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17 de agosto fallece nuestro hermano el Padre Bernardo (Andrés) Camarero a los 83 años

Si la llamada de la muerte es también llamada de vida, un benedictino acaba de iniciar la eterna forma de vida. El Padre Bernardo (Andrés antes de tomar el hábito) era un monje que vivía y rezaba en el Paular y uno de los primeros que en 1954 lo habitaron. Con su muerte se nos va parte de la historia del ciclo benedictino de este monasterio. Si su presencia y cercanía desaparece, además, una forma de vida real y auténtica en la que su particular sensibilidad, docilidad y obediente entrega resumían un tipo de felicidad que convierte en sonrisa todo cuanto te rodea y hace posible que cuando la mirada es observación sin interés alguno, se abra el alma de las cosas, la belleza.

Hasta que sus fuerzas le hurtaron destreza y agilidad, la mayordomía del convento fue su ocupación y preocupación dando las cosas que había que da quedar y pidiendo las que se debían de pedir para que nadie se entristeciera en la casa de Dios.

Su celo constante en la hacienda del convento y atención al huésped no corren peligro porque un  hermano sensato y sobrio cuida de ello.

Más tiempo y dificultad costará llenar el vacío de afecto, sencillez y generosidad que deja el padre Bernardo Camarero.

Imagino el pesar de su hermana Mercedes; el de Tito, infatigable escudero curtido en toda clase de caminos y encomiendas y de su familia benedictina en el especial del padre Prior y del hermano enfermero que en sus cuidados y desvelos suavizaron su dolor y dieron movilidad a su cuerpo parcialmente insensible a estímulos aunque fueran de cariño.

El Paular esta hoy de luto por la muerte del padre Bernardo pero su marcha deja vivo el recuerdo de una entrega afectiva total, sin reservas y permanente agradecimiento al Señor por los beneficios recibidos durante sus mas de 60 años de vida monástica.

Alfredo Aza