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Monastíca

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Inicios de vocación

SB señala tres indicios para valorar una vocación monástica: si es solícito para la obra de Dios, la obediencia, las humillaciones” (58,7). A través de esa triple solicitud se demuestra la autenticidad de la búsqueda de Dios. Estos criterios proceden de S. Basilio, a través de la traducción de Rufino, no sólo por analogía de pensamiento sino también por el vocabulario mismo. Efectivamente, la palabra “humillaciones”, excepto dos citas sálmicas en Prol, 7 y 7, 52, sólo sale aquí. El mismo origen hay que señalar al opus Dei, que para los antiguos equivalía a “servicio de dios” e incluía no sólo la oración sino también otras actividades monásticas; en el siglo VI ya adquiere el sentido de oficio litúrgico, evoluciona muy natural.

            Además, RB modifica el orden basiliano de los criterios y pone el oficio divino en primer lugar. Este afán de colocar en primera línea la relación con Dios es típica. Notemos –además de la célebre divisa de 43, 3 “Nada anteponga a la obra de Dios”-, Pról, 4 que invita a pedir ante todo “con oración muy insistente”: el primer grado de humildad, desmesuradamente largo (7, 10-30), se refiere totalmente a Dios, mientras que los diez siguientes –como los diez indicios de Casiano- son manifestaciones de humildad con respecto a los hombres. Más insistente resulta todavía el hecho de colocar todo el bloque de capítulos, sobre el oficio (8-20) al principio de la parte práctica de la Regla, mientras que en RM ocupan un lugar más adelante en medio de la descripción del horario, sin un relieve particular.

            De los tres criterios, hay que entender ampliamente el del oficio divino. Cierto que se refiere a la oración común de las horas, pero no debe haber separación entre ésta y la oración continua, como la liturgia interrumpida el curso normal de la existencia monástica; más bien tiene que ser su intensificación.

            En cuanto a la obediencia, es el único de los tres indicios, que después aparece en la trilogía de los llamados votos. También SB tiene una predilección (cf. El inicio del capítulo que le dedica, 5,1), porque horma parte de la esencia del cenobitismo ya en los monjes de Egipto. En una frase que le es propia, al principio de la Regla la identifica con retorno a Dios (Pról, 2). Asimismo, en un capítulo también singular (71), hablando de las relaciones fraternas, la presenta como el mejor camino, si no el único, para ir a dios.

            El celo por las humillaciones ofrece una cierta afinidad con los grados 5-7 de la humildad. Se refiere –siempre siguiendo el precedente de Basilio- no a pruebas artificiales sino a la disponibilidad para hacer las tareas modestas propias de la gente sin importancia.

            Los tres inicios de vocación conservan actualidad, porque la vida monástica siempre deberá librarse del olvido de dios, del egoísmo y del orgullo. Los tres, sin embargo, están en relación recíproca con la condición que RB indica inmediatamente antes: “si de veras busca a Dios”.