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VI. Observaciones
complementarias
CAPITULO LXVII
LOS HERMANOS QUE SALEN DE VIAJE
1 Los hermanos que van a salir
de viaje, encomiéndense a la oración de todos los hermanos y
del abad. 2 Y en la última oración de la Obra de
Dios, hágase siempre conmemoración de todos los ausentes.
3 Los que vuelven de un viaje,
el mismo día que vuelvan, al terminar la Obra de Dios, a
todas las Horas canónicas, póstrense en el suelo del
oratorio 4 y pidan a todos su oración, para
reparar las faltas que tal vez cometieron en el camino,
viendo u oyendo algo malo, o teniendo conversaciones
ociosas.
5 Nadie se atreva a contar a
otro lo que pueda haber visto u oído fuera del monasterio,
porque es muy perjudicial. 6 Y si alguien se
atreve, quede sometido a la disciplina regular.
7 Tómese la misma medida con
aquel que se atreva a salir fuera de la clausura del
monasterio e ir a cualquier parte, o hacer algo, por pequeño
que sea, sin permiso del abad.
CAPITULO LXVIII
SI A UN HERMANO LE MANDAN
COSAS IMPOSIBLES
1 Si sucede que a un hermano
se le mandan cosas difíciles o imposibles, reciba éste el
precepto del que manda con toda mansedumbre y obediencia.
2 Pero si ve que el peso de la carga excede
absolutamente la medida de sus fuerzas, exponga a su
superior las causas de su imposibilidad con paciencia y
oportunamente, 3 y no con soberbia, resistencia o
contradicción. 4 Pero si después de esta
sugerencia, el superior mantiene su decisión, sepa el más
joven que así conviene, 5 y confiando por la
caridad en el auxilio de Dios, obedezca.
CAPITULO LXIX
QUE NADIE SE ATREVA A DEFENDER
A OTRO EN EL MONASTERIO
1 Hay que cuidar que, en
ninguna ocasión, un monje se atreva a defender a otro o como
a protegerlo, 2 aunque los una algún parentesco
de consanguinidad. 3 De ningún modo se atrevan
los monjes a hacer semejante cosa, porque de ahí puede
surgir una gravísima ocasión de escándalos. 4 Si
alguno falta en esto, sea castigado severamente.
CAPITULO LXX
QUE NADIE SE ATREVA A GOLPEAR
A OTRO ARBITRARIAMENTE
1 En el monasterio debe
evitarse toda ocasión de presunción. 2 Por eso
establecemos que a nadie le sea permitido excomulgar o
golpear a alguno de sus hermanos, si el abad no lo ha
autorizado. 3 "Los transgresores sean corregidos
públicamente para que teman los demás".
4 Procuren todos mantener una
diligente disciplina entre los niños hasta la edad de quince
años, 5 pero con mesura y discreción.
6 El que se atreva a actuar
contra uno de más edad, sin autorización del abad, o se
enardece sin discreción contra los mismos niños, sométaselo
a la disciplina regular, 7 porque escrito está:
"No hagas a otro lo que no quieres que hagan contigo".
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Notas
3. 1 Tim 5,20
CAPITULO LXXI
QUE SE OBEDEZCAN UNOS A OTROS
1 El bien de la obediencia
debe ser practicado por todos, no sólo respecto del abad,
sino que los hermanos también deben obedecerse unos a otros,
2 sabiendo que por este camino de la obediencia
irán a Dios.
3 Den prioridad a lo que mande
el abad o las autoridades instituidas por él, a lo que no
permitimos que se antepongan órdenes privadas, pero en todo
lo demás, 4 los más jóvenes obedezcan a los
mayores con toda caridad y solicitud. 5 Y si se
halla algún rebelde, sea corregido.
6 Si algún hermano es
corregido en algo por su abad o por algún superior, aunque
fuere por un motivo mínimo, 7 o nota que el ánimo
de alguno de ellos está un tanto irritado o resentido contra
él, 8 al punto y sin demora arrójese a sus pies y
permanezca postrado en tierra dando satisfacción, hasta que
aquella inquietud se sosiegue con la bendición. 9
Pero si alguno menosprecia hacerlo, sométaselo a pena
corporal, y si fuere contumaz, expúlsenlo del monasterio.
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Notas
5. Cf. 1 Cor 11,16
CAPITULO LXXII
EL BUEN CELO
QUE HAN DE TENER LOS MONJES
1 Así como hay un mal celo de
amargura que separa de Dios y lleva al infierno, 2
hay también un celo bueno que separa de los vicios y conduce
a Dios y a la vida eterna. 3 Practiquen, pues,
los monjes este celo con la más ardiente caridad, 4
esto es, "adelántense para honrarse unos a otros"; 5
tolérense con suma paciencia sus debilidades, tanto
corporales como morales; 6 obedézcanse unos a
otros a porfía; 7 nadie busque lo que le parece
útil para sí, sino más bien para otro; 8
practiquen la caridad fraterna castamente; 9
teman a Dios con amor; 10 amen a su abad con una
caridad sincera y humilde; 11 y nada
absolutamente antepongan a Cristo, 12 el cual nos
lleve a todos juntamente a la vida eterna.
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Notas
1. Cf. Jer 3,14
4. Rom 12,10
7. Cf. 1 Cor 10,24.33; cf. Flp 2,4
8. Cf. 1 Tes 4,9; cf. 1 Pe 1,22
9. Cf. 1 Pe 2,17
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