Oración Inicial:
Santa María, llena de la Presencia de
Dios, durante los días de tu vida aceptaste con toda humildad la
voluntad del Padre, y el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus
confusiones. Ya junto a tu Hijo intercediste por nuestras dificultades
y, con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo de cómo desenredar
la madeja de nuestras vidas. Y al quedarte para siempre como Madre
nuestra, pones en orden y haces más claros los lazos que nos unen al
Señor.
Santa María, Madre de Dios y Madre
nuestra, tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen
nuestra vida, te pedimos que nos recibas en tus manos y que nos libres
de las ataduras y confusiones con que nos hostiga el que es nuestro
enemigo. Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo, líbranos de
todo mal, Señora nuestra, y desata los nudos que impiden nos unamos a
Dios, para que, labres de toda confusión y error; lo hallemos en todas
las cosas, tengamos en él puestos nuestros corazones y podamos servirle
siempre en nuestros hermanos. Amén
(Se pasa al día correspondiente de la
novena)
Primer Día
Monición:
"Santa María, llena de la Presencia de
Dios, durante los días de tu vida aceptaste con toda humildad la
voluntad del Padre,..."
Lectura bíblica:
"...el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre
perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la
virgen era María. El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: `iAlégrate!,
llena de gracia, el Señor está contigo´." (Lc. 1, 26-28)
Reflexión:
Los cristianos explicamos la existencia del mal en el mundo hablando del
pecado original. Es esta una verdad de fe que encontramos presentada en
forma de historia en el capítulo 3 del Génesis (el primer libro de la
Biblia). Allí se nos dice que nuestros primeros padres, desobedeciendo a
Dios, perdieron el equilibrio original, se alejaron del Creador y se
sometieron a las creaturas.
Basados en esa verdad de fe podemos
decir con Ireneo de Lión, santo Obispo del siglo III, que "Eva, por su
desobediencia, ató el nudo de la desgracia para el género humano; en
cambio, María, por su obediencia, lo desató"; ya que la salvación nos
viene por Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo de María.
Oración:
María, mujer feliz, llena de la gracia divina, desata los nudos que nos
mantienen sometidos al pecado y alejados de la gracia. Concédenos
comprender que sólo en Dios está nuestra felicidad.
Ayúdanos a aceptarnos tal como somos y
haz que nos abramos a la gracia vivificante y transformante. Te lo
pedimos a ti, la que desata los nudos, para que presentes a Dios nuestra
oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Segundo Día
Monición:
"...y el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones"
Lectura bíblica:
"María dijo al Angel: `¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones
con ningún hombre?`. El Angel le respondió: `El Espíritu Santo
descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.
Por eso el niño (que concebirás) será Santo y será llamado Hijo de
Dios´." (Lc. 1, 34-35)
Reflexión:
Muchas veces los seres humanos no somos capaces de ver la realidad y nos
dejamos engañar por las apariencias, cayendo en el desánimo o la
desesperación. Eso no viene de Dios, sino del pecado.
Jesús decía que el maligno "es
mentiroso y padre de la mentira" (Jn. 8,44) y el apóstol Pedro
recomendaba: "Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el
demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quien devorar. " (1 Pe.
5,8). Aunque las apariencias (la enfermedad, el dolor la inseguridad
social o laboral) pudieran hacernos pensar que Dios se ha olvidado de
nosotros o nos tiene descuidados, la fe nos asegura que Dios es un Padre
bueno que siempre nos ama y nos protege.
Oración:
María, mujer de fe, vencedora del maligno, desata los nudos que nos
mantienen enredados en las apariencias, y enséñanos a descubrir y a
experimentar el amor de Dios, el Padre que cuida de las flores del campo
y alimenta a los pájaros del cielo, el que hace salir el sol para buenos
y malos, y el que envía la lluvia sobre los campos de los justos y de
los pecadores. Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos, para que
presentes a Dios nuestra oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Tercer Día
Monición:
Ya junto a tu hijo intercediste por nuestras dificultades y, con toda
sencillez y paciencia, nos diste ejemplo de cómo desenredar la madeja de
nuestras vidas."
Lectura bíblica:
"El Angel le dijo: `No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será
grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono
de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su
reino no tendrá fin´. " (Lc. 1,30-33)
Reflexión:
Los cristianos creemos que tanto la vida natural, como la sobrenatural
nos vienen gratuitamente de Dios. La existencia es, al mismo tiempo, un
don, una gracia inmerecida y una tarea. Dios nos ha hecho humanos, pero
necesita de nuestra cooperación libre para que nos desarrollemos como
hombres.
Muchas veces experimentamos
dificultades en nuestro caminar, nos enredamos y caemos en faltas que
nos detienen o paralizan. Otras veces nos desorientamos y no sabemos que
camino seguir.
Los santos, los ángeles y, de modo particular, María, interceden por
nosotros, como un hermano o una madre lo hacen por sus seres queridos.
Ellos interceden y Dios, sólo Dios, nos concede su gracia.
Oración:
María, mujer paciente, poderosa intercesora y abogada nuestra, desata
los nudos que nos detienen en el camino y no nos dejan avanzar, presenta
a Dios nuestras inquietudes y limitaciones, y aliéntanos para que no
desfallezcamos, ya que el Señor nos espera al final de la vida y, aunque
no lo veamos, camina a nuestro lado. Te lo pedimos a ti, la que desata
los nudos, para que presentes a Dios nuestra oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Cuarto Día
Monición:
Y al quedarte para siempre como Madre nuestra, pones en orden y haces
más claros los lazos que nos unen al Señor"
Lectura bíblica:
"Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre (...). Al ver a su madre y
cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: `Mujer, aquí
tienes a tu hijo´. Luego dijo al discípulo: `Aquí tienes a tu madre´. Y
desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa." (Jn. 19,25-27)
Reflexión:
Los católicos siempre hemos entendido y experimentado que María es
nuestra Madre. A ella acudimos con confianza de hijos y le rogamos de
continuo que nos consiga del Señor las gracias que necesitamos. Tanto es
el amor que por ella tenemos y tales son nuestras muestras de cariño que
algunos hermanos de otras religiones nos acusan de haber hecho de María
un ídolo y de darle el culto que sólo se debe dar a Dios.
Tratando de evitar los excesos que
pueden llevar a esa confusión, renovamos nuestro amor y nuestra
confianza en aquella que cariñosamente llamamos nuestra Madre, la más
tierna herencia que Jesús nos dejó, y nos dirigimos tomados de su mano a
Dios, autor de todo bien.
Oración:
María, Madre de Jesús y Madre nuestra, desata los nudos que nos apartan
del Padre Dios y muéstranos tu corazón compasivo y cariñoso de Madre.
Ordena nuestros afectos y nuestras pasiones, ya que el Señor nos creó a
su imagen y semejanza y, en su gran misericordia, quiso que fueras Madre
de su Hijo y Madre nuestra. Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos,
para que presentes a Dios nuestra oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Quinto Día
Monición:
"Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, tú que con corazón materno
desatas los nudos que entorpecen nuestra vida, te pedimos que nos
recibas en tus manos y que nos libres de las ataduras y confusiones con
que nos hostiga el que es nuestro enemigo"
Lectura bíblica:
"(El Angel dijo a María- )`También tu parienta Isabel concibió un hijo a
pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en
su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios´. María dijo
entonces: `Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has
dicho´." (Lc. 1,36-38)
Reflexión:
El hombre es un ser curioso al que le llama la atención todo lo que no
es común. Como nos hemos acostumbrado a que el sol salga todas las
mañanas o a que no falte pan en nuestras mesas, esto ya no nos admira y
dejamos de considerarlos "milagros". En realidad a nuestro alrededor se
operan de continuo un sinnúmero de milagros; nuestra existencia, sin ir
más lejos, es un maravilloso e inexplicable milagro. Muchas veces
acudimos a Dios en busca de nuevos milagros, como si no fuera suficiente
todo lo que ya hace por nosotros. Incluso hay quienes desearían torcer,
a fuerza de oraciones y novenas, la voluntad divina. Dejemos a Dios ser
Dios, confiémonos a él y pidamos que se haga en nosotros su voluntad.
Oración:
María, mujer obediente y fiel, tú que nunca te apartaste de la voluntad
divina, desata los nudos que nos enceguesen y no nos dejan ver que lo
mejor que nos puede pasar es que en nosotros se cumpla la voluntad de
Dios. Concédenos siguiendo tu ejemplo, someternos confiadamente a los
designios de Dios, y haz que las contrariedades de la vida no nos hagan
desconfiar de su amor. Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos, para
que presentes a Dios nuestra oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Sexto Día
Monición:
"Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo, líbranos de todo
mal, Señora nuestra,..."
Lectura bíblica:
"...se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús
estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como
faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: `No tienen vino´. Jesús le
respondió: `Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado
todavía´. Pero su Madre dijo a los sirvientes: `Hagan todo lo que él les
diga´." (Jn. 2, l-5)
Reflexión:
La vida del hombre es una fiesta en la que a veces "se acaba el vino".
Diversas circunstancias nos entristecen, nos perturban o llegan a
hacernos perder las ganas de vivir. Es que, como dijo San Agustín de
Hipona, el corazón del hombre está inquieto y no encuentra sosiego hasta
que no descansa en Dios.
Si nos detenemos de modo obsesivo en
las contrariedades y perdemos de vista lo fugaz que es la vida, si le
damos demasiada importancia a lo que sólo son cosas que pronto pasan;
perdemos perspectiva y se agúa la fiesta de nuestra vida. Pongamos en
Dios nuestra mirada y, pase lo que pase, no dejemos de agradecerle lo
que somos y tenemos.
Oración:
María, virgen de la alegría y de la fiesta, desata los nudos que nos
entristecen y no nos permiten disfrutar de la vida. Tú que con toda
delicadeza presentaste al Señor las necesidades de los novios de Caná, y
evitaste que se arruinara su fiesta, pídele a Jesús que cambie el agua
de nuestros males en vino generoso para celebrar la vida en abundancia
que Dios nos regaló. Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos, para
que presentes a Dios nuestra oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Séptimo Día
Monición:
"...y desata los nudos que impiden nos unamos a Dios, para que, libres
de toda confusión y error;..."
Lectura bíblica:
"María dijo: `Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se
estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la
pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán
feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. ¡su Nombre
es santo!. Su misericordia se extiende de generación en generación sobre
aquellos que le temen´. " (Lc. 1,46-49)
Reflexión:
No siempre el ser humano se contenta con su condición limitada: hay
quienes quisieran ser todopoderosos, inmortales, eternamente jóvenes...
No es esto lo que Dios pensó para nosotros. Uno podría tener salud y no
aprovecharla, o dinero y no conformarse, o amigos y no cuidarlos; o
podría confundirse y equivocarse queriendo ser lo que no es y tener lo
que no tiene, descuidando al mismo tiempo lo que sí se tiene y lo que en
realidad se es. El conocerse y aceptarse a sí mismo es una tarea que nos
lleva toda la vida y que no siempre estamos dispuestos a enfrentar,
porque preferimos la dispersión o le damos más valor a las apariencias
que a la realidad.
Hoy pedimos a Dios, por Intercesión de
María, que nos libre de toda fantasía o ilusión y que nos ayude a vivir
con los pies en la tierra y la mirada en él, "que hace grandes cosas en
los que le aman".
Oración:
María, mujer prudente, tú que meditabas en lo profundo de tu corazón,
desata los nudos que nos someten a las apariencias, nos confunden y
hacen caer en el error. Que sepamos descubrir que es lo que Dios pensó
para nosotros, y nos contentemos con los límites de nuestra humana
condición, no ambicionemos bienes pasajeros, ni perdamos de vista los
verdaderos ideales.
Te lo pedimos a ti, la que desata los nudos, para que presentes a Dios
nuestra oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Octavo Día
Monición:
"...lo hallemos en todas las cosas,..."
Lectura bíblica:
"Jesús regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre
conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría,
en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres." (Lc. 2,
51-52)
Reflexión:
Algunos hombres por ir tras lo temporal pierden de vista lo eterno,
ansiando las creaturas se olvidan del Creador y se enredan en una maraña
de preocupaciones que los distraen de lo esencial y los entretienen con
lo efímero.
Hay que aprender a vivir como
peregrinos, debemos tomar conciencia que la vida del hombre es un soplo
y que muchas de las cosas que nos quitan el sueño son vanidades y puro
viento. Quien experimenta la fragilidad de su vida suele ser menos
rencoroso, limita sus ambiciones, se contenta con lo necesario, perdona
con rapidez, olvida las injurias, no cae en el consumismo, aprende a ser
generoso y encontrando a Dios en las pequeñas cosas, lo alaba y es
feliz.
Oración:
María, sencilla virgen de Nazaret, desata los nudos que nos esclavizan a
las creaturas y nos apartan del Creador. Enséñanos a vivir con sencillez
un día a la vez, ayúdanos a superar la sensación de miedo e inseguridad
y a ser capaces de vivir de modo extraordinario las cosas cotidianas. Te
lo pedimos a ti, la que desata los nudos, para que presentes a Dios
nuestra oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Noveno Día
Monición:
"...tengamos en él puestos nuestros corazones y podamos servirle siempre
en nuestros hermanos."
Lectura bíblica:
"María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró
en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de
María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu
Santo, exclamó: `¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es
el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor
venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi
seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue
anunciado de parte del Señor.´(...) María permaneció con Isabel unos
tres meses y luego regresó a su casa." (Lc. 1,39-45.56)
Reflexión:
Quien dice que ama a Dios a quien no ve y desprecia a su hermano a quien
ve, es un necio y un mentiroso. Quien cree que Dios vive sólo en los
templos se equivoca. Quien piensa que a Dios lo único que le importa son
los rezos se engaña y no puede considerarse cristiano. Cuando María se
enteró que su prima Isabel esperaba un hijo, se olvidó de su propio
embarazo y salió corriendo para ayudarla. Al árbol se lo conoce por sus
frutos y al cristiano se lo conoce por su amor al prójimo y por su
actitud de servicio Cuando el Verbo de Dios se hizo hombre no vino a ser
servido, sino a servir y a dar la vida por los demás hombres. El mejor
resultado de esta novena será una renovada conciencia de la necesidad de
ponernos al servicio de nuestro prójimo y la capacidad de descubrir a
Dios presente en él.
Oración:
María, dulce sierva de los siervos del Señor, desata los nudos que nos
impiden servir a los hermanos y no nos dejan encontrar a Dios en los
demás. Ayúdanos a imitar a tu Divino Hijo, quien, siendo Maestro y
Señor, la noche antes de su pasión quiso darnos muestra de su amor,
lavando los pies de sus discípulos. Te lo pedimos a ti, la que desata
los nudos, para que presentes a Dios nuestra oración.
(Se dice la oración conclusiva de la
novena)
Oración
Conclusiva
Luego de un momento de profundo silencio, se dicen con calma un Padre
nuestro, tres Ave María, un Gloria al Padre, y...
Oración de Consagración a María:
Señora y Madre mía, Virgen Santa, María, la que desata los nudos; a tus
pies me encuentro para consagrarme a ti. Con filial afecto te ofrezco en
este día cuanto soy y cuanto tengo: mis ojos, para mirarte; mis oídos,
para escucharte; mi voz, para cantar tus alabanzas; mi vida, para
servirte; mi corazón, para amarte. Acepta, Madre mía el ofrecimiento que
te hago y colócame junto a tu corazón inmaculado. Ya que soy todo tuyo,
Madre de misericordia, la que desata los nudos que aprisionan nuestro
pobre corazón, guárdame y protégeme como posesión tuya. No permitas que
me deje seducir por el maligno, ni que mi corazón quede enredado en sus
engaños. Enséñame a aceptar los límites de mi condición humana, sin
olvidar que puedo superarme con la ayuda de la gracia y que agradezca
siempre a Dios por mi existencia. Ilumíname para que no deseche al
Creador por las creaturas, ni me aparte del camino que él pensó para mí.
Amén.