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Un capítulo dedica RB a la
observancia de este tiempo litúrgico. Todo él está guiado por el
ideal gozoso de esperar la santa Pascua que explica por qué toda
la vida del monje debería responder a una observancia cuaresmal:
el monje vive de cara a Dios y por eso debe esforzarse en todo
momento por llevar una vida cristiana en toda su pureza e
integridad.
En cierto modo,
la cuaresma es el modelo de la existencia entera del monje, por
lo cual toda la existencia del monje encuentra su lógica interna
a partir de este tiempo litúrgico. Durante la cuaresma habrá
unas prácticas espirituales (oración con lágrimas, lectura
puntual), compunción del corazón, penitencias, oraciones
peculiares) y otras corporales (abstinencia en la comida y la
bebida, sueño, silencio). De esa gama, todos son invitados a
ofrecer algo a Dios mientras sea por propia voluntad, de cosas
no obligatorias, con gozo del Espíritu Santo, con alegría
espiritual, con la bendición del abad.
La fuente
principal de este capítulo es S. León, tanto en las ideas como
en el vocabulario. En diez ocasiones el papa señala el contraste
entre la vida cuaresmal y la del resto del año. Las analogías
son sorprendentes, porque SB está penetrado de su pensamiento,
pero parece que al redactar el capítulo no tenía ante los ojos
el texto de los sermones leonianos. Casiano (Colaciones 21)
también ha influido en RB, especialmente en la asignación de las
prácticas ascéticas, de carácter monástico: vigilias, ayunos,
renuncias, oraciones con lágrimas, compunción, pureza de
corazón. En cuanto a RM, RB ha reducido a uno solo los tres
capítulos sobre el tema, ha omitido cuestiones de ceremonial y
de menú y ha mostrado más discreción al hablar del beneplácito
de menú y ha mostrado más discreción al hablar del beneplácito
del abad. Por lo que se refiere al vocabulario, es el capítulo
que contiene más hápaxs: “oración con lágrimas”, “compunción del
corazón”, “gozo del Espíritu Santo”, “padre espiritual”… hasta
13.
La tónica
teológica de la doctrina benedictina cuaresmal la da el
movimiento trinitario de los versículos 6-7: “Que cada uno…
ofrezca voluntariamente alguna cosa a Dios con gozo del Espíritu
Santo… espere la santa Pascua”. El Espíritu, que actúa en el
alma del monje, engendra en ella el gozo que proviene de un
deseo espiritual: la espera de la resurrección de Cristo a la
cual el monje quiere participar. La expresión “la santa Pascua”
hace alusión a Cristo (excepto 41, 1, en las otras ocasiones en
que habla sólo de la fecha litúrgica SB escribe simplemente “la
Pascua”). Durante la cuaresma el monje no espera una fiesta,
sino que, más allá de la solemnidad, aspira a comulgar con el
misterio redentor de Cristo resucitado. Los sacrificios
cuaresmales los ofrece a Dios, al Padre, por la mediación de la
oración y de la voluntad de Cristo que el abad representa
(49,8).
La legislación
cuaresmal de RB que termina con la mención de la necesidad del
beneplácito del abad es coherente especialmente con el final de
otros dos capítulos: el del tratado sobre la obediencia (5,
14-15, 18-19) y el de las salidas (67, 6-7) |