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Monastíca

Artículos mónasticos

“El domingo se apliquen todos a la lectura, menos aquellos que estén designados para los diversos servicios” (48,22)

Domingo

Para el monje, el domingo es un día cualquiera. Es el día del Señor, la fiesta semanal de la resurrección. En tiempo de SB, la diferencia entre el domingo y los demás días todavía estaba más marcada que hoy porque probablemente no se celebraba la eucaristía diaria y las fiestas de los santos eran menos numerosas. Las indicaciones con que RB da una fisonomía especial al domingo se encuentran en tres puntos.

1. El oficio de vigilias

            RB dedica al tema todo el capítulo 11. La primera indicación establece que los monjes se levanten más temprano, ya que el oficio será más largo. Es una suavización respeto a la tradición monástica anterior (cf. Casiano, Instituciones 3, 8-9) e incluso posterior (cf. S. Columbano, Regula caenobialis, 7), que quiere que los hermanos dediquen a las vigilias la noche entera; esta condescendencia la amplía todavía para el caso en que, por negligencia del encargado, se levanten más tarde.

            La elección de los salmos de las vigilias es significativa; mantiene el curso seguido del salterio, pero lo desplaza para que, empezando con el 20 (18, 6.23), los que tocan tengan un acento particular de alegría y de victoria. También lo es todo el ordenamiento del tercer nocturno (cuando SB, en materia de oficio divino, da muchos detalles, es que innova o corrige en uso existente). Las dos doxologías trinitarias que enmarcan el evangelio final ayudan a considerar el domingo como más sagrado a la Trinidad, devoción que es sensible en RB. La lectura misma del evangelio –probablemente una perícopa de la resurrección, dando origen oriental de la práctica-, el hecho de proclamarla el abad y ser escuchada de pie subrayan el aspecto pascual del domingo, como también el aleluya con que son salmodiados los cánticos de los profetas y la salmodia de las demás horas, excepto las vísperas.

2. La vida del monasterio

            Además del oficio, el domingo se caracteriza por la eucaristía celebrada poco antes de la comida de la hora sexta; se deduce del capítulo sobre el lector hebdomadario (38,2). El domingo es el día de renovación de cargos: “por el trabajo de toda la semana, piden con espíritu de fe este salario de bendición…, un sacrificio común les acompaña…, recomendando a Dios como un sacrificio agradable el servicio de generosidad” (Institucuiones).

3. La lectura divina y el descanso

            “El domingo se apliquen todos a la lectura, menos aquellos que estén designados para los diversos servicios” (48,22). Pero a continuación RB prevé el trabajo manual para los que son incapaces de hacerlo; no quiere que el domingo se convierta en día de ociosidad. Por esto se aparta de RM 75 que prevé una especie de reposo sabática en que cualquier trabajo e incluso el estudio (meditatio) tiene que cesar. Para SB, que sigue en esto a los padres del monaquismo, el día del Señor es dado no para hacer lo que uno quiera sino para dedicarse a las cosas de dios.