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A la pregunta si la
vida monástica según SB es contemplativa, hay que
responder que todo depende de lo que entendemos por vida
activa y vida contemplativa. Ninguno de estos dos
epítetos se encuentra en RB, y ninguna regla monástica
contemporánea suya hay desarrollos doctrinales sobre las
dos vidas. Tenemos que esperar el comentario de
Hildemaro para encontrar que la famosa distinción juega
un papel notable en la presentación de las observancias
cenobíticas. |
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“deseando agradar a solo Dios” |
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Con todo, esta
visión medieval queda lejos del binomio tal como lo
entiende Casiano (la única fuente de RB que en cierto
modo toca el tema). Para él, la vida activa consiste en
evitar los vicios y adquirir las virtudes, mientras que
tiende al conocimiento de los sentidos ocultos de la
Escritura. Ambas clases se funden en un único afán de
purificación del corazón. Casiano también habla a menudo
del “recuerdo continuo de Dios”. Y la memoria Dei
será la característica de la espiritualidad del monje en
Occidente. Esta plegaria, más bien continua que
frecuente o tan frecuente que resulte continua, unida a
la separación del mundo y a una cierta austeridad, dará
a cualquier forma de vida monástica una orientación
contemplativa que le es esencial.
Dicho
enfoque, que podemos llamar vida contemplativa, define
con mayor precisión, tal como ha sido vivida en el
monaquismo con mayor precisión, tal como ha sido vivida
en el monaquismo benedictino, que la noción de “c”, de
regusto platónico, presentada en la literatura mística
moderna como reservada a ciertos actos o estados de
oración excepcionalmente elevados. Es así como hay que
entender la afirmación de Sto. Tomás que el estado de
vida del monje “se ordena especialmente a la vida
contemplativa”, en el sentido de normalidad del vivir
con interioridad, en presencia de Dios. ES también el
modo como Diálogos sintetiza el itinerario de SB:
“deseando agradar a solo Dios” (Pról), “bajo la mirada
celestial espectador, habitó consigo”. |