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Monastíca

Artículos mónasticos

Hubo un varón de vida venerable, bendito por gracia y por nombre Benito

 

San Gregorio Magno
(540-604)
Fiesta 3 de septiembre
Patriarca, Papa y Doctor de la Iglesia

Cuarto y último de los cuatro originales Doctores de la Iglesia Latina. Defendió la supremacía del Papa y trabajó por la reforma del clero y la vida monástica.
Combatió la herejía nestoriana. Hizo contribuciones claves a la cristología.

Nació en Roma alrededor del año 540, hijo de Gordianus, un senador afluente que llegó a renunciar al mundo y ser uno de los siete diáconos de Roma.

Después de que Gregorio adquiriese una buena educación, el Emperador Justino lo nombre, en 574, magistrado principal de Roma. Tenía solo 34 años.
 

Después de la muerte de Pelagio, San Gregorio fue escogido unánimemente Papa por los sacerdotes y el pueblo. Su extraordinario trabajo le valió el nombre de "El Grande". Su celo era extender la fe por todo el mundo. Mantenía contacto con todas las iglesias y a pesar de sus sufrimientos y labores, compuso grandes obras. Entre ellas hay magnificas contribuciones a la Liturgia de la Misa y el Oficio.
Murió el 12 de Marzo del 604.

Es patrón de maestros.

El libro de los  Diálogos de S. Gregorio

Título popular de la obra de S. Gregorio De vita et miraculis Patrum Italicorum et de aeternitate animarum, escrita durante los años 593-594 a petición del diácono Pedro y de la familia pontificia, ávida de narraciones maravillosas sobre santos italianos. El proyecto data de principios del 593, cuando pidió informaciones al obispo Maximiano de Siracusa, aunque los recuerdos que menciona se extienden no sólo al tiempo en que era diácono o monje sino mucho antes; es decir, un total de veinte años que precede al tercer de pontificado. A esta preparación hay que añadir las catorce historias de milagros narradas en las homilías pronunciadas en los dos primeros años de episcopado, publicadas subrepticiamente, nueve de las cuales el último Libro de los Diálogo recupera.

El vínculo entre homilías y Diálogos es estrecho. Las primeras contienen también historias, y recíprocamente de los Diálogos incluyen comentarios bíblicos y morales; los ingredientes son los mismos, aunque en proporciones distintas. Además, tal como indica la introducción de los Diálogos si los comentarios escriturísticos enseñan la virtud, las narraciones de milagros muestran cómo se manifiestan. Estas narraciones se presentan no como una interrupción de la actividad exegética, sino como un complemento suyo natural y necesario. Incluso ciertas páginas de obras anteriores son reproducidas enteras en los diálogos por ejemplo, la discusión sobre las penas eternas y la disertación sobre el origen de los sueños en el Libro IV. Lo mismo cabe decir de la correspondencia.

            La época moderna se ha sorprendido del carácter casi infantil de ciertas narraciones, hasta el punto de considerar los Diálogos como un bloque errático o una mancha negra dentro de la gran obra literaria del pontífice. Algunos han visto en ellos un oportunismo pastoral, una condescendencia hacia los simples. En cierto modo es verdad , porque están emparentados con las homilías destinadas al variopinto público de las misas papales. Pero la doctrina las reflexiones y los excursus tienen el mismo nivel que las obras mayores del papa. La calidad literaria que contienen muestra unos destinatarios más cultos que los de las homilías. Los protagonistas no son personajes de condición humilde; son preponderantemente clérigos y monjes, con tendencia a presentar estos estamentos como los caminos normales de salvación. Asimismo, los diálogos fueron mandatos a la reina de los lombardos Teodelinda, tal como las cartas de contenido hagiográfico están dirigidas a las damas de Constantinopla. Se trata, pues, de una obra que tiene presente el gusto de la época hacia el género narrativo por encima del especulativo, todo hace crecer que Gregorio pensaba ante todo en una cierta finalidad: la apologética y social.

            La obra tiene una doble finalidad: la apologética de mostrar que Italia ha tenido y tiene sus taumaturgos y la moral de confortar una sociedad humillada y empobrecida por los bárbaros arrianos. Pero también pretende, a partir del milagro, estimular la virtud y suscitar la alegría y la admiración ante las maravillas de Dios. Esta alegría y la admiración ante las maravillas de Dios. Esta alegría contemplativa se prolonga en reflexión teológica y doctrinal. A menudo eso se obtiene relacionando el milagro con un prodigio análogo de la Sagrada Escritura. En los tres primeros Libros el elemento doctrinal está subordinado a la narración es inversa y da lugar a un tratado sobre la muerte y el más allá. El I y el III recogen noticias breves sobre personajes variados. El II está consagrado a una sola persona, SB; el IV, a un solo tema, la escatología.

            La gran biografía de SB forma, pues, el centro de un tríptico de una estructura numérica sofisticada. Los 12 personajes del Libro I y los 37 del III (49, pues, en total) encuentran la figura de Benito, con la cual se obtiene la cincuentena que simboliza el reposo. El Libro IV, sin embargo, no es un mero apéndice, sino que su temática está anunciada en el final de cada uno de los tres primeros. Además, la unidad literaria de la obra queda subrayada por el número de capítulos, 150 en total repartidos de la siguiente manera: los de los Libros I y III suman 50 (12 más 38), y los de los Libros II y IV, 100 (38 más 62); el acoplamiento de los libros pares y de los impares sugiere las relaciones especiales de los dos compendios de noticias breves y las dos monografías.

            Dejando aparte el trasfondo literario de la obra y el alcance histórico que contiene entre la verdad y la ficción, hay cuatro aspectos que nos interesan más particularmente.

            1. Estructura del Libro II. La vida de SB está guiada por dos principios mayores, el uno cronológico y el otro sistemático; y está dividida en dos períodos, el de Subiaco y el de Montecasino. Cada uno de ellos forman un tríptico en que el cuerpo central narra prodigios intemporales, mientras que los dos laterales explican breves historias.

            2. el itinerario del santo. A pesar de que el Prólogo presenta a Benito como un joven “con corazón de anciano desde la niñez”, a continuación se nos describen cuatro tentaciones que terminan en victorias y en irradiación sobre los hombres, la cual a su vez genera la prueba siguiente. Gregorio hace de su personaje el modelo de la ascesis y de la victoria sobre las pasiones, que tiene su plenitud mística en la efusión de la luz divina en que ve la pequeñez del mundo creado, recogido entero bajo su mirada dilatad. La gloria escatológica de él finalmente el tipo perfecto del santo y el símbolo de las aspiraciones del biógrafo, siempre divido ente el anhelo de contemplación y los deberes de pastor.

            3. Las disertaciones del Libro II. Son casi todas dedicadas a los pobres milagrosos del santo, “lleno del espíritu de todos los justos” . El modelo cristológico del aniquilamiento de Cristo subraya la relación del milagro con la humildad. Las citas joánicas y paulinas acentúan la soberanía de Dios de Dios que atorgó los carismas a SB. Una idea que interesa a Gregorio y a Pedro es la limitación del don de los milagros y del espíritu de profecía a fin de caridad. De este modo S. Gregorio se permite una abundancia de observaciones sobre el tema del milagro en la Biblia, y, por la constatación de los prodigios del santo, estimula la llamada a la santidad.

            4. Características de la vida de Benito. En comparación con la tradición hagiográfica anterior, los Diálogos ofrecen una gran abundancia de milagros, y en cambio tienen pocas referencias a las enseñanzas del santo y a su fisonomía moral. San Gregorio se contenta con remitir a la Regla, lo que le permite colocar en el centro de los diálogos una gran biografía que no es sino una sucesión de milagros. Esta recomendación, más que para favorecer un código apto para disciplinar el monacato, la hace para edificar. Más que la observancia, pone el acento en la virtud. Presenta la vida de SB como un acorde perfecto entre enseñanza y hechos, entre doctrina y vida.