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La abadía de
Citeaux, fundada en 1098, está considerada la Casa-madre
del Orden Cisterciense. De aquí surgieron, a
comienzos del siglo XII, cuatro grandes monasterios o
fundaciones (Casa-hijas): La Ferté (1113). Pontigny
(1114). Clairvaux (1115), Morimond (1115). Estas abadías
francesas son, a su vez, las casas matrices de donde
arrancan las cuatro grandes filiaciones (ramas troncales)
que vertebran la estructura y la expansión de la familia
cisterciense en el mundo. De este modo, y bajo una
estructura organizativa que tiene como principio la
relación vinculante de “Casa madre” a “Casa
hija”, es como se expande el Císter y se introduce
en nuestra geografía. Así, en el caso de los monasterios
españoles cistercienses, todos se derivan de las
líneas de Clairvaux y Morimond. La entrada de los
cistercienses en suelo hispano se sitúan históricamente
en la primera mitad del siglo XIII, siguiendo, en
concreto, este modelo. Los monasterios que se implantan
en Castilla, Navarra y Aragón son ramificaciones de
Morimond a Través de las abadías de Scala Dei (1137)
y Berdoüs (1137), mientras que los monasterios de
Galicia, León, Portugal, Cataluña y Valencia representan
la rama de Clairvaux, bifurcada por las abadías de Tríos
Fontaines (1118) y Fontenay (1119). |