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Beda, nacido ente los años 672-673, de familia humilde y
huérfano de padre y madre a los siete años, fue llevado
por sus parientes a la abadía de Wearmouth, floreciente
centro de cultura y de ferviente vida monástica, a pesar
de que se había fundado hacía muy poco. El niño entró en
calidad de oblato, lo que le permitió tener una digna
educación humana y cristiana y librarse de acabar de
criado de un amo sin corazón. El niño se encontró a
gusto en el monasterio y no sufrió ningún trauma; el
abad fue como un padre para él. |
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Sacerdote y
Doctor
735 d.C.
25 de Mayo |
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Eran tantos los que sentían la vocación monástica que la
abadía se hizo pequeña, y Benedicto, el fundador de
Wearmouth, mandó construir otra similar en Jarrow, junto
al río Tyne, a unos 11 kilómetros de la primera.
Benedicto había recorrido mucho mundo y había mandado
importar libros litúrgicos de los Padres y también
clásicos griegos y latinos. A la hora de elegir la regla
de sus monasterios había optado por la de San Benito de
Nursia. Todo discurría con normalidad hasta el año 684,
en que se delcaró la peste en la región. La epidemia se
cobró gran número de vidas, tanto entre los laicos como
entre los monjes. En Jarrow no quedaron
vivos más que Beda y Ceolfrido, colaborador directo de
Benedicto. Pero todos los días rezaban y entonaban los
cánticos litúrgicos en la Iglesia. Al poco tiempo volvió
a florecer la vida y fueron llegando novicios a los dos
monasterios que llegaron a albergar a más de 600 monjes. |
| Mientras tanto, Beda leía y escribía. Fue teólogo,
gramático, poeta, matemático, naturalista, una
enciclopedia andante, motivo por el que le confiaron la
instrucción de los monjes. Bajo su dirección se hicieron
tres copias de la Vulgata, la traducción latina de la
Biblia hecha por San Jerónimo. Su libro más famoso fue
la Historia eclesiástica de los anglos, donde cuenta la
expansión del cristianismo en Inglaterra. |
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Beda era consciente de que cuanto poseía lo
había aprendido de las tradiciones de la Iglesia
y cuando añadía algo propio, lo hacía en
sintonía con este espíritu. Admirado como sabio
toda su vida, siempre dio muestras de gran
humildad y honradez. Beda empezó a traducir al
antiguo anglosajón el Evangelio de San Juan,
pero la muerte le impidió completar la tarea.
Había caído enfermo, pero seguía
enseñando y dictaba las clases al alumno que le
ayudaba. Un día estaba dictando cuando sintió
cerca la muerte y quiso que le llevaran sus
objetos personales para repartirlos entre todos;
eran pañuelos, incienso y otras menudencias que
se permitía tener a los monjes. Pronto estuvo
rodeado de monjes deshechos en lágrimas. Beda,
sentado en el suelo, cantaba: "Gloria al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo", y en cuanto nombró
al Espíritu Santo, exhaló el último suspiro. Era
el 5 de mayo del año 735. En el año 836, el
sínodo de Aquisgrán lo declaró "Venerable y
Doctor admirable", y desde entonces se le conoce
en todo el mundo como Beda el Venerable. |
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