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A grandes rasgos,
la biografía de SB es la siguiente. Nace en la región de
Nursia hacia 480, de buena familia, y cursa estudios en
roma, que abandona desengañado por la superficialidad
del ambiente. Se retira a Affile, pero la fama de virtud
entre el pueblo le hace escoger una cueva en Subiaco (75
Km, al este de Roma). Lleva allí vida solitaria ayudado
por el monje Román, de una comunidad vecina. Adquiere
una cierta notoriedad y está puesto al frente de una
comunidad, pero fracasa y regresa a la soledad. Se reúne
en torno suyo discípulos hasta formar doce pequeños
monasterios, con doce monjes en cada uno. La envidia de
un sacerdote de los alrededores le obliga a alejarse,
hacia 429, a Montecasino, a 140 Kms, al sur de Roma.
Allí implanta un cenobitismo de monasterio único y
autónomo, sin límites de número de monjes. Desde allí
ejerce una función evangelizadora y verosímilmente
escribe la Regla. Funda un monasterio en contactos con
figuras notables de su tiempo. Destaca en virtudes e
incluso en estados místicos. Anuncia el día de su
muerte, que le sobreviene en el oratorio donde ha sido
confortado con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El
tránsito se sitúa el 21 de marzo de 547; el dies natalis
es bastante verosímil por la continuidad litúrgica de
una fecha que precisamente cae en Cuaresma, pero el año
quizá hay que retrasarlo hasta 555-560.
El
biógrafo fue un papa a quien ni las preocupaciones de la
Iglesia ni la enorme actividad desplegada le hicieron
olvidar la nostalgia de vida monástica. La vida de SB
tiene, pues, la finalidad de ofrecernos, por encima de
todo, una serie doctrina de espiritualidad monástica,
semejantemente a lo que hizo S. Atanasio con respeto a
S. Antonio. El personaje nos es ofrecido, en Diálogos,
con gran cuidado. Incluso, ante una forma literaria tan
trabajada, hecha de simetrías y de artificios
narrativos, uno se llega a preguntar si no nos
encontramos ante una figura ideal de santo, un hombre de
Dios (vir Dei sale 39 veces), una figura abstracta de
hombre bendecido, tal como sugiere su nombre original,
Benedictus.
Efectivamente, S. Gregorio nos expone todo un itinerario
de santidad. La conversión rápida de Benito al dejar
Roma no excluye la superación de pruebas. En primer
lugar, ante el éxito de l criba recompuesta en Affile,
reacciona con una desaparición toral en Subiaco; se
sustrae, pues, a las tentaciones de orgullo y de
vanidad. La victoria es premiada por el testimonio que
da a los pastores y a otros visitantes. El cielo
tentación-victoria-irradiación se irá repitiendo. La
segunda tentación es de orden carnal; la decisión
heroica de echarse en las zarzas le hará triunfar de
cualquier atracción sensual en el futuro. Los primeros
discípulos que recibe son la recompensa, con una
paternidad espiritual, a la renuncia a la procreación.
El tercer caso es la superación, por la caridad y la
serenidad, de la agresividad de los monjes que le
querían envenenar; la irradiación consiste en el
establecimiento de doce monasterios. Un cuarto combate
es provocado por la envidia del presbiterio Florencio:
Benito reacciona con piedad ante el criminal y después
con lamentación por su muerte; el premio consiste en el
ensanche de horizontes geográficos con la ida a
Montecasino.
Esta
ascensión espiritual comporta una nueva etapa hacha de
una doble serie de doce milagros; prodigios, los unos,
de conocimiento (que manifiestan su adhesión al Señor),
y, los otros, de poder (que muestran que imita la vida
de los apóstoles).
Pero
hay todavía otra etapa antes de llegar a la gloria. Está
formada por las visiones anticipadas de dicha gloria.
Primero, en el caso de su hermana Escolástica, y
después, en el del obispo Germán de Capua. Es en este
último episodio donde S. Gregorio, encomendado la visión
del mundo entero recogido como en un solo rayo sol,
relaciona el mundo que SB dejó para entregarse a Dios,
en el inicio de la conversión, con el mundo que ahora,
al término de su vida, ve exiguo a la luz de Dios. Toda
la vida de SB no es una simple narración pintoresca o
edificante. Se resume en la irradiación que proviene de
la ascesis personal y de la entrega total a Dios. Vida
enmarcada por contraste antre el joven estudiante que a
los comienzos se hace Padre de monjes que escribe una
Regla “notable por su discreción” e incluso “clara en su
lenguaje”.
Esta
regla, una tradición antigua y venerable la encuentra en
el texto conocido por Regula Benedicti. A veces
de un modelo intermitente renace la cuestión de si
realmente la escribió Benito de Nursia. Quizá por
respeto a menudo es eluido. Pero, en realidad, los
elementos de juicio son tan escasos y el problema inicie
tan poco en el mensaje mismo de la Regla que,
planteárselo, resulta un poco sofisticado. Por otra
parte, y admitiendo que RM es la fuente de RB, dicha
tradición de atribuir la paternidad de RB al SB descrito
en los Diálogos tiene fundamento en la lengua (que es la
de la Italia del siglo VI), en el testimonio unánime de
los manuscritos y en los rasgos de observancia monástica
reportados por S. Gregorio.
La
trama histórica en que se fundamenta la biografía de SB
es demostrable porque algunos de sus hechos pueden ser
datados; el hambre es la de los años 537-538; la muerte
de Germán de Capua se sitúa a principios de 541; la
visita del rey Titila, en la segunda mitad de 546, y la
de Sabino de Canosa a primeros de 547; las violencias
del godo Zala entre 542-552. Además, la existencia de
comunidades monásticas con un superior en Subiaco,
Montecasino y Terracita no son hechos que se puedan
fácilmente inventar. Y los cuatros abades citados en el
Prólogo como fuentes de información y otros nombres
propios. Y lugares precisos y edificios determinados,
vinculados a cosas concretas y a personajes conocidos.
Por más que, en lo concreto, son difícil determinar qué
historias contadas por Gregorio son fidedignas y cuáles
fruto de su afán catequético, es indiscutible la
historicidad substancias de los Diálogos.
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Con la invasión de
los longobardos. Montecasino quedó abandonado (577). Y
poco después de S. Gregorio, también Subiaco, que
desaparece con un silencio total hasta el siglo IX, más
tarde todavía que el Montecasino restaurado por Petronax
a partir de 717. en el siglo VIII se empieza a hablar de
vivir “bajo la regla de SB”, expresión que no indica
exclusividad sino más bien preferencia. |
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. En el sínodo de
Aquisgrán (819) la autoridad de Luis el Piadoso intenta
unificar el monaquismo, por obra de Benito de Aniano.
Durante este siglo se redactan los primeros comentarios
importantes. RB juega un cierto papel en las reformas
que en el siglo X emprenden algunos monasterios de Galia,
Italia e Inglaterra, pero todavía no en los de roma. La
cancillería pontificia, a partir de Inocencio II tenderá
a agrupar, respectivamente, alrededor de los nombres de
Agustín, Basilio y Benito, las formas de vida canonical,
monástica en el sur de Italia y monástica en otras
partes. La expresión “Ordón Sancti Benedicto”, frecuente
a partir del siglo XIII, indica más bien un género de
vida monástica, no una orden en sentido jurídico.
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Hasta esta época,
pues, el monacato occidental se convierte en benedictino
sólo de una manera gradual, y la huella de SB se inserta
en un patrimonio monástico común, que encuentra la mejor
y más frecuente plasmación en las vidas de santos. La
tónica bíblica y patrística que le inspira llegará a
dar, a juicio de algunos autores, un matiz particular a
la reflexión teológica, marcada por una fuerte nota
escatológica y contemplativa. La lectura divina es a la
vez su causa y su fruto, lo que explica la ósmosis entre
las perspectivas bíblicas y la plegaría litúrgica, y al
mismo tiempo la ausencia de conflicto entre liturgia y
oración privada. Tampoco se nota dicotomía entre la
estabilidad benedictina y el ideal de peregrinación.
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| Aparte los
movimientos de Cluny y del Císter, surgen
contemporáneamente ideales eremíticos y misioneros. Las
nuevas corrientes espirituales también dejan su huella
en los monasterios, aunque en la época moderna los
místicos –que producen una abundante literatura de
diarios, autobiografías y ejercicios piadosos- no
mantienen demasiado un vínculo con la tradición mas
específicamente benedictina hasta la época de las
investigaciones eruditas de la Congregación de S. Mauro.
El renacimiento del monaquismo a partir del siglo XIX
toma un gran impulso caracterizado por el movimiento
litúrgico y produce igualmente grandes eruditos. En el
Plano doctrinal destaca por su equilibrio Marmión. Y más
cerca de nosotros, el redescubrimiento de los valores de
la espiritualidad monástica ha ido unida al conocimiento
más profundo de las fuentes, a la superación de los
condicionamientos decimonónicos y a una mayor apertura a
las corrientes innovadoras que han cristalizado en el
Concilio Vaticano II. |
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Por Diálogos 34y
36 sabemos que SB fue enterrado in excelsi montis
latere de Montecasino, en el oratorio de S. Juan, al
lado del sepulcro de su hermana. En 577, a causa de la
invasión de los longobardos, el monasterio fue destruido
en parte, y la comunidad dispersada durante el siglo y
medio. Una tradición –atestiguada por la Historia
translationis sancti Benedicto, escrita por
Adrevaldo, monje de Fleury, dos siglos después de los
acontecimientos narrados- cuenta que en la segunda mitad
del siglo VII el abad de este monasterio. Múmulo, mandó
ir a buscar las reliquias de SB. Por el camino los
expedicionarios encontraron un grupo de Le Mans que
tenían las mismas intenciones con respecto a las de Sta.
Escolástica. Ambas comitivas se unieron descubrieron en
Montecasino las sepulturas, recogieron los huesos en una
sola caja. |
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Llegados a Fleury,
tuvieron dificultad en distinguir los huesos masculinos
de los femeninos, pero se fijaron en el tamaño. Los de
SB fueron guardados en el monasterio del Loira (entonces
y hasta mediados del siglo VIII llamado de S. Pedro);
los de Sta. Escolástica, colocados en la iglesia de S.
Pedro de Le Mans, en 873 la reina Riquilda se apoderó de
ellos para deponerlos en el nuevo monasterio de Juvigny-sur-Loison.
Un
análisis anatómico permitió en el año 1952 verificar que
los esqueletos, incompletos, podían tener perfectamente
1400 años y pertenecían a personas de edad, y que
algunos huesos habían sido mal repartidos. El traslado,
desde Italia, del cuerpo masculino a Fleury y del
femenino a Le Mans es un hecho verosímil, porque en
aquella época se introduce en los monasterios francos la
regla mixta de SB y de S. Columbano y los fundadores de
ambos cenobios eran personas con relaciones familiares
numerosas e influyentes. Los documentos litúrgicos
atestiguan la difusión del culto de SB en las Galias
durante el siglo VIII; por otra parte, el monasterio del
Loira posee desde fines del siglo anterior manuscritos
italianos y una necrópolis que sólo se puede explicar
por la presencia de reliquias insignes. El riesgo de
error sobre la autenticidad de las reliquias que los
floriacenses tomaron de Montecasino no es muy grande,
dadas las indicaciones de Diálogos y el hecho de que los
restos de la iglesia destruida, todavía eran lo
suficiente importantes para que algunos decenios más
tarde el abad Petronax la pudiera restaurar. La
traslación fue aceptada y reconocida como verdadera en
toda la Europa de aquel entonces, como lo atestiguan
Pablo Diácono, de Montecasino, y el papa Zacarías.
Faltando, no obstante, un documento redactado y
fehaciente del momento de la apertura de la tumba
casinense y teniendo en cuenta las circunstancias en que
se hizo, no hay prueba apodíctica que las reliquias
veneradas en Saint-Benoît-sur-Loire sean las de SB. De
hecho, si es indudable que hubo traslado de reliquias a
Fleury, las actualmente veneradas en Montecasino ya lo
eran hacia 758. La tesis sostenida por los italianos es
que los floriacenses se equivocaron de esqueletos. La
reconstrucción del cenobio casinense después de la
destrucción causada por la segunda guerra mundial
permitió excavaciones que dieron lugar a conclusiones
nada menospreciables, pero radicalmente opuestas a las
de los franceses. La polémica renació con motivo del
jubileo benedictino de 1980; pero, mientras los
floriacenses facilitaron información científicamente
cuidada, los casinense repitieron los argumentos de
treinta años atrás. Siempre queda el consuelo de que la
doctrina y la intercesión de SB son más valiosas que la
existencia de sus huesos. |
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El culto a SB se
encuentra extendido en Europa a principios del siglo VII
en la tradicional fecha festiva del 21 de marzo, que es
fruto de tradiciones locales; en Roma la fiesta no fue
celebrada hasta el siglo XI. Pero en el segundo cuarto
del setecientos, por influjo de Fleury, ciertos libros
litúrgicos empiezan a conocer otras dos celebraciones:
una deposotio el 11 de julio y un adventus
el 4 de diciembre. Parece que la de diciembre
corresponde a la fecha de recepción de las reliquias en
el monasterio del Loira y la de julio la del traslado
solemne a la iglesia. Prestándose más el verano a
grandes celebraciones festivas, durante toda la Edad
Media el nombre de Adventus pasa a la fecha de
julio; la fiesta de diciembre sobrevive con el nombre de
illatio, como conmemoración de la vuelta de las
reliquias a Fleury de las invasiones normandas.
Le
época moderna conoce dos fiestas en el calendario
benedictino: la de marzo como Tránsito y la de
julio como Solemnidad (excepto en Francia, donde
mantuvo el carácter de aniversario del traslado de las
reliquias).
El
calendario romano posconciliar de 1969, siguiendo el
criterio de evitar las memorias obligatorias durante la
cuaresma, fijó como celebración para el calendario
universal el 11 de julio. La fecha de esta memoria
recibe en Europa el grado de fiesta desde el patrocinio
sobre el continente que Pablo VI proclamó.
La
Confederación benedictina sigue celebrando también la
fiesta del Tránsito, y tanto en el oficio como en la
misa los textos actuales han sustituido la pomposidad
barroca por una adecuación más fiel al retrato que del
santo nos ofrecen RB y Diálogos. Destaquemos, además del
tradicional evangelio de Mt 19,27-29 (reservado para el
11 de julio); el evangelio del 21 de marzo (Jn 17,
20-26), en que la oración sacerdotal de Jesús evoca el
estado de espíritu de SB en el momento de la muerte; la
lectura veterotestamentaria de la misma fiesta (Gn
12,1-4), que cuenta la salida de Abrahán y las promesas
de bendición (erisque benedictus); la primera
lectura del 11 de julio (Pr 2, 1-9), fuente de
inspiración de RB Pról; las cartas apostólicas, que
describen la caridad fraterna en el estilo de RB 72. El
prefacio emplea expresiones de la Regla, sin poner el
acento en los milagros. |
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He aquí algunos de los muchos milagros relatados
por San Gregorio, en su biografía de San Benito
El muchacho que no sabía nadar. El joven Plácido cayó en un profundo lago y se estaba
ahogando. San Benito mandó a su discípulo preferido
Mauro: "Láncese al agua y sálvelo". Mauro se lanzó
enseguida y logró sacarlo sano y salvo hasta la
orilla. Y al salir del profundo lago se acordó de
que había logrado atravesar esas aguas sin saber
nadar. La obediencia al santo le había permitido
hacer aquel salvamento milagroso.
El edificio que se cae. Estando construyendo el monasterio, se vino abajo una enorme
pared y sepultó a uno de los discípulos de San
Benito. Este se puso a rezar y mandó a los otros
monjes que removieran los escombros, y debajo de
todo apareció el monje sepultado, sano y sin
heridas, como si hubiera simplemente despertado de
un sueño.
La piedra que no se movía. Estaban sus religiosos constructores tratando de quitar una
inmensa piedra, pero esta no se dejaba ni siquiera
mover un centímetro. Entonces el santo le envió una
bendición, y enseguida la pudieron remover de allí
como si no pesara nada. Por eso desde hace siglos
cuando la gente tiene algún grave problema en su
casa que no logra alejar, consigue una medalla de
San Benito y le reza con fe, y obtiene prodigios.
Es que este varó de Dios tiene mucho influjo ante
Nuestro Señor.
Panes que se multiplican.
Muertes anunciadas. Un día exclamó: "Se murió mi amigo el obispo de Cápua, porque
vi que subía al cielo un bello globo luminoso". Al
día siguiente vinieron a traer la noticia de la
muerte del obispo. Otro día vió que salía volando
hacia el cielo una blanquísima paloma y exclamó:
:Seguramente se murió mi hermana Escolástica". Los
monjes fueron a averiguar, y sí, en efecto acababa
de morir tan santa mujer. El, que había anunciado
la muerte de otros, supo también que se aproximaba
su propia muerte y mandó a unos religiosos a
excavar……..
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Inspirado por Dios, San Benito escribió un Reglamento para sus monjes que
llamó "La Santa Regla"
y que ha sido inspiración para los reglamentos de muchas comunidades
religiosas monásticas. Muchos laicos también se comprometen a vivir los
aspectos esenciales de esta regla, adaptada a las condiciones de la
vocación laica.
La
síntesis de la Regla es la frase "Ora et labora" (reza y trabaja),
es decir, la vida del monje ha de ser de contemplación y de acción, como
nos enseña el Evangelio.
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Algunas
recomendaciones de San Benito:
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La primera
virtud que necesita un religioso (después de la caridad) es la
humildad.
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La casa de Dios es
para rezar y no para charlar.
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Todo superior debe
esforzarse por ser amable como un padre bondadoso.
-
El ecónomo o el que
administra el dinero no debe humillar a nadie.
-
Cada uno debe
esforzarse por ser exquisito y agradable en su trato
-
Cada comunidad debe
ser como una buena familia donde todos se aman
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Evite cada individuo
todo lo que sea vulgar. Recuerde lo que decía San Ambrosio: "Portarse
con nobleza es una gran virtud".
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El verdadero monje debía ser
"no soberbio, no violento, no comilón, no dormilón, no perezoso, no
murmurador, no denigrador… sino casto, manso, celoso, humilde,
obediente".
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