En la
actualidad, la forma tradicional de recibir la comunión en la
boca sigue siendo vigente en todo el mundo. Además, La Sede
Apostólica ha permitido que los obispos decidan si en sus
diócesis se permite la opción de recibir la comunión en la mano.
En otras palabras, la recepción en la boca es aceptada
universalmente mientras que la comunión en la mano depende del
beneplácito del obispo local. En los Estados Unidos, Italia y
muchísimos otros países se permite la recepción de la Eucaristía
en la mano.
Cada cual puede tener su opinión sobre la forma que mas le ayuda
a recibir al Señor con la reverencia que se merece. La
obediencia a la Iglesia requiere que respetemos estas opciones y
recordemos que la Eucaristía es vínculo de caridad.
Tanto si recibimos en la boca como en la mano debemos ajustarnos
a lo que es permitido y recibir con la mayor reverencia al
Señor.
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Prot. n. 720/85
NOTIFICACIÓN
ACERCA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO
3-IV-1985
La Santa Sede, a partir de 1969, aunque manteniendo en vigor
para toda la Iglesia la manera tradicional de distribuir la
Comunión, acuerda a las Conferencias Episcopales que lo pidan y
con determinadas condiciones, la facultad de distribuir la
Comunión dejando la Hostia en la mano de los fieles.
Esta facultad está regulada por las Instrucciones Mernoriale
Domini e immensae caritatis (29 de mayo de 1968: AAS 61, 1969,
541-546; 29 de enero de 1973: AAS 65, 1973, 264-271), así como
por el Ritual De sacra Communione publicado el 21 de junio de
1973, n. 21. De todos modos parece útil llamar la atención sobre
los siguientes puntos:
1. La Comunión en la mano debe manifestar, tanto como la
Comunión recibida en la boca, el respeto a la presencia real de
Cristo en la Eucaristía. Por esto se insistirá, tal como lo
hacían los Padres de la Iglesia, acerca de la nobleza que debe
tener en sí el gesto del comulgante. Así ocurría con los recién
bautizados del siglo IV, que recibían la consigna de tender las
dos manos haciendo "de la mano izquierda un trono para la mano
derecha, puesto que ésta debe recibir al Rey" (6ª catequesis
mistagógica de Jerusalén, n. 21: PG 33, col. 1125, o también
Sources chréet., 126, p. 171; S. Juan Crisóstomo, Homilia 47: PG
63, col. 898, etc.).*
2. De acuerdo igualmente con las enseñanzas de los Padres, se
insistirá en el Amén que pronuncia el fiel, como respuesta a la
fórmula del ministro: "El Cuerpo de Cristo"; este Amén debe ser
la afirmación de la fe: "Cum ergo petieris, dicit tibi sacerdos
‘Corpus Christi’ et tu dicis ‘Amen’, hoc est ‘verum’; quod
confitetur lingua, teneat affectus" (S. Ambrosio, De Sacramentis,
4, 25: SC 25 bis, p. 116).
3. El fiel que ha recibido la Eucaristía en su mano, la llevará
a la boca, antes de regresar a su lugar, retirándose lo
suficiente para dejar pasar a quien le sigue, permaneciendo
siempre de cara al altar.
4. Es tradición y norma de la Iglesia que el fiel cristiano
recibe la Eucaristía, que es comunión en el Cuerpo de Cristo y
en la Iglesia; por esta razón no se ha de tomar el pan
consagrado directamente de la patena o de un cesto, como se
haría con el pan ordinario o con pan simplemente bendito, sino
que se extienden las manos para recibirlo del ministro de la
comunión.
5. Se recomendará a todos, y en particular a los niños, la
limpieza de las manos, como signo de respeto hacia la
Eucaristía.
6. Conviene ofrecer a los fieles una catequesis del rito,
insistiendo sobre los sentimientos de adoración y la actividad
de respeto que merece el sacramento (cf. Dominicae cenae, n.
11). Se recomendará vigilar para que posibles fragmentos del pan
consagrado no se pierdan (cf. 5. Congre. para la Doctrina de la
Fe, 2 de mayo de 1972: Prot. n. 89/71, en Notitiae 1972, p.
227).
7. No se obligará jamás a los fieles a adoptar la práctica de la
comunión en la mano, dejando a cada persona la necesaria
libertad para recibir la comunión o en la mano o en la boca.
Estas normas, así como las que se dan en los documentos de la
Sede Apostólica citados más arriba, tienen como finalidad
recordar el deber de respeto hacia la Eucaristía,
independientemente de la forma de recibir la comunión.
Los pastores de almas han de insistir no solamente sobre las
disposiciones necesaria libertad para recibir la comunión o en
la mano o en la boca.
Estas normas, así como las que se dan en los documentos de la
Sede Apostólica citados más arriba, tienen como finalidad
recordar el deber de respeto hacia la Eucaristía,
independientemente de la forma de recibir la comunión.
Los pastores de almas han de insistir no solamente sobre las
disposiciones necesarias para una recepción fructuosa de la
Comunión —que, en algunos casos exige el recurso al sacramento
de la Penitencia—, sino también sobre la actitud exterior de
respeto, que, bien considerado, ha de expresar la fe del
cristiano en la Eucaristía.
Dado en la Congregación para el Culto Divino, el 3 de abril de
1985.