recepción de las reliquias en el monasterio del Loira y la de julio la del traslado solemne a la iglesia. Prestándose más el verano a grandes celebraciones festivas, durante toda la Edad Media el nombre de Adventus pasa a la fecha de julio; la fiesta de diciembre sobrevive con el nombre de illatio, como conmemoración de la vuelta de las reliquias a Fleury de las invasiones normandas.

            Le época moderna conoce dos fiestas en el calendario benedictino: la de marzo como Tránsito y la de julio como Solemnidad (excepto en Francia, donde mantuvo el carácter de aniversario del traslado de las reliquias).

            El calendario romano posconciliar de 1969, siguiendo el criterio de evitar las memorias obligatorias durante la cuaresma, fijó como celebración para el calendario universal el 11 de julio. La fecha de esta memoria recibe en Europa el grado de fiesta desde el patrocinio sobre el continente que Pablo VI proclamó.

            La Confederación benedictina sigue celebrando también la fiesta del Tránsito, y tanto en el oficio como en la misa los textos actuales han sustituido la pomposidad barroca por una adecuación más fiel al retrato que del santo nos ofrecen RB y Diálogos. Destaquemos, además del tradicional evangelio de Mt 19,27-29 (reservado para el 11 de julio); el evangelio del 21 de marzo (Jn 17, 20-26), en que la oración sacerdotal de Jesús evoca el estado de espíritu de SB en el momento de la muerte; la lectura veterotestamentaria de la misma fiesta (Gn 12,1-4), que cuenta la salida de Abrahán y las promesas de bendición (erisque benedictus); la primera lectura del 11 de julio (Pr 2, 1-9), fuente de inspiración de RB Pról; las cartas apostólicas, que describen la caridad fraterna en el estilo de RB 72. El prefacio emplea expresiones de la Regla, sin poner el acento en los milagros.

Milagros de San Benito

He aquí algunos de los muchos milagros relatados por San Gregorio, en su biografía de San Benito

El muchacho que no sabía nadar.  El joven Plácido cayó en un profundo lago y se estaba ahogando.  San Benito mandó a su discípulo preferido Mauro: "Láncese al agua y sálvelo".  Mauro se lanzó enseguida y logró sacarlo sano y salvo hasta la orilla.  Y al salir del profundo lago se acordó de que había logrado atravesar esas aguas sin saber nadar.  La obediencia al santo le había permitido hacer aquel salvamento milagroso.

El edificio que se cae.  Estando construyendo el monasterio, se vino abajo una enorme pared y sepultó a uno de los discípulos de San Benito.  Este se puso a rezar y mandó a los otros monjes que removieran los escombros, y debajo de todo apareció el monje sepultado, sano y sin heridas, como si hubiera simplemente despertado de un sueño.

La piedra que no se movía.  Estaban sus religiosos constructores tratando de quitar una inmensa piedra, pero esta no se dejaba ni siquiera mover un centímetro.  Entonces el santo le envió una bendición, y enseguida la pudieron remover de allí como si no pesara nada.  Por eso desde hace siglos cuando la gente tiene algún grave problema en su casa que no logra alejar, consigue una medalla de San Benito y le reza con fe, y obtiene prodigios.  Es que este varó de Dios tiene mucho influjo ante Nuestro Señor.

Panes que se multiplican.

Muertes anunciadas.  Un día exclamó: "Se murió mi amigo el obispo de Cápua, porque vi que subía al cielo un bello globo luminoso".  Al día siguiente vinieron a traer la noticia de la muerte del obispo.  Otro día vió que salía volando hacia el cielo una blanquísima paloma y exclamó: :Seguramente se murió mi hermana Escolástica".  Los monjes fueron a averiguar, y sí, en efecto acababa de morir tan santa mujer.  El, que había anunciado la muerte de otros, supo también que se aproximaba su propia muerte y mandó a unos religiosos a excavar……..

La santa Regla

Leer la regla de san benito

Inspirado por Dios, San Benito escribió un Reglamento para sus monjes que llamó "La Santa Regla" y que ha sido inspiración para los reglamentos de muchas comunidades religiosas monásticas.  Muchos laicos también se comprometen a vivir los aspectos esenciales de esta regla, adaptada a las condiciones de la vocación laica.

La síntesis de la Regla es la frase "Ora et labora" (reza y trabaja), es decir, la vida del monje ha de ser de contemplación y de acción, como nos enseña el Evangelio.  

Algunas recomendaciones de San Benito:

  •  La primera virtud que necesita un religioso (después de la caridad) es la humildad. 

  • La casa de Dios es para rezar y no para charlar.             

  • Todo superior debe esforzarse por ser amable como un padre bondadoso.

  • El ecónomo o el que administra el dinero no debe humillar a nadie.

  • Cada uno debe esforzarse por ser exquisito y agradable en su trato

  • Cada comunidad debe ser como una buena familia donde todos se aman

  • Evite cada individuo todo lo que sea vulgar.  Recuerde lo que decía San Ambrosio: "Portarse con nobleza es una gran virtud".

  • El verdadero monje debía ser "no soberbio, no violento, no comilón, no dormilón, no perezoso, no murmurador, no denigrador… sino casto, manso, celoso, humilde, obediente".