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Nuestra Señora de la Misericordia apareció en Savona el día 18 de Marzo,
y el 8 de Abril de 1536; fue coronada por el papa Pío VII el día 10 de
Mayo de 1815. |
Oración preparatoria para cada día
¡Santísima Virgen de la Misericordia! Admítenos en tu presencia amorosa,
dejanos ocupar un rinconcito en el templo de tus prodigios maternales;
no nos deseches, pues venimos con corazón arrepentido anhelando
conversión y perdón, bondadosísima Señora, perdón y compasión. El pecado
ha ofuscado muchas veces en tus hijos la luz de la razón, y han sido
ingratos ofendiendo a tu Jesús: pero Tú eres madre y serás también
intercesora. Danos gracia, misericordiosísima Señora, para ofrecerte
siempre, en adelante, mucho amor y mucha gloria. Así sea. |
Día Primero
Tu aparición en aquel valle desierto de Savona, nos brinda una prueba
más en favor del amor que profesas a los hombres. Dejas ese Cielo de
pureza y hermosura, para venir a la tierra a ofrecernos la paz, el
perdón y la piedad. ¡Madre amorosísima! Ven a nuestro lado con
frecuencia a darnos fuerza para la virtud y el bien, y a traernos de
Jesús su perdón, y su amistad.
Se rezan: tres Ave Marías y se pide la gracia que se desea alcanzar.
Obsequio a María: Actos de gratitud a la Ssma. Virgen.
Oración final para cada día
¡Oh Madre de Misericordia! Tú que en grito suplicante nacido de tu
Corazón compasivo, de Madre de pecadores, dijiste, dirigiendo tus manos
a la tierra mientras tus ojos se clavaban en el cielo: "!Misericordia,
Hijo mío, misericordia quiero y no justicia!"; repite hoy esta súplica
en favor de estos hijos que te invocan, poniendo en tu seno toda
esperanza de amor y de perdón. Acoge, Madre, la ardiente plegaria que el
alma informa, para que viviendo santamente en la tierra, reinemos
Contigo y tu Divino Hijo eternamente en la gloria. Amén
Día segundo
¡Oh Madre clementísima!, transportados en espíritu, vamos a aquel valle
afortunado, donde posaste un día tu bendito pie. La soledad es el lugar
de tus preferencias: haz, Madre amorosa, que la amemos en verdad, pues
allí, en la escuela del silencio, se aprende la ciencia del amor, del
sacrifico y la abnegación cristiana, triple escala que ha de conducirnos
al cielo.
Obsequio: Practicar la soledad interna
Día tercero
La humildad y la sencillez son las prendas que deseas hallar en tus
devotos; bien prueba esto la elección que haces del pobre Antonio para
revelarle los deseos del cielo. Implanta, Madre querida, es estos
corazones que por ti laten, estas bellas virtudes para que selladas con
este signo, nos admitas un día en la gloria. Amén.
Obsequio: Actos de humildad
Día cuarto
Las tinieblas del pecado reinaban por todas partes cuando la luz de tu
pureza inmaculada inundó la tierra de gracias y portentos. ¡Virgen
purísima! Protégenos bajo tu manto, que es salvaguardia contra el vicio
y el error, y nuestro corazón permanecerá incontaminado y puro, aún en
medio del desorden de este mundo corruptor.
Obsequio: Actos de caridad
Día quinto
Antonio se intimida al verte tan radiante de candor de cielo: y Tu Madre
piadosísima, disipas sus temores con el lenguaje de la misericordia: "No
temas, yo soy María", es la frase que brota de tus labios y cual bálsamo
benéfico le anima. ¡Madre clementísima! Míranos con ternura y repite con
frecuencia a nuestro oído esta frase alentadora, y sea tu devoción la
esperanza que nos sonría en esta vida y nos estreche en el Cielo.
Obsequio: Invocar muchas a María.
Día sexto
¡María piadosísima!, Tu aconsejas a Savona y en ella a todo el mundo la
mortificación y la oración, como fuente de castos pensamientos ,
saludables consejos y hermosas resoluciones . Danos, pues, te lo pedimos
con las más vivas instancias ese espíritu de piedad y abnegación que
tanto te agrada, para que así nos reconozcas por hijos.
Obsequio: Rezar el Rosario con devoción.
Día séptimo
¡Oh! ¡Madre clementísima! Háblanos con el lenguaje mudo de la santa
inspiración y haz que la acatemos siempre, practicando santas obras, a
imitación de aquel pueblo savonés que acogiendo tu inspiración divina,
construye un Santuario a Tu Misericordia, abre asilos y levanta altares
que han de perpetuar a través de los siglos tu culto soberano.
Obsequio: Obedecer a las inspiraciones divinas.
Día octavo
¡Madre amorosísima! Tu eres la medianera entre la justicia de un Dios
irritado y la malicia de u pecador obstinado. Tu eres la que con mirada
suplicante de amor desarmas la cólera del Eterno y nos lo tornas
propicio. Gracia, bondadosísima Señora, concedemos la gracia de
invocarte siempre con amor y confianza y aseguraremos el perdón.
Obsequio: Actos de amor ala santísima Virgen.
Día noveno
¡Santísima Madre! En este último día venimos a suplicarte de rodillas
ante tu trono de amor, besando tu mano dadivosa, una triple bendición
que nos asegure: la pureza de la vida, la energía para el bien y una
muerte justificada en tu regazo amoroso. Sí Madre, clemente, salva
nuestra alma y une a ella la de los seres que amamos.
Obsequio: Comunión muy fervorosa. |
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