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Monastíca

Artículos mónasticos
 

HOSPITALIDAD

La RB trata este tema, aparte la descripción de acoger a los monjes forasteros (61), sobre todo en el c. 53. Prescribe todo un ritual sobre cómo recibir al huésped; los monjes salen a su encuentro, le saludan, lo llevan al oratorio, le dan el beso de paz, el superior rompe el ayuno en su honor, le leen la Escritura, le lavan las manos y los pies; en una palabra, “  se le tratará con toda humanidad” (v. 9).

También se aplica a los forasteros el instrumento “Honrar a todos los hombres” (4,8), que substituye, con el contexto de la lista del decálogo, al cuarto mandamiento (como hace lógicamente RM 3,8). Ese sentido de acogida universal no sólo queda subrayado por la omisión de las precauciones de desconfianza de RM 78 – 79 (y eso que los huéspedes en que piensan son ordinariamente monjes), sino por la insistencia del adjetivo “todos” (vv. 1,2,6,13)

            La hospitalidad debe ser universal porque es sobrenatural. La calidad de la acogida a tributar es a causa de Cristo: “Se les acogerá como a Cristo” (v. 1) “Adorarán en ellos se recibe más a Cristo” (v.15)

            El honor que hay que tributar a todos lo justifica la preocupación de que lo pobres y los débiles no queden discriminados (vvv. 14-15), tal como el abad no debe hacer diferencias en el trato con los monjes. ¿Cómo conciliar este principio con el honor conveniente, “sobre todo a los hermanos en la fe y a los peregrinos” (v.2)? La preferencia por estos últimos no procede de una escala de valores mundana, sino de una consideración de fe. Estos “hermanos en la fe” tanto pueden designar una contraposición a la gente del mundo; de hecho, hay tradición monásticas, y en concreto los compromisos de la profesión. Los “peregrinos” son citados a continuación de los “hermanos en la fe” (v.2) y de los “pobres” (v.15). Obviamente, en el primer caso tienen un valor religioso, es decir, los que hacen una peregrinación; en el segundo son sinónimos de forasteros, o sea los que, encontrándose fuerza del propio país, están más desprovistos de medios. En cualquier caso, tanto por el carácter sagrado del viaje como por el hecho de ser sacramento de Cristo débil, merecen una atención especial. Los “pobres”, objeto de atención al hablar del mayordomo (31, 9) y de la distribución de vestidos (55,9), son aquellos que el portero debe tratar “con toda la delicadeza del temor de Dios y el fervor de la caridad” (66,4). Todos estos detalles, que no tienen paralelo en Regla del Maestro, confirman la máxima de cómo clave para interpretar el sentido evangélico de la hospitalidad según Regla de Benito; todo el mundo debe ser honrado como Cristo, pero si debe haber alguna opción preferencial tiene que ser hacia los que más lo representan como personas consagradas o como pobres.