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Alrededor de este núcleo central, la
comunidad tiene un conjunto de ritos para distintas
circunstancias. Dejando aparte el de la investidura del abad
(cf. 65,6), que no nos es descrito, Regla de san Benito contiene
siete (Regla del Maestro unos veinte):
- Plegarias antes y después de las comidas (43,
13-17);
- Entrada y salida de los semaneros de cocina;
- Entrada del lector hebdomadario;
- Reconciliación de los excomulgados
- Acogida de los huéspedes
- Profesión de los monjes
- Salida del monasterio y retorno.
De todos éstos,
son especialmente remarcables el de la acogida de los
huéspedes y el de la profesión, que la tradición ha
fusionado al aplicar el lavatorio de los pies a la recepción en
el noviado. El primero tiene una trayectoria que empieza en la
puerta del monasterio y culmina en el oratorio a través del
lavatorio de las manos o de los pies, la lectura divina, la
oración, el versículo Suscepimus Deus y el beso de paz.
Un cierto rito de despedida es igualmente previsto, ya que el v.
6 dice que “deben mostrar la mayor humildad a todos los
huéspedes que vienen o se van”.
El rito de
profesión es obviamente más complejo, porque va precedido de las
etapas de ingreso (estancia en la hospedería, introducción al
noviciado, lectura de la Regla con la exhortación: “Esta es la
ley bajo la cuál quieres servir; si eres capaz de observarla,
entra; pero si no eres capaz, márchate libremente”). El
compromiso se toma con toda solemnidad en el oratorio, durante
la eucaristía, ante Dios y sus santos, el abad y la comunidad,
lee la célula, la deposita en el altar, canta el Suscipe me,
Domine, se postra a los pies de todos para que oren por él y
se le viste con los vestidos del monasterio. Hay que subrayar el
alcance místico del versículo Suscipe como acto central
de todo el rito. No cuesta ver en él un cierto paralelismo con
el proceso de la iniciación cristiana, que ha originado a menudo
la presentación de la profesión como un segundo bautismo.
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