La Palabra
de Dios
"Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto
para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de
contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! -
a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos
corazones.»
Había
también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser,
de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con
su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años;
no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en
ayunos y oraciones.
Como se
presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del
niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Así que
cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía,
llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la
Pascua.
Cuando
tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y,
al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en
Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en
la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los
parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a
Jerusalén en su busca." Lc 2, 34-45
"Cuando
le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo,
¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados,
te andábamos buscando." Lc 2, 48
"Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si
hay dolor semejante al dolor que me atormenta," Lam 1, 12
Oraciones
Oración propia de la Novena
¡Santísima y muy afligida Madre, Virgen de los Dolores y Reina
de los Mártires! Estuviste de pie, inmóvil, bajo la Cruz,
mientras moría tu Hijo.
Por la
espada de dolor que te traspasó entonces, por el incesante
sufrimiento de tu vida dolorosa y el gozo con que ahora eres
recompensada de tus pruebas y aflicción, mírame con ternura
Madre, ten compasión de mí que vengo a tu presencia para venerar
tus dolores. Deposito mi petición con infantil confianza en el
santuario de tu Corazón herido.
Te
suplico que presentes a Jesucristo, en unión con los méritos
infinitos de su Pasión y Muerte, lo que sufriste junto a la
Cruz, y por vuestros méritos me sea concedida esta petición
(Mencione el favor que desea).
¿A
quién acudiré yo en mis necesidades y sufrimientos sino a ti,
Madre de misericordia? Tan hondo bebiste del cáliz de tu Hijo
que puedes compadecerte de los sufrimientos de quienes están
todavía en este valle de lágrimas.
Ofrece
a nuestro divino Salvador lo que Él sufrió en la Cruz para que
su recuerdo le mueva a compadecerse de mí, pecador. Refugio de
pecadores y esperanza de la humanidad, acepta mi petición y
escúchala favorablemente, si es conforme a la voluntad de Dios.
Señor
Jesucristo, te ofrezco los méritos de María, Madre tuyo y
nuestra, que ganó bajo la Cruz. Por su amable intercesión pueda
yo obtener los deliciosos frutos de tu Pasión y Muerte.
Ofrecimiento
María, Virgen Santísima y Reina de los Mártires, acepta el
sincero homenaje de mi amor infantil. Recibe mi pobre alma
dentro de tu corazón, traspasado por tantas espadas. Tómala por
compañera de tus dolores al pie de la Cruz, donde Jesús murió
para redimir al mundo.
Contigo, Virgen de los Dolores, quiero sufrir gustosamente todas
las pruebas, sufrimientos y aflicciones que Dios se complazca en
mandarme. Los ofrezco en memoria de tus dolores. Haz que todos
mis pensamientos y latidos del corazón sean un acto de compasión
y amor por ti.
Madre
amadísima ten compasión de mí, reconcíliame con Jesús, tu divino
Hijo, manténme en su gracia y asísteme en mi última agonía, para
que pueda yo encontrarte en el Cielo juntamente con el Hijo.
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Himno - Stabat Mater
Ante el hórrido Madero
Del Calvario lastimero,
Junto al Hijo de tu amor,
¡Pobre Madre entristecida!
Traspasó tu alma abatida
Una espada de dolor.
¡Cuan penoso ,cuán doliente
Ver en tosca
Cruz pendiente
Al Amado de tu ser!
Viendo a Cristo en el tormento,
Tú sentías el sufrimiento
De su amargo padecer.
¿Quien hay que no lloraría
Contemplando la agonía
De María ante la Pasión?
¿Habrá un corazón humano
Que no compartiese hermano
Tan profunda transfixión?
Golpeado, escarnecido,
Vio a su Cristo tan querido
Sufrir tortura tan cruel,
Por el peso del pecado
De su pueblo desalmado
Rindió su espíritu El.
Dulce Madre, amante fuente,
Haz mi espíritu ferviente
Y haz mi corazón igual
Al tuyo tan fervoroso
Que al buen Jesús piadoso
Rinda su amor fraternal.
Oh Madre Santa, en mi vida
Haz renacer cada herida
De mi amado Salvador,
Contigo sentir su pena,
Sufrir su mortal condena
Y su morir redentor.
A tu llanto unir el mío,
Llorar por mi Rey tan pío
Cada día de mi existir:
Contigo honrar su Calvario,
Hacer mi alma su santuario,
Madre, te quiero pedir.
Virgen Bienaventurada,
De todas predestinada,
Partícipe en tu pesar
Quiero ser mi vida entera,
De Jesús la muerte austera
Quiero en mi pecho llevar.
Sus llagas en mi imprimidas,
Con Sangre de sus heridas
Satura mi corazón
Y líbrame del suplicio,
Oh Madre en el día del juicio
No halle yo condenación.
Jesús, que al llegar mi hora,
ea María mi defensora,
ruz mi palma triunfal,
Y mientras mi cuerpo acabe
Mi alma tu bondad alabe
En tu reino celestial.
Amén. Aleluya. |
Oración
Padre,
Tu quisiste que la madre de tu Hijo, llena de compasión,
estuviese junto a la Cruz donde Él fue glorificado. Concede a tu
Iglesia, que comparte la Pasión de Cristo, participar de su
Resurrección. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
Dios, por los siglos de los siglos. Amén. |