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Parte I
La vida espiritual del monje |
Parte I
La vida espiritual del monje
¿Cuáles han de ser las
motivaciones para la opción benedictina?
El deseo de vivir una vida
monástica de acuerdo con la Regla de san Benito
“Léase al novicio esta Regla y digasele: Está es
la ley bajo la cual deseas militar. Si puedes observarla, entra”
(58, 9-10).
El siguiente texto
–conclusión del Prólogo- parece expresar adecuadamente el fin de
la Regla y de la institución fundada por san Benito:
“Pero a medida que se avanza en vida monástica y
en fe, dilatado el corazón con una caridad indescriptible,
córrese por el camino de los mandamientos de Dios. De bodoque,
no desertando jamás de su magisterio y preservando en el
monasterio fieles a su doctrina hasta la muerte, participamos
por la paciencia en los padecimientos de Cristo, y así
merezcamos ser sus coherederos en el cielo” (Pról 49-50).
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Escucha, hijo, los preceptos
del Maestro, e inclina el oído de tu corazón; recibe con gusto el
consejo de un padre piadoso, y cúmplelo verdaderamente |
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¿Cómo ha de ser el
aspirante a la vida monástica?
“Quienquiera que renunciando a sus propias
voluntades… empuña las fortísimas y preclaras armas de la
obediencia” (Pról 3)
Sobre el novicio se
ejecutará una esmerada vigilancia y solicitud para descubrir si
busca de veras a Dios, si es solícito para el Opus Dei,
es decir, el Oficio divino, la obediencia y las humillaciones”
(58, 6-7)
¿Qué es un monasterio
benedictino?
“Una escuela
del divino servicio” (Pról 45).
¿Cuáles son las
principales asignaturas de esta escuela?
La oración,
el trabajo y la ascesis.
Oración
A. La oración
comunitaria
El Opus Dei
¿Cuál es la primera
ocupación del monje benedictino?
La celebración del Oficio
divino, pues dice san Benito:
“Nada se
anteponga a la Obra de Dios” (43,3).
¿Cómo hemos de
celebrarlo?
“En la salmodia estemos de forma que nuestra
mente concuerde con nuestros labios” (19,7).
B. La oración privada o
peculiar (49, 5)
¿Qué método de oración
enseñó san Benito?
“Si alguien desea por orar en privado, entre
simplemente (en el oratorio) y ore” (52,4).
¿Y cómo ha de ser la
oración?
La oración ha de hacer
hincapié
“no en la multiplicidad de palabras sino en la
pureza del corazón y lágrimas de compunción” (20,2).
La oración ha de hacerse
“no en voz
alta, sino con lágrimas y fervor del corazón” (52,4).
“La oración ha
de ser breve y pura, a no ser que se prolongue bajo el afecto de
la divina gracia” (20,4).
¿Qué se entiende por
“oración pura”?
La expresión procede de
Casiano (conferencia IX, 10; cf IX, 15 y X, 5, 11). Es la
oración contemplativa y mística.
¿Había en el monasterio
de san Benito una oración en común distinta del Opus Dei?
La existencia de una tal
oración de deduce del siguiente episodio narrado por san
Gregorio Magno:
“Había un monje que no podía permanecer en la
oración sino que, apenas los hermanos se inclinaban para
dedicarse a la oración, él se salía fuera… A la hora fijada,
concluida la salmodia, mientras los hermanos se entregaban a la
oración… terminada la oración, saliendo el varón de Dios del
oratorio, sorprendió que aquel monje estaba fuera. Entonces,
para curar la ceguera de su corazón, le golpeó con una vara. Y
desde aquel día… permaneció constante en la oración” (Diálogos
11,4)
Pero san Benito advierte:
“En comunidad
abréviese la oración lo más posible” (20,5).
No obstante, en los
“Instrumentos de las buenas obras” hallamos escrito:
“Darse insistentemente al Señor en la Oración,
perfeccione él cuanto de bueno emprendieres) (Pról 4).
Trabajo
Trabajo manual – lectura
¿Qué establece san
Benito sobre los trabajos u ocupaciones diarias del moje?
“La ociosidad es enemigas del alma. Por tanto
los hermanos han de ocuparse alternativamente en el trabajo
manual y en la lectura divina” (48, 1).
“Entonces son verdaderos mojes cuando viven del
trabajo de sus manos, como nuestros padres y los apóstoles”
(48,8)
“Si alguien fuere tan negligente o apático que
no quiera o no pueda estudiar o leer, se le asignará algún
quehacer para que no esté ocioso” (48,23).
¿Qué opinión le merecía
a san Benito la sagrada Escritura?
“¿Qué página o qué sentencia de autoridad
divina, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, no es norma
rectísima de comportamiento?” (73,3)
¿Qué piensa de los
santos Padres?
“¿Qué libro de los santos y católicos Padres no
nos apremia a caminar sin vacilaciones al encuentro con nuestro
Creador?” (73,4).
¿Cuáles son los autores
monásticos más recomendados por san Benito?
Las obras de Casiano, las Vidas de los Padres y
la Regla de san Basilio. Pues dice:
“Las Conferencias de los Padres, sus
Instituciones y Vidas, como asimismo la Regla de
nuestro padre san Basilio, ¿qué son sino instrumentos de virtud
para monjes obedientes y de santa vida?” (73, 5-6).
Ascesis
Ejercicio de virtudes
¿En qué capítulos
principalmente se expone la ascesis benedictina?
El esquema de la ascesis
espiritual de san Benito está especialmente presente en los
doce grados de humildad que hay que subir (c.7) y en los
instrumentos de las buenas obras que hay que practicar (c.4). Al
final del capítulo séptimo san Benito dice:
“Subidos estos grados de humildad, el monje
llegara rápidamente a aquella caridad de Dios que, siendo
perfecta, excluye todo temor. Gracias a ella, todo lo que antes
observaba no sin recelo, comenzará a guardarlo sin esfuerzo
alguno, como naturalmente, en fuerza de la costumbre: no ya por
el temor del infierno, sino por amor a Cristo, por la misma
costumbre de las virtudes”. (7, 67-69).
Al principio de este mismo
capítulo, expresa san Benito su firme convicción de que todos
los monjes están decididos a escalar “la cima de la suprema
humildad” (7,5), ascendiendo uno a uno los doce grados de
humildad.
Pero la ascesis benedictina
la hallamos presente también en los Instrumentos de las
buenas obras que hemos de practicar, de los que San Benito
dice:
“Estos son los instrumentos del arte espiritual.
Si los utilizamos incesantemente, día y noche, y los
reconsignamos el día del juicio, el Señor nos recompensará con
aquel galardón que él mismo nos prometió: “Ni el ojo vio, ni
el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado
para los que lo aman (4, 75-77).
Mortificación
¿Cuál es, para san
Benito, el objetivo primario de la mortificación?
“Monje es aquel que pronuncia a sus propios
caprichos” (Pról 3).
“Se nos enseña a no hacer nuestra voluntad
(7,21), a abandonarla (5,7), a odiarla” (4,60).
“Se nos prohíbe
hacer la propia voluntad” (7,19).
“El monje humilde, no amando su propia voluntad,
no se deleita en satisfacer su deseos” (7,31).
“Nadie en el
monasterio siga los impulsos de su propio corazón” (3,8).
“No viviendo a su arbitrio, ni obedeciendo a sus
deseos y apetitos, sino caminando según el criterio e imperio
ajeno… desean que les presida un abad” (5,12).
“Como a quienes no les es licito disponer a su
arbitrio ni de sus cuerpos de sus voluntades” (33,4)
Obediencia
Teoría
“Como si lo
mandara el mismo Dios” (5,4).
“La obediencia que a los superiores se presta, a
Dios se presta” (5,15).
“Por amor de Dios, se somete al superior con una
obediencia sin límites, es decir, incondicionalmente” (7,34)
Praxis
“Sin demora”
(5,1).
“No saben
sufrir dilación en cumplirlo” (5,4).
“Dando al punto
de lado el interés personal” (5,7).
“Abandonando al
momento lo que tenían entre manos” (5,8).
“Dejando en un mismo momento, ambos actos –la
intimada ejecución por el discípulo- se desenvuelven y rápido en
la velocidad que imprime el temor de Dios” (5,9).
¿Cuál es la obediencia
“aceptable a Dios y dulce a los hombres”?
“Si lo mandado se ejecuta sin vacilación ni
tardanza, sin desgana ni murmuración o protesta” (5,14).
¿En qué deben rivalizar
los monjes benedictinos?
“Emularán en obedecerse unos a otros”. (72,6).
¿A quién debe el abad
amar más?
“Al que hallare más aventajado en las buenas
obras y en la obediencia” (2,17)
Austeridad de vida
¿Qué piensa san Benito
sobre las austeridades en la vida monástica?
Su pensamiento podemos deducirlo de los textos
que citamos a continuación.
En el prólogo expone su modo de proceder:
Vamos a
establecer una escuela de servicio divino, en cuya institución
esperamos no tener que ordenar nada duro ni penoso” (Pról
45,46).
“Aunque la
vida del monje debiera responder en todo tiempo a una
observancia cuaresmal, no obstante, como esta virtud es de
pocos, exhortamos a que en estos días de Cuaresma guarden su
vida con toda pureza y borren además con estos días santos todas
las negligencias de los otros tiempos” (49, 1-3).
“Aunque
leamos que el vino es totalmente impropio de monjes, pero como
en nuestros días no se les puede convencer de ello, convengamos
al menos en esto: en no beber hasta la saciedad, sino con
moderación” (40,6).
“Demasiada flojedad muestran en el servicio de
su devoción los monjes que, en el decurso de una semana, recitan
menos de un salterio (esto es, 150 salmos) con los cánticos
acostumbrados, cuando leemos que nuestros santos padres
cumplieron animosamente y en sólo un día, lo que nosotros,
tibios, ojala ejecutemos en toda una semana” (18,24-25).
“Pero si las condiciones del lugar o la pobreza
exigieren que ellos mismos tengan que hacer la recolección, no
se contristen, pues entonces son verdaderos monjes cuando viven
del trabajo de sus manos, como nuestros padres y los apóstoles.
No obstante, hágase todo con moderación en atención a los
débiles” (48, 7-9).
“A los de complexión delicada se les facilitarán
ayudantes; más aún: todos tendrán ayudantes” (35, 3-4).
“En todos los oficios del monasterio ha de
seguirse esta norma: se proporcionarán ayudantes a quienes
necesiten” (53,19-20).
“Antes de la comida única, tomarán los
semaneros, sobre la porción señalada, un trozo de pan y un vaso
de vino, para que a la hora de la comida sirvan a sus hermanos
sin murmuración ni grave fatiga” (55, 18-19).
“A los hermanos enfermos o dedicados
encomiéndeseles una ocupación u oficio tal, que ni estén ociosos
ni les oprima la violencia del trabajo o traten de evadirse.
Tenga el abad consideración a su flaqueza” (48, 24-25).
En el último capítulo de la
Regla, san Benito resume así su trabajo:
“Hemos esbozado esta Regla para que,
observándola en los monasterios, demostremos tener siquiera
alguna honestidad de costumbres o un principio de vida
monástica. Por lo demás, para el que se afana por llegar a la
perfección de la vida monástica, están las enseñanzas de los
santos Padres, cuya observancia conduce al hombre a la cima de
la perfección” (73, 1-2)
“Tú, pues, quienquiera que seas, que te
apresuras por llegar a la patria celestial, cumple, con la ayuda
de Cristo, esta mínima Regla de iniciación que hemos esbozado, y
así llegarás finalmente, con la protección de Dios, a las cimas
más elevadas de doctrina y virtudes que acabamos de recordar”
(73, 8-9).
Que estas palabras no están dedicadas por una
falsa humildad, sino por la más sincera verdad, se pondrá de
manifiesto comparando la Regla de san Benito con otras reglas
contemporáneas o con lo que de los monjes de Egipto nos cuentan
Casiano, Paladio y otros.
¿Qué dice san Gregorio
Magno sobre la calidad de la santa Regla?
“Escribió (san Benito) la Regla de los
monjes, notable por su discreción” (Diálogos II, 36).
Esta discreción puede
ilustrarse óptimamente con los siguientes textos:
“Teniendo
presentes estos testimonios de discreción, madre de virtudes, el
abad modérelo todo de forma que los fuertes deseen más y los
débiles no rehúyan” (64, 19).
“(El abad)
modere y dispóngalo todo de forma que las almas se salven y que
los monjes hacen, lo hagan sin justificada murmuración” (41, 5).
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PARTE II
Vida
comunitaria y gobierno del monasterio |
A.
Vida cenobita
¿Para qué clase de monjes escribió san Benito su
Regla?
Para cenobitas, pues dice:
“Prescindiendo de éstos (de los otros tres tipos
de monjes), vamos –con la ayuda del Señor- a reglamentar la
aguerrida clase de los cenobitas” (1, 13)
¿Quiénes son los cenobitas?
“La primera clase de monjes es la de los
cenobitas, o sea, monasterial, que militan bajo una regla y un
abad” (1, 2).
¿Qué significa la palabra “monasterial”?
Lo que san Benito quiso expresar con esta
palabra se deduce en los textos siguientes:
“Viviendo en comunidad” (4,12).
“Perseverando en la comunidad, sabiendo que
existe una disposición refrendada por la Regla, que le prohíbe
salir del monasterio a partir de esa fecha” (58, 14-15).
“La oficina donde hemos de practicar con
diligencia todas estas cosa (es decir, los Instrumentos de
las buenas obras) son el recinto del monasterio y la
estabilidad en la comunidad” (4,78).
“A ser posible, el monasterio debe organizarse
de manera tal que en su recinto haya todo lo necesario… y se
ejerzan diversos oficios, para que los monjes no tengan
necesidad de andar fuera de casa, lo cual en modo alguno
conviene a sus almas” (66, 6,7).
¿Cómo describe san
Benito la vida de los cenobitas?
“No viviendo a
su arbitrio
no obedeciendo a sus deseos y apetitos,
sino caminando según el criterio e imperio
ajenos,
viviendo en comunidad, desean que les presida un
abad” (5,12).
Pobreza
¿Qué establece san
Benito sobre la pobreza de sus monjes?
“(A) acercarse el día de su profesión, el monje
si posee bienes de fortuna, o los distribuirá antes a los o,
hecha donación en debida forma, cédalos al monasterio sin
reservarse nada para sí” (58, 24)
“(Los padres del niño) han de prometer bajo
juramento que ni por si mismos ni por tercera persona ni por
otro conducto cualquiera le darán jamás cosa alguna o le
facilitarán un día la posibilidad de poseer ; ... para que el
niño no le quede esperanza alguna, ilusionado por la cual podría
perecer” (59, 3-6).
“Nadie presuma dar o recibir algo sin orden del
abad, ni tener nada propio, nada, absolutamente nada… pero es
que absolutamente nada” (33, 2-3).
“Ni esté
permitido tener nada que el abad no hubiere dado o permitido”
(33, 5)
“Si a alguien se le encontrase algo que no
hubiere recibido del abad, quede sometido a riguroso castigo”
(55, 17).
¿Qué normas deben regir
el comportamiento de abad y monjes en esta materia?
“Los monjes deben esperar todo lo necesario del
padre del monasterio, es decir, del abad (33,5), y a su vez el
abad debe procurar a los monjes todo lo necesario… para eliminar
todo pretexto de necesidad” (55, 18-19).
¿Qué dice san Benito de
lo superfluo?
“Lo que excediere (a lo estipulado) es superfluo
y debe cercenarse” (55,11).
¿De quién son las cosas
que el abad da o permite?
“Todo sea común a todos” (33,6).
¿Cómo practicar la
pobreza en el vivir cotidiano?
Teniendo un esmerado
cuidado en el uso de las cosas del monasterio:
“Consideren todos los utensilios del monasterio
y todos sus bienes como si se tratara de los vasos sagrados del
altar” (31, 10).
“Cuide el abad de poner al frente de lo que el
monasterio posee en herramientas, vestidos u otros efectos, a
hermanos de cuya vida y costumbres esté seguro, y consígnenles
como mejor le pareciere la guardia y conservación de cada cosa.
Tenga el abad un inventario de ellas, para que al sucederse los
hermanos por turno en tales menesteres, sepa lo que da y lo que
recibe” (32, 1-3).
“El (servidor) que va a salir de semana, haga
limpieza el sábado… Devuelva al mayordomo limpios y en buen
estado, los útiles de su ministerio, y el mayordomo a su vez los
consignará al entrante, para que sepa lo que da y lo que recibe”
(35,7. 10-11).
“Si alguien tratare con sordidez o negligencia
las cosas del monasterio sea corregido” (32,4).
Principales vicios lesivos de
La Vida
Comunitaria
¿Cuáles son los dos
vicios lesivos de la vida comunitaria especialmente vituperados
por san Benito?
El vicio de la propiedad
(= el peculio) y la murmuración.
A la propiedad la
califica sin más de vicio detestable (33,7). Y manda:
“Ante todo,
debe amputarse radicalmente este vicio del monasterio” (33,1).
“Extírpese de
raíz este vicio del peculio” (55,18)
Respecto de la
murmuración, advierte:
“ Ante todo, que no asome el mal de la
murmuración por ningún motivo, ni en la expresión o gesto más
insignificante” (34,6).
“Ante todo les
encarecemos que eviten la murmuración” (40,9).
¿Qué dice de la
murmuración simplemente interna?
“Si el discípulo obedece de mala gana y murmura,
no sólo de palabra sino también de corazón, aunque cumpla lo
mandado, con todo ya no será grato a Dios que ve la murmuración
del corazón. Y por tal acto no conseguirá recompensa alguna; es
más, incurre en la pena de los murmuradores, si no se enmendarse
dando satisfacción” (5, 17-19).
B.
Gobierno del monasterio
El Abad
- La fe nos dice que el
abad, en el monasterio, hace las veces de Cristo
(2,2; 63,13).
- El abad es el Padre
del monasterio; “Todo lo necesario hay que esperarlo del
Padre del monasterio” (33,5).
- Es también el Padre
espiritual de sus monjes (49,9).
¿Qué otras analogías usa
san Benito hablando del abad?
- Es el Maestro
(3,6) a quien comporte enseñar a los
discípulos (6,6) y a quién le conviene ser docto en la ley
divina (64,9).
- Es el Pastor de
la grey (2, 7-9) que debe extremar su solicitud y desvivirse
con toda sagacidad y destreza, para no peder ninguna de las
ovejas a él confiadas… e imitar el piadoso ejemplo del buen
Pastor” (27, 5,8).
- Es el Médico
experto, que debe aplicar el ungüento de las exhortaciones y
los medicamentos de las divinas Escrituras a los hermanos
culpables” (28, 2-3; 27,2)
- Es el Dispensador
de la Casa de Dios (64,56) que debe disponerlo todo con
madurez y justicias” (3,6).
La potestad abacial
San Benito confiere al abad
una potestad plena y patriarcal:
“Hemos llegado a la conclusión de que para
mantener la paz y la caridad, conviene que la organización del
monasterio dependa del criterio del abad” (65,11).
“Una vez oído el parecer de los hermanos,
piénselo (el abad) y haga lo que juzgare más conveniente” (3,2).
“Antes quedando la resolución al criterio del
abad, todos le obedezcan en lo que estimare más saludable”
(3,5).
“Háganse todas
las cosas con el consentimiento del abad” (49,10).
“Quede sometido a la sanción regular el que
tuviere la audacia de salir fuera de la clausura del monasterio
o ir a cualquier parte o hacer alguna cosa, aunque
insignificante, sin autorización del abad” (67,7).
“Ni esté
permitido tener nada, que el abad no hubiera dado o permitido”
(33,5).
El abad goza asimismo de
plena libertad en determinar la comida, etc.
“Si en alguna ocasión se hiciera un trabajo
extraordinario, el abad tendrá plena potestad –si lo creyere
oportuno- de añadir algo (de comida)” (39,6).
“Pero si las condiciones del lugar, el trabajo o
el calor del verano exigieren mayor cantidad, quede al criterio
del prior (es decir, el abad) (aumentar la ración de vino)”
(40,5).
La calidad del vestido se deja al criterio del
abad (55,3).
“Reciban el aderezo (de la cama) a tenor de su
estilo de vida y según la disposición del abad” (22,2).
La apreciación de las
culpas y de los castigos al criterio del abad (24,2; cf. 44,
3.5.8.9.10).
El abad ha de dar cuenta
a Dios de todos y de todo
¿Qué limites pone san
Benito a la potestad del abad?
Su conciencia religiosa y
la cuenta que de todos y de todo ha de dar a Dios:
“Piense siempre el abad que ha aceptado el
gobierno de almas, de las cuales tendrá además que dar cuenta”
(2,34)
“Sepa el abad que quien ha aceptado gobernar
almas, ha de prepararse para dar razón de ellas. Y tenga por
cierto que, cuantos son los hermanos que sabe encomendados a sus
cuidados, de todas esas almas a sus cuidados, de todas
esas almas deberá dar razón al Señor, sin descontar, por
supuesto, la de su propia alma” (2,37-38).
“Recuerde siempre el abad que en el tremendo
juicio de dios se hará un atento examen de estas dos cosas: de
su doctrina y de la obediencia de sus discípulos.
Y sepa el abad que se imputará a culpa del pastor cuanto el
padre de familia pudiera echar de menos en el rendimiento de sus
ovejas” (2,6-7).
“Piense siempre (el abad) que ha de dar cuenta
de todos sus juicios y disposiciones” (63,3; cf. 3,11: 65,22)
La potestad delegada:
los oficiales
¿Cuáles son los
principales oficiales enumerados en la Regla?
El Prepósito, llamado
también Prior claustral (c65), el Mayordomo (c.31)
y los Decanos (c.21)
1. Nombramiento de los
oficiales
¿Cómo se nombran los
oficiales del monasterio?
Como lo establece san
Benito al hablar del Prior:
“Que el mismo abad nombre Prior al que él mismo
se hubiere elegido, asesorado por hermanos temerosos de dios”
(65,15).
Del mismo modo, el
Mayordomo, los Decanos y demás oficiales son elegidos por el
abad, que puede igualmente removerlos de sus cargos (21,5-7;
65,20).
2. Relaciones
oficiales-abad
¿Cuáles son las
relaciones de los oficiales con el abad?
En ningún momento deben
pensar que están exentos de la jurisdicción del abad (65,5).
a) El Prior hará respetuosamente lo que
el abad le encomendare, no haciendo nada contra la voluntad o
disposición del abad (65,16)
b) El Mayordomo nada hará sin orden de su
abad; cumplirá lo que se le mande (31, 4-5).
“Hágalo todo conforme a las órdenes del abad”
(31,12).
“Tenga bajo su cuidado todo cuanto el abad le
hubiere confiado, y no se inmiscuya en lo que le hubiere
prohibido” (31,15).
c) “A ser posible, provéase por medio de
Decanos a todas las necesidades del monasterio, según haya
determinado el abad” (65,12).
3. Relación
oficiales-monjes
¿Cuál es la competencia
de los oficiales?
Las competencias delegadas
por el abad a los oficiales son verdaderas competencias:
a) El Prior
puede dar órdenes:
“Dando prioridad a los mandatos del
abad y de los priores por él constituidos –a los que no
permitimos se den preferencia mandatos particulares-, en lo
demás obedezcamos los más jóvenes a sus mayores con toda caridad
y solicitud” (71,3-4).
b) Igualmente,
el Mayordomo tiene campo libre para ejercer la
discreción:
“Si por ventura un hermano le pide
algo fuera de razón, no le contriste despreciándole, antes
deniegue razonablemente y con humildad, al que le pide
indebidamente” (31,7).
De donde se deduce que el
Mayordomo tiene poder para dar o denegar en los casos
ordinarios, sin tener que recurrir siempre al abad.
El Mayordomo debe cuidar de
todo (31,3)
c)” Los Decanos volcarán su solicitud
sobre todos los asuntos de sus respectivas decanias, de acuerdo
con los mandatos de dios y las indicaciones de su abad” (21,2).
4. Relaciones
oficiales-exterior
¿Cuáles son las
consignas que da san Benito en los negocios con el exterior?
“Si hubiere de venderse alguna obra de los
artesanos, procuren no cometer fraude los que han de tramitar
las ventas… Y en los mismos precios, que no se infiltre el mal
de la avaricia, antes véndase siempre un poco más barato de lo
que pueden hacerlo los seglares, para que en todo sea Dios
glorificados” (57,4-7)
Es decir, que el sentido
religioso debe estar presente en todo. Tanto el Mayordomo como
cuantos participan en la administración de las cosas temporales,
deben recordar que el monasterio es, para san Benito, la “Casa
de Dios” (31,19; 53,22; 64,5). Por eso, cuiden de que jamás
tengan que escuchar las recriminación del Señor: “No convirtáis
la casa de mi Padre en un mercado” (Jn 2,16).
Avisos al Mayordomo
“No contriste a los
hermanos” (31,6).
“Mire por su alma” (31,8).
“Nada estime en poco”
(31,11).
“Hágalo todo con mesura”
(31,12).
“Ante todo sea humilde”
(31,13).
“A quién no tuviere qué
darle, déle al menos una buena repuesta” (31,13).
“Desempeñe con ecuanimidad
el oficio que se le ha confiado” (31,17).
Avisos al abad
“El que ha sido instituido abad ha de pensar
siempre en la carga que tomó sobre sí, y a quién ha de dar
cuenta de su administración” (64,7)
“Sepa (el abad) cuán difícil y ardua tarea
asume: la de regir almas y ponerse al servicio de múltiples
caracteres” (2,31).
“Y de tal manera se ha de adaptar y conformar a
todos, atendiendo al genio y a la inteligencia de cada uno, que
no sólo no padezca por el menoscabo de la grey que se le ha
confiado, sino que se goce en el aumento del buen rebaño”
(2,32).
“Ha de saber (el abad) que asumió el cuidado de
almas enfermas, no la tiranía sobre las sanas” (27,6).
“Por su parte, el abad hágalo todo con temor de
Dios y observancia de la Regla” (3,11).
“El abad no perturbe la grey que se le ha
confiado ni, como quien usa de un poder arbitrario, disponga
nada injustamente” (63,2)
“El abad debe disponerlo todo con madurez y
justicia” (3,6); ha de moverse por motivos justos; iustitia
dictante (2,19).
“Hágalo todo con consejo y, después de hecho, no
se arrepentirá” (3,13).
“Muestre (el abad) todo lo bueno y santo más con
hechos que con palabras” (2,12).
“No hago aceptación de personas en el
monasterio. No ame a uno más que a otro, salvo al que hallare
más aventajado en las buenas obras y en la obediencia… Sea,
pues, igual su caridad para todos y aplique a todos una misma
norma según los méritos de cada uno” (2, 16-17, 22).
“Cuide el abad con toda solicitud de los
hermanos culpables… El abad debe extremar la solicitud y
desvivirse con toda sagacidad (esto es, como el buen Pastor),
para no perder ninguna de las ovejas a él confiadas” (27, 1.5).
“Sea la máxima preocupación del abad que (los
enfermos) no padezcan ninguna negligencia” (36,6).
“A los hermanos enfermos o delicados
encomiéndeseles una ocupación u oficio tal, que ni estén ociosos
no les oprima la violencia del trabajo o traten de evadirse.
Tenga el abad consideración a su flaqueza” (48,24-25).
“El abad modere y dispóngalo todo de forma que
las almas se salven y lo que los monjes hacen, lo hagan sin
justificada murmuración” (41,5)
“Ante todo, no debe (el abad) desplegar mayor
solicitud por las cosas transitorias, terrenas y caducas, que
por las almas que se le han confiado” (2,33).
“El abad es responsable de las faltas de sus
discípulos” (36,10)
“En todas sus disposiciones piense (el abad) en
la divina retribución” (55,22).
Normas para la actuación del abad
“Sepa que le conviene más aprovechar que
señorear” (64,8).
“Odie los vicios; ante a los hermanos” (64,11).
“En la corrección misma proceda con prudencia y
no exceda, no sea que queriendo raer demasiado la herrumbre, se
rompa la vasija” (64,12).
“No pierda jamás de vista su propia fragilidad”
(64,13).
“Extirpe los vicios con caridad y justicia,
según viere convenir a cada uno” (64,13).
“Trate de ser más amado que temido” (64,14).
“No sea turbulento ni trabajado por la ansiedad”
(64,16).
“No sea cicatero ni obstinado” (64,16).
“No sea celoso ni demasiado suspicaz, pues nunca
tendría sosiego” (64,16).
“En sus mismas disposiciones sea próvido y
considerado” (64,17).
“Modérelo todo de forma que los fuertes deseen
más y los débiles no rehúyan” (64,19).
La jornada monástica
Avisos a los monjes
“Lo que no quieras para ti no lo hagas o otros”
(61,14; 70,7; 4,9).
“Sigan todos en todo a la Regla como a maestra,
y ninguno se aparte de ella temerariamente” (3,7).
“Nadie en el monasterio siga los impulsos de su
propio corazón” (3,8).
“El monje debe alejarse de la conducta del
mundo” (4,20).
“El monje no ha de hacer sino lo que persuade la
regla común del monasterio y el ejemplo de los mayores” (7,55).
“Nadie se inquiete ni contriste en la Casa de
Dios” (31,18).
“Ante todo, que no asome el mal de la
murmuración por ningún motivo, ni en la expresión o gesto más
insignificante” (34,6).
“Nada se anteponga a la Obra de Dios” (43,3).
“La ociosidad es enemiga del alma. Por eso, los
hermanos han de ocuparse alternativamente en el trabajo manual y
en la lectura divina” (48,1).
“A todos los huéspedes que llegan –y que nunca
faltan en el monasterio- recíbaseles como al mismo Cristo”
(53,1.16).
“Tribútese a todos los huéspedes el debido
honor. -Salgan a su encuentro el debido honor.- Salgan a su
encuentro con la más obsequiosa caridad.- Muéstreseles la mayor
humildad.- Se les tratará con gran humanidad” (53,2.3.9).
“Los sacerdotes han de saber que han de estar
mucho más sujetos que han de estar mucho más sujetos a la
disciplina regular ni, so pretexto del sacerdocio, olviden la
obediencia a la regla y la disciplina” (62, 3-4).
“Veneren los más jóvenes a sus mayores; amen los
mayores a los menores” (63,10).
“Dondequiera que se encuentren los hermanos,
pida el más joven la bendición al mayor. Al pasar un mayor,
levántese el menor y cédale el siento” (63, 15-16).
“El bien de la obediencia no sólo han de
prestarlo todos el abad, sino que los hermanos han de obedecerse
también unos o otros, en la seguridad de que por este camino de
la obediencia han de llegar a Dios…
Así pues todos los jóvenes obedecerán a sus
mayores con toda caridad y solicitud” (71, 1-2.4).
“En todo sea Dios glorificado” (57,8).
El buen celo
“Tolérense con exquisita paciencia sus
enfermedades tanto físicas como morales” (72,5).
“Obedézcanse a porfía interés al interés de los
demás” (72,7).
“Nadie anteponga su propio interés al interés de
los demás”.
“Ámense fraternalmente con pureza de corazón”
(72,8).
“Teman a Dios con amor” (72,9).
“Amen a su abad con sincera y humilde dilección”
(72,10).
“No antepongan
absolutamente nada a Cristo” (72,11).
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Parte
III
Resumen doctrinal |
Jesucristo es el mismo hoy que ayer y será el
mismo siempre (Hebr 13,8)
En estas palabras puede condenarse la
espiritualidad de san Benito. Cristo abre espiritualidad de san
Benito. Cristo abre la Regla y Cristo la cierra. Su vida y su
amor son toda la aspiración del monje.
1. En el exordio de la Regla se
define así la meta de la vida monástica: “militar a las órdenes
de Cristo” (Pról3).
“Me dirijo a ti… que empuñe las fortísimas y
preclaras armas de la obediencia para militar a las órdenes del
único verdadero rey, Cristo el Señor” (Pról 3).
2. El monje ha de descubrir en todos las
presencia de Cristo:
a) En el abad:
“La fe nos dice que hace en el
monasterio las veces de Cristo” (2,2).
El abad recibe idéntico tratamiento que Cristo,
como nos lo recuerda el apóstol: “Recibisteis un espíritu de
adopción filial, que nos permite gritar: ¡Abba! ¡Padre!” (2,2).
“Al abad, puesto que se cree que hace las veces
de Cristo, se le llamará “señor” y “abad”, no por adjudicación
propia, sino por honor y amor de Cristo. Pero piénselo él y
pórtese de suerte que sea digno de tal honor” (63, 13-14).
b) En los huéspedes:
“A todos los huéspedes que llegan recíbaseles
como al mismo Cristo, pues él ha de decir: Fui huésped y me
recibisteis” (53,1).
“En los huéspedes adórese a Cristo, que es quien
se recibe” (53,7).
c) En los Pobres:
“Sobre todo, póngase el mayor esmero en la
recepción de pobres y peregrinos, porque en ellos se recibe a
Cristo de modo especial” (53,15).
d) En los enfermos:
“Ante todo y sobre todo debe cuidarse de los
enfermos, sirviéndoles como a Cristo en persona, pues él mismo
dijo: Estuve enfermo y me visitasteis” (36,1).
Aquí cabría aquel “ágraphon”,
en perfecta sintonía con la mentalidad de san Benito: “Has visto
a tu hermano, has visto a tu Señor” (Tertuliano, de Oratione,
26)
3. Asimismo el monje debe descubrir a Cristo en
cada una de las acciones de su vida:
en la abnegación sigue a Cristo (4,10);
en la obediencia imita a Cristo (5,13; 7,
32-34);
en la tentación debe estrellar en Cristo los
malos pensamientos (Pról 28, 4,50);
en la tentación debe estrellar en Cristo los
malos pensamientos (Pról 28, 4,50);
por la paciencia y perseverando en el monasterio
hasta la muerte, participa de los padecimientos de Cristo (Pról
50);
por amor a Cristo llegará a la caridad perfecta
(7,67).
4. Al ermitaño Martín, de Montemarsico, que ató
a su pie una cadena de hierro cuya extremidad fijó en la roca,
san Benito le mandó a decir: “Si eres siervo de Dios, que te
retenga no una cadena de hierro, sino la cadena de Cristo” (San
Gregorio Magno, Diálogos, III, 16).
5. Cuán grande y de qué calidad ha de ser el
amor que el monje debe tener a Cristo, lo expresa san Benito en
estos avisos:
“No anteponer nada al amor de Cristo” (4,21).
“No estimar nada tanto como a Cristo” (5,2).
“No anteponer absolutamente nada a Cristo, el
cual nos lleve a la vida eterna” (72, 11-12).
Con estas palabras termina
la Regla, pues el capítulo 73 es algo así como un Apéndice o un
Epílogo.
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