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Monastíca

Artículos mónasticos
 

Oblatos seculares

Desde el s. VII se constata la vinculación de laicos a los monasterios formando parte de la familia monástica y, a partir del s. XI, haciendo promesa de obediencia en manos del abad

            Los nombres que reciben, los grados de vinculación y las formas de ofrecer los bienes al monasterio varían según los lugares y las épocas. Se distingue entre oblatos regulares (hombres que viven en el monasterio) y oblatos seculares (hombres y mujeres que, viviendo en el mundo, siguen el espíritu de SB). En la época moderna, estos últimos son cada vez menos numerosos. Pero con la restauración monástica del s. XIX tiene lugar una evolución: la oblatura regular es reservada a personas que no pueden asumir en su integridad las obligaciones propias de la vida monástica, mientras que los oblatos seculares toman incremento alrededor de las grandes abadías, ya desde el tiempo de dom Guéranger.

            En general, más que el espíritu de soledad o de separación del mundo, es el movimiento litúrgico lo que ha atraído más candidatos. En algunos monasterios ha tenido preferencia el vínculo personal del oblato con la comunidad; en otros, las actividades conjuntas de la fraternidad. En los primeros, la oblatura ha tomado más bien el carácter de imitación de la vida monástica; en los segundos, se ha insistido en la inserción en el propio ambiente de apostolado. Unos rasgos comunes los unen; la vivencia de los compromisos bautismales según la mente de SB; la búsqueda de Dios fomentada por una vida de oración; la lectura divina; el espíritu de oración, de penitencia, de castidad de acuerdo con el propio estado, de amor efectivo a los pobres; una vinculación a la proyección apostólica del monasterio.

            Una vez creada la Confederación benedictina, el primer abad primado Hildebrand de Hemptine promovió la publicación de unos estatutos (1903), que fueron ligeramente modificados (927). Después del Concilio Vaticano II, el abad primado (1969) propuso otros que pueden ser seguidos libremente. De hecho, han sido muy divulgados los elaborados por los monasterios de Fleury (para Francia) y de Beuron (para Alemania) y la adaptación de estos últimos hecha por los monjes de Parma (para Italia).