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El vínculo entre
homilías y Diálogos es estrecho. Las primeras contienen
también historias, y recíprocamente de los Diálogos
incluyen comentarios bíblicos y morales; los
ingredientes son los mismos, aunque en proporciones
distintas. Además, tal como indica la introducción de
los Diálogos si los comentarios escriturísticos enseñan
la virtud, las narraciones de milagros muestran cómo se
manifiestan. Estas narraciones se presentan no como una
interrupción de la actividad exegética, sino como un
complemento suyo natural y necesario. Incluso ciertas
páginas de obras anteriores son reproducidas enteras en
los diálogos por ejemplo, la discusión sobre las penas
eternas y la disertación sobre el origen de los sueños
en el Libro IV. Lo mismo cabe decir de la
correspondencia.
La
época moderna se ha sorprendido del carácter casi
infantil de ciertas narraciones, hasta el punto de
considerar los Diálogos como un bloque errático o una
mancha negra dentro de la gran obra literaria del
pontífice. Algunos han visto en ellos un oportunismo
pastoral, una condescendencia hacia los simples. En
cierto modo es verdad , porque están emparentados con
las homilías destinadas al variopinto público de las
misas papales. Pero la doctrina las reflexiones y los
excursus tienen el mismo nivel que las obras mayores del
papa. La calidad literaria que contienen muestra unos
destinatarios más cultos que los de las homilías. Los
protagonistas no son personajes de condición humilde;
son preponderantemente clérigos y monjes, con tendencia
a presentar estos estamentos como los caminos normales
de salvación. Asimismo, los diálogos fueron mandatos a
la reina de los lombardos Teodelinda, tal como las
cartas de contenido hagiográfico están dirigidas a las
damas de Constantinopla. Se trata, pues, de una obra que
tiene presente el gusto de la época hacia el género
narrativo por encima del especulativo, todo hace crecer
que Gregorio pensaba ante todo en una cierta finalidad:
la apologética y social.
La obra
tiene una doble finalidad: la apologética de mostrar que
Italia ha tenido y tiene sus taumaturgos y la moral de
confortar una sociedad humillada y empobrecida por los
bárbaros arrianos. Pero también pretende, a partir del
milagro, estimular la virtud y suscitar la alegría y la
admiración ante las maravillas de Dios. Esta alegría y
la admiración ante las maravillas de Dios. Esta alegría
contemplativa se prolonga en reflexión teológica y
doctrinal. A menudo eso se obtiene relacionando el
milagro con un prodigio análogo de la Sagrada Escritura.
En los tres primeros Libros el elemento doctrinal está
subordinado a la narración es inversa y da lugar a un
tratado sobre la muerte y el más allá. El I y el III
recogen noticias breves sobre personajes variados. El II
está consagrado a una sola persona, SB; el IV, a un solo
tema, la escatología.
La gran
biografía de SB forma, pues, el centro de un tríptico de
una estructura numérica sofisticada. Los 12 personajes
del Libro I y los 37 del III (49, pues, en total)
encuentran la figura de Benito, con la cual se obtiene
la cincuentena que simboliza el reposo. El Libro IV, sin
embargo, no es un mero apéndice, sino que su temática
está anunciada en el final de cada uno de los tres
primeros. Además, la unidad literaria de la obra queda
subrayada por el número de capítulos, 150 en total
repartidos de la siguiente manera: los de los Libros I y
III suman 50 (12 más 38), y los de los Libros II y IV,
100 (38 más 62); el acoplamiento de los libros pares y
de los impares sugiere las relaciones especiales de los
dos compendios de noticias breves y las dos monografías.
Dejando
aparte el trasfondo literario de la obra y el alcance
histórico que contiene entre la verdad y la ficción, hay
cuatro aspectos que nos interesan más particularmente.
1.
Estructura del Libro II. La vida de SB está guiada
por dos principios mayores, el uno cronológico y el otro
sistemático; y está dividida en dos períodos, el de
Subiaco y el de Montecasino. Cada uno de ellos forman un
tríptico en que el cuerpo central narra prodigios
intemporales, mientras que los dos laterales explican
breves historias.
2. el itinerario del santo. A pesar de que el Prólogo
presenta a Benito como un joven “con corazón de anciano
desde la niñez”, a continuación se nos describen cuatro
tentaciones que terminan en victorias y en irradiación
sobre los hombres, la cual a su vez genera la prueba
siguiente. Gregorio hace de su personaje el modelo de la
ascesis y de la victoria sobre las pasiones, que tiene
su plenitud mística en la efusión de la luz divina en
que ve la pequeñez del mundo creado, recogido entero
bajo su mirada dilatad. La gloria escatológica de él
finalmente el tipo perfecto del santo y el símbolo de
las aspiraciones del biógrafo, siempre divido ente el
anhelo de contemplación y los deberes de pastor.
3.
Las disertaciones del Libro II. Son casi todas
dedicadas a los pobres milagrosos del santo, “lleno del
espíritu de todos los justos” . El modelo cristológico
del aniquilamiento de Cristo subraya la relación del
milagro con la humildad. Las citas joánicas y paulinas
acentúan la soberanía de Dios de Dios que atorgó los
carismas a SB. Una idea que interesa a Gregorio y a
Pedro es la limitación del don de los milagros y del
espíritu de profecía a fin de caridad. De este modo S.
Gregorio se permite una abundancia de observaciones
sobre el tema del milagro en la Biblia, y, por la
constatación de los prodigios del santo, estimula la
llamada a la santidad.
4.
Características de la vida de Benito. En comparación
con la tradición hagiográfica anterior, los Diálogos
ofrecen una gran abundancia de milagros, y en cambio
tienen pocas referencias a las enseñanzas del santo y a
su fisonomía moral. San Gregorio se contenta con remitir
a la Regla, lo que le permite colocar en el centro de
los diálogos una gran biografía que no es sino una
sucesión de milagros. Esta recomendación, más que para
favorecer un código apto para disciplinar el monacato,
la hace para edificar. Más que la observancia, pone el
acento en la virtud. Presenta la vida de SB como un
acorde perfecto entre enseñanza y hechos, entre doctrina
y vida. |