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El Paular, la gran
cartuja de Castilla |
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El 29 de agosto de 1390
el rey Juan I de Castilla (1379-90)
colocó la primera piedra de la cartuja
de El Paular. Fue el día de San Juan
Bautista, patrón de la orden de los
cartujos.
De esta manera Juan I se
incluyó en el grupo de monarcas
fundadores de cartujas.
Enrique II de Trastamara
(1369-79), había destruido una cartuja
durante sus expediciones militares en
Francia, y desde entonces se sintió
forzado a instaurar un sustituto en si
reino. Él mismo no pudo efectuarlo y
obligó en su testamento a su hijo a que
éste fundara una cartuja en Castilla.
Juan I cumplió con esta obligación en el
Paular y sentó así un precedente.
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Este tipo de “Cartujas
Reales” se distinguió por las especialmente
generosas donaciones de parte de los fundadores
y de sus sucesores, así como por sus
numerosas visitas, con el fin de disfrutar, aún
en vida, de la cercanía al cielo de estos monjes
piadosos. En residencias muy cercanas a la
cartuja, y así lo hizo también Juan I en El
Paular. Tenía en el valle del Lozaya un palacete
de caza que se llamaba Palacio del Pobolar, en
cuyas cercanías se encontraba la ermita de Santa
María del Pobolar. Justo en este lugar sagrado
fundó la cartuja y le dio el nombre de
Nuestra Señora del Pobolar. Su sucesor,
Enrique III (1390-1406), renunció al palacete de
su padre y se construyó una residencia al
palacdete de su padre y se construyó una
residencia pegada al monasterio, “para quando
gustase retirarse algunos dias a ellos”.
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El rey Enrique III,
promotor del pequeño palacio al lado de
la cartuja, tomó la decisión de
ampliar la cartuja en su totalidad (el
claustro original que aún existe, nos
puede dar una idea de lo humildes que
fueron los comienzos). Murió durante la
realización pero dejo una cantidad de
dinero tan considerable a los moje que
pudieron terminar la obra y construir la
nueva iglesia y actual iglesia). Está se
finalizo en 1440.
La reina Isabel la
Católica, obedeciendo a su marcado
sentido familiar, cuidó las cartujas de
su padre y de su bisabuelo con gran
amor. En El Paular hizo que, según los
planos de su arquitecto Juan de Guas, se
realizaran figuras de alabastro en color
para el enorme retablo del altar mayor,
una obra maestra. Guas diseño también
los cuatro alas del claustro mayor de
1484-86.
En 1619, poco antes de que
Carducho comenzara su ciclo para el
claustro mayor, se construyó un sagrario
detrás del altar mayor cuya cúpula fue
decorada por Antonio Lanchares
(1586-1658) |
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A principios del siglo
XVIII la actividad de construcción en El Paular
revivió de manera espectacular. Este hecho
fue desencadenado por la reforma del sagrario y
la sacristía de la cartuja de Granada en 1702
debida al arquitecto Francisco Hurtado de
Córdoba (1699-1725) Este elevo al Barroco
español a niveles de lo fantástico, en lo que a
arquitectura y decoración de interiores se
refiere. Su trabajo en la cartuja de El Paular,
“la madre” de la de Granada, enseguida le
encargó al mismo arquitecto en 1723 un sagrario
idéntico. Para este propósito vuelve a
derribarse la capilla de 1619. Antonio Palomino
recibe el encargo de decorar la cúpula de la
nueva capilla.
Queda claro que los reyes
de Castilla se ocuparon siempre de que El
Paular, desde su fundación, estuviera decorado
con gran riqueza. |
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El Paular disponía de
enormes medios económicos. Una
relación de 1674 menciona:
- 1.25
millones de reales en metálico
- 5000
hectolitros de trigo en el granero
- 7467
hectolitros de otros cereales
-
37768 ovejas (600 carneros para alimento
de la servidumbre y los campesinos. Los
monjes no comían carne),
- 546
piezas de ganado
- 34
mulas
- 785
kilos de cera
-
1840 kilos de bacalao seco por valor de
11000 reales
¡Todo esto para 60
miembros del monasterio!
El Paular fue también
una gran empresa agrícola. Por
ejemplo tenía un molino de papel. De
hecho, la primera edición de
Don Quijote de Cervantes fue impresa
sobre papel de la Cartuja de El Paular
(1605) |
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Desde esta cartuja se
fundaron las de Sevilla (1400) Aciago,
cerca de Valladolid (1441), Miraflores
en Burgos (1442) y Granada (1506). El
Paular representaba en Castilla lo que
la cartuja de Scala Dei en el Reino de
Aragón. Más aún se convirtió en el
“monasterio mayor” de todas las cartujas
castellanas, con poder directivo.
El Paular poesía en
Madrid una distinguida residencia urbana
en la Calle Alcalá, es decir, en una
de las grandes arterias hacia el este y
a la vez en el eje de la ciudad que
comunicaba, entre otros, los dos
palacios reales: el Alcázar en el oeste
y el Palacio del Buen Retiro en el este. |
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El Paular fue una cartuja
ciertamente, en lo que respecta a tan elogiado
espíritu de la fidelidad a las reglas de este
orden. Su tamaño y poder, su puesto como Real
Cartuja, se convirtieron en un peligro.
La mencionada residencia
urbana de El Paular fue precisamente el lugar
donde Vicente Carducho tenía que entregar cada
uno de los cuadros del gran ciclo, una vez
finalizados (su taller en la Calle Atocha no
estaba muy lejos) Desde allí fueron trasladados
en vehículos propios del monasterio a su lugar
de destino. |
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