La sagrada liturgia es central en la vida de la Iglesia y de
cada cristiano porque en ella celebramos los misterios de
nuestra redención. El misterio principal es el misterio pascual
que incluye el sufrimiento, muerte y resurrección de Nuestro
Señor Jesucristo.
De la Constitución Sacrosanctum Concilium, del Vat. II:
La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la
Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su
fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez
hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan
para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el
sacrificio y coman la cena del Señor. (S.C. 10)
La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos
los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en
las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la
Liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud
del bautismo, el pueblo cristiano, "linaje escogido sacerdocio
real, nación santa, pueblo adquirido" (1 Pe., 2,9; cf. 2,4-5).
Al reformar y fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en
cuenta esta plena y activa participación de todo el pueblo,
porque es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber
los fieles el espíritu verdaderamente cristiano, y por lo mismo,
los pastores de almas deben aspirar a ella con diligencia en
toda su actuación pastoral, por medio de una educación adecuada.
(S.C.14).