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Monastíca

Artículos mónasticos
 

Misa

Para sorpresa de las mentalidades modernas y en consonancia con otros directorios monásticos antiguos, RB no menciona la eucaristía en los capítulos litúrgicos. Habla de ella una sola vez, de la misa y de la comunión a la vez, a propósito del rito de entrada del lector, el domingo por la mañana (38,2). Más adelante, en el v. 10 menciona la comunión, que también figura, precedida de la paz, en las prescripciones sobre el orden de comunidad (63,4). Podemos adivinar una alusión en el “servicio del asaltar” confiado al monje-sacerdote (62,6) y en la “oblación” (59, 2.8) unida a la ofrenda de los niños. Hay dos pasajes dudosos (35, 14 usque ad missas; 60, 4 missas tenere), interpretados cada vez más en sentido excluyente y que se refieren respectivamente a “final de la comida” (á propósito de los servidores) y a “plegarias de conclusión” (que al sacerdote-monje le puede ser permitido decir).

Este lugar marginal asignado a la eucaristía tiene su explicación. Si, por una parte, es fácil saber el lugar que ocupa en RM –comunión diaria fuerza de la misa en el oratorio y misa el domingo en la iglesia parroquial-, por otra parte, en RB no está tan claro. Queda ciertamente excluida la misa diaria en los monasterios de SB, tanto por el silencio del horario (con todo, la concesión de 38, 10 al lector “por razón de la santa comunión” quizá no es exclusiva del domingo) como por el conjunto de las reglas monásticas antiguas. Tal vez la misa dominical se celebraba en el oratorio (38, 2 habla de la comunión y de la comida como dos actos seguidos), pero no sabemos nada de un servicio diario de comunión.

            Diálogos nos habla de que SB, al aproximársele la muerte, se hizo llevar por los discípulos al oratorio y allí se fortaleció para su tránsito recibiendo el Cuerpo y la Sangre del Señor.

            Desde la época carolingia en los monasterios se celebró diariamente una misa solemne y misas privadas en los distintos altares, en consonancia con la devoción hacia los santos y las reliquias. Lo cual explica el rápido ascenso del número de clérigos en los monasterios a partir del s. VIII. Esta práctica se ha mantenido hasta nuestros días, y los grandes comentaristas de RB desde las restauraciones monásticas del siglo pasado han integrado el aprecio por la misa diaria en la espiritualidad monástica y han encontrado nuevas justificaciones tomadas de otras corrientes espirituales. El Concilio Vaticano II y la documentación posconciliar, aunque recomiendan el retorno a las fuentes, en ninguna parte propugnan la reducción del ritmo de la misa para los religiosos. Hay que evitar una concepción ingenua del progreso que consideraría la praxis antigua como un estado de cosas deficiente; pero igualmente cualquier arqueologismo que quisiera encontrar en los modelos antiguos la pauta a marcar para las necesidades y los gustos del presente.