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  Antonio Ponz, inventario que hace en la cartuja en 1787
Antonio Ponz (1725 – 1792) Sin embargo, secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y encargado del ministro Campomanes (1723 – 1811) para el registro de los inventarios de las instalaciones de los jesuitas en España después de la supresión de la orden (1767), mostraba gran interés de la cartuja.

Se recoge su descripción de El Paular en el tomo 10 de su obra (1787). Registra los objetos de arte y los documentos históricos de casi todas las salas y habitaciones de la cartuja, incluida la sacristía. Parece ser que para él se levantó la clausura en gran medida, lo cual para nosotros hoy en día es de una enorme ventaja.
 

 
   Inventario

En la hospedería: Una Virgen con niño, San Bruno de Colonia arrodillado a sus pies, acompañado de otros cartujos, de Fray Sánchez Cotán. Enfrente, una copia de la Madre de dios como patrona de los Cartujos.

En el pasillo al claustro mayor: Una antigua escultura (seguramente gótica) de la Madre de Dios con niño de alabastro.

En la iglesia: altar mayor de mármol (siglo XV)

En el coro de los hermanos legos: dos retablos de Vicente Carducho: La Anunciación a María y el bautizo de Jesús en el Jordán por San Juan. En el remate de la sillería las mismas figuritas de seres humanos, pájaros y otros animales que en el coro alto. Todo parecido a los ornamentos del portal de la iglesia.

Las paredes de ambos coros cuentan con pinturas de Carlos Marati y de Antonio Van-Pere ) por debajo de ellos, dos obispos santos. ( Hugo Grenoble y Hugo de Lincoln )

En la sacristía hay seis cuadros con doctores de la Iglesia, además una imagen de la crucifixión de Cristo en el estilo flamenco.

En el sagrario o transparente, entre otros una Piedad de Sánchez Cotan, así como una Asunción de María de Plata de más de cien kilos. ¡ Antonio Ponz nunca se olvida de preguntar por el valor y el precio de las obras de arte! Antonio Palomino pinta en la cúpula una Trinidad, una Asunción de María y varios santos, como también en las bóvedas de las capillas laterales. En los nichos del sagrario seis estatuas de santos de Pedro Cornejo y nuevamente cuadros y frescos de Antonio Palomino: “la Última Cena, El Lavatorio, Jesús en el Monte de los Olivos, Los cuatro Evangelistas, La Trinidad, El Cordero y el libro de las siete Llaves de la Apocalipsis.
La cúpula de la construcción anterior, que fue derribada, mostraba pinturas de Antonio Lanchares. Además hubo en él seis cuadros de Fray Juan Sánchez Cotán.

En la sala capitular (… se miro menos a que estuviese los Monges sentados con comodidad que es el principal fin de la obra, que á llenarla de ornatillos malos, costosos, repugnantes al buen gusto”, dice Antonio Ponz, hombre siempre preocupado por la utilidad y la estética) hay una estatua de San Bruno de Pedro Alfonso de los ríos, al estilo de Pereira en Madrid. Además de 14 cuadros, seis de Sánchez Cotán, 6 de Juan Wander-Hamen, 2 de Lanchares, de los que uno está firmado por Antonio Anchares. Los frescos de la cúpula por Coello y Joseph Donoso hay tres acontecimientos de la vida del “santo fundador” San Bruno.

Las capillas en el claustro menor. En la capilla de Inmaculada se encuentra, a parte del respectivo cuadro, uno de san Juan en Patmos, ambos de de Mateo Cerezo. En frente una Virgen con niño de Sanchez Cotán. En la capilla de San Miguel una escultura del ángel, de Luis Salvador Cano. Dos o tres láminas son original de Herrera el viejo. Un Santiago luchando es de Francisco Camilo. En la capilla del Rosario: Una estatua de la Virgen María de Juan Pascual Mena, así como un busto del “varón de dolores” es una copia del cuadro original de  Sebastino del Biombo, y una escena de crucifixión en pequeñas estatuillas de Francisco Guitierrez. En la capilla de San Pedro y San Pablo el retablo con estos dos santos procede de Francisco Camilo y los martirios de ambos en la pared de Eugenio Orozco. En otra capilla de nuevo un hermoso cuadro de Sánchez Cotán, representando a María y Santa Ana, detrás de San Joaquín y San José, el niño Jesús en brazos de María tirándose hacia Santa ana (uno de los mejores cuadros en El Paular, según Ponz), en la capilla de la Resurrección hay “un retablo” muy antiguo de la Resurrección hay “un retablo” muy antiguo y estimable en aquel estilo gótico”.  En las paredes algunos cuadros de ermitaños santos de un pintor cartujo.

En la capilla del procurador de la cartuja existe un San Joaquín que lleva a la niña María de la mano, de Francisco Camilo. La procuraduría misma alberga una sala donde hay entre otros, un retrato de Juan de Austria, hermano del Rey Felipe IV, de Donoso, y en el pasillo al claustro mayor una Piedad de Sánchez Cotán.

En el refectorio esta adornado con una copia de La Última Cena de Tiziano cuyo original se encuentra en El Escorial. A ambos lados dos cuadros de gran tamaño de Pedro Atanasio.

La celda del prior contiene una Virgen con niño de Cotán así como un San Bruno del mismo pintor cartujo.

   


Hemos reproducido aquí casi la lista entera de Antonio Ponz, puesto que pasa revista al inventario de la cartuja de El Paular en los años ochenta del siglo XVIII. Seguramente es el informe más detallado de una cartuja y no habrá ningún otro igual.
Volviendo al informe que hace Ponz, si se cuentan todos los cuadros, frescos y estatuas, (individuales o en grupos), mencionados en él, aparecén al menos 150 unidades ( incluidos los 54 cuadros de Carducho), (y no se mencionan los objetos religiosos de las celdas de los monjes, ya que Ponz, no tuvo acceso. Se dice que Sánchez Cotán, el “pintor particular” del monasterio había “equipado” casi todas las celdas con cuadros de su cosecha).

En cuanto a la iconografía se elige 14 veces la Madre de Dios, (casi siempre como Virgen con el niño o Reina de los Cielos), 6 veces San Bruno, 2 veces San Juan Bautista el patrón de la orden.

Ponz menciona, aparte de los 54 cuadros de Carducho los retablos de los dos altares en el coro de los hermanos legos son obra suya, así como el mencionado cuadro en la hospedería y el de San Bruno en la portería.
En la hospedería de la cartuja hay además una galería de retratos de los reyes de Castilla desde Enrique II “hasta la Majestad que reina actualmente” (entonces, en 1787, Carlos IV).
Los cartujos enseñan a Ponz una nuez tallada en madera de boj, no más grande que un huevo, que cuando se abre, descubre una Pasión de Cristo, tan pequeña que las figuritas talladas casi se ven sólo con lupa. Esta nuez en un regalo de la infanta Margarita de la Cruz al prior Manuel Deza.
La estrecha relación entre la familia Real y la Cartuja de el Paular se hace aún más palpable si se tiene en cuenta una serie de regalos que se hizo a los cartujos aparte de la nuez tallada.
- Allí había según cuentan los cartujos, el crucifijo de precisamente aquél Carlos Borromeo, y que fue un regalo de la cartuja de Pavía; un altar portátil del emperador de Don Carlos V (en el sagrario), un retrato de Don Juan de Austria (1629 – 1679), así como un brasero grande de plata, regalo de William Godofin enviado al rey Felipe IV, tras su conversión al catolicismo y que éste regaló a “sus” cartujos para calentar sus coros en invierno.

También Ponz arroja alguna luz sobre el estado arquitectónico de El Paular. Ahí se habla del mencionado terremoto de 1755 en Lisboa, de las múltiples humedades.

A continuación haría falta un estudio sobre el paradero de los objetos de arte de El Paular, los que aún y se encuentran allí, los que se guardan en otro lugar y los que han desaparecido o constan oficialmente como tal.