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1. El oficio de
vigilias
RB
dedica al tema todo el capítulo 11. La primera
indicación establece que los monjes se levanten más
temprano, ya que el oficio será más largo. Es una
suavización respeto a la tradición monástica anterior (cf.
Casiano, Instituciones 3, 8-9) e incluso posterior (cf.
S. Columbano, Regula caenobialis, 7), que quiere que los
hermanos dediquen a las vigilias la noche entera; esta
condescendencia la amplía todavía para el caso en que,
por negligencia del encargado, se levanten más tarde.
La
elección de los salmos de las vigilias es significativa;
mantiene el curso seguido del salterio, pero lo desplaza
para que, empezando con el 20 (18, 6.23), los que tocan
tengan un acento particular de alegría y de victoria.
También lo es todo el ordenamiento del tercer nocturno
(cuando SB, en materia de oficio divino, da muchos
detalles, es que innova o corrige en uso existente). Las
dos doxologías trinitarias que enmarcan el evangelio
final ayudan a considerar el domingo como más sagrado a
la Trinidad, devoción que es sensible en RB. La lectura
misma del evangelio –probablemente una perícopa de la
resurrección, dando origen oriental de la práctica-, el
hecho de proclamarla el abad y ser escuchada de pie
subrayan el aspecto pascual del domingo, como también el
aleluya con que son salmodiados los cánticos de los
profetas y la salmodia de las demás horas, excepto las
vísperas.
2. La vida del
monasterio
Además
del oficio, el domingo se caracteriza por la eucaristía
celebrada poco antes de la comida de la hora sexta; se
deduce del capítulo sobre el lector hebdomadario (38,2).
El domingo es el día de renovación de cargos: “por el
trabajo de toda la semana, piden con espíritu de fe este
salario de bendición…, un sacrificio común les
acompaña…, recomendando a Dios como un sacrificio
agradable el servicio de generosidad” (Institucuiones).
3. La lectura
divina y el descanso
“El
domingo se apliquen todos a la lectura, menos aquellos
que estén designados para los diversos servicios”
(48,22). Pero a continuación RB prevé el trabajo manual
para los que son incapaces de hacerlo; no quiere que el
domingo se convierta en día de ociosidad. Por esto se
aparta de RM 75 que prevé una especie de reposo sabática
en que cualquier trabajo e incluso el estudio (meditatio)
tiene que cesar. Para SB, que sigue en esto a los padres
del monaquismo, el día del Señor es dado no para hacer
lo que uno quiera sino para dedicarse a las cosas de
dios. |