Yo creo que debemos saber qué es la fe y
cómo debemos vivir esa fe. Recuerdo haber
descubierto un capítulo en el Nuevo
Testamento, que siempre estuvo en el N.T.,
pero nunca lo leí. Cuando empecé a leerlo,
me tocó tan profundamente y hoy quiero
estudiar con vosotros este capítulo. Así, si
tenéis vuestra Biblia abridla, por favor, y
encontrad la CARTA A LOS HEBREOS, Cáp. 11,
que nos va a ayudar a comprender qué es la
fe. Y os voy a dar los versículos en el
capítulo.
Empezamos con el versículo 6: "Ahora
bien, sin fe es imposible agradarle, pues el
que se acerca a Dios ha de creer que existe
y que recompensa a los que le buscan".
Así que el problema es que sin fe no podemos
acercarnos a Dios, porque la fe es la llave
que abre la puerta, la fe es una realidad
espiritual, es una nueva dimensión de la
vida. Quizá os acordáis que en el Capítulo 9
del Evangelio de Juan hay una historia sobre
un hombre ciego; cuando Jesús se encontró
con este ciego no le sanó inmediatamente,
sino que puso un poco de barro en sus ojos y
le dijo: "Vete a lavar en la piscina de
Siloé". Y yo pienso: ¿por qué lo hizo? Yo
creo que fue porque quería dar a este ciego
algo más que sólo la vista, y entonces le
dio algo más que fue una visión interior.
Dijo la palabra: "VE", e intento
preguntarme: ¿por qué fue a este ciego, por
qué lo hizo? Porque él estaba expectante de
recuperar la vista. Así, pues, él en
realidad comenzó a ver con la Palabra, la
Palabra de Jesús creó una nueva realidad en
su vida.
Cuando nosotros actuamos de acuerdo con la
Palabra de Dios, ya experimentamos la
realidad que viene a nosotros. ¿Sabéis? Este
ciego ya había empezado a recuperar su vista
al ir hacia la piscina, porque la fe ya
empezó a crear en él esa visión interior.
Así, pues, cuando Jesús me habla
personalmente, yo espero recibir lo que se
me prometió, y esto es fe.
La fe no es solamente decir: "CREO EN DIOS",
la fe es que voy a conseguir lo que se me
prometió y yo voy a buscarlo. ¿Os acordáis
de cuando Jesús caminó sobre las aguas?
Pedro le dijo: "Señor, háblame y yo iré a
Ti" y acordaros que Pedro seguía en la barca
y tuvo la idea de que ¡él podía andar sobre
el agua porque Jesús lo estaba haciendo!
Ninguna persona normalmente puede imaginar
que puede caminar sobre las aguas, pero ahí
Pedro tuvo un momento de gracia y ciegamente
dijo: "Señor, dime que vaya a Ti y yo
caminaré sobre el agua, y eso es lo que a
veces hacemos con el Señor. A veces oramos y
no sabemos lo que estamos pidiendo, porque
le decimos a Dios: "Señor, dímelo y ¡Yo
iré!". Y Jesús le dijo a Pedro: "Ven, ven a
Mí". Así pues, salió de la barca y comenzó a
caminar sobre el mar. Y estaba caminando y
de repente empezó a pensar en ello y miró...
y dijo: "No, esto es una locura, esto no
puede ser, esto no es normal, ¡no es
posible!" y empezó a hundirse en el agua.
¿Por qué? Porque no mantuvo la Palabra de
Jesús, sino que empezó a mirar las
circunstancias de su entorno.
La fe se da cuando mantienes la seguridad en
la promesa de Dios y no te importa nada,
sino que vas. No calculas, ni piensas si
verdaderamente es posible hacerlo,
simplemente lo haces. Así, pues, la fe es un
poco ciega; no es que no sepamos lo que
tenemos que hacer, pero a veces no sabemos
cómo lo vamos a hacer.
Cuando Jesús nos habla, tenemos que ir. Hay
una distinción muy clara entre la FE y la
EXPECTACIÓN, y quiero que comprendáis la
diferencia, porque hay muchos carismáticos
que cometen esta equivocación y mezclan la
expectación con la fe. La EXPECTACIÓN se da
cuando quieres hacer algo y con la
convicción en tu corazón dices: "Creo que el
Señor me va a bendecir". Cuando tenéis la
idea de dar una conferencia de
evangelización grande y queréis alquilar el
estadio de fútbol y tenéis que pagar cinco
millones de pesetas, cuando dices con la
convicción de tu corazón: "El Señor me lo va
a dar", eso no es fe, es expectación.
La FE es cuando tú oras y el Señor te dice:
"alquila el estadio, porque Yo te voy a dar
el dinero", y entonces lo haces, y hasta el
último momento no tienes el dinero, pero
tienes la convicción de que Dios te dijo:
"Yo voy a pagar". Y así, hay una diferencia
entre la expectación y la fe.
Sé de mucha gente que verdaderamente está
herida porque no conocía la diferencia.
Ellos intentan vivir en fe y se caen, porque
ellos vivían en la expectación y no en la
fe. La fe es cuando recibes la Palabra de
Dios, y así tenemos que esperar en lo que
dice el Señor, porque la fe comienza con la
Palabra. Vuelven a recuperarla; esto es una
experiencia espiritual más que una
experiencia física, porque Jesús le estaba
enseñando cómo caminar en fe. El punto
número dos, es que cuando recibo la Palabra
de Dios, mi respuesta a la Palabra puedo
llamarla FE. La fe es la respuesta a la
Palabra de Dios y cuando no hay Palabra no
puedo ir. Así pues, tenemos que aprender a
esperar, porque muy a menudo nos gustaría
hacer algo y verdaderamente no esperamos al
Señor, sino actuamos, y decimos: "el Señor
me bendecirá".
El punto número tres, es que la fe me da
un acceso a una nueva dimensión de vida.
Y podemos leer en el versículo uno (Hebreos
11):
"La fe es garantía de lo que se espera,
la prueba de las realidades que no se ven."
Así pues, hay cosas, hay riquezas que no se
ven, son una bendición de Dios y en la carta
a los Efesios, capítulo primero, el apóstol
dice que "tenemos todas las bendiciones que
necesitarnos en Cristo Jesús" (Ef 1,3).
Así pues, hay una bendición para cada
momento de nuestra vida. Cuando nosotros
accedemos a ese reto, siempre hay detrás una
bendición. Pero solamente hay un camino para
obtener esta bendición, que es la fe.
Primero, Dios me da la Palabra. Segundo, yo
respondo a Dios. Y por esta respuesta, yo
tengo lo que tiene preparado para mí. Hay
una canción en inglés, que dice: "Dad
gracias..." Y hay una frase en esta canción
que dice: "Deja a los pobres decir: "Soy
rico". Deja a los débiles decir: "Soy
fuerte", porque por fe tenemos todo lo que
necesitarnos en Jesús. Así pues, toda la
riqueza de su gloria es accesible para
nosotros y por fe podemos obtenerla. Ahora
vamos a estudiar algunos ejemplos sobre
gente que lo hizo, que iban caminando en ese
mismo camino, en el camino al que nosotros
somos llamados a efectuar. En el versículo
cuatro, vemos el ejemplo de ABEL.
"Por la fe, ABEL ofreció a Dios un
sacrificio más excelente que Caín, por ello
fue declarado justo con la aprobación que
dio Dios a sus ofrendas y por ella, aún
muerto, habla todavía". (Hb 11, 4)
¿Veis? Abel ofreció a Dios el primer animal
nacido de su rebaño, porque él era pastor, y
en ese tiempo lo que hacían era matar a los
animales porque la parte más importante del
sacrificio era la sangre y para los judíos
la sangre significaba VIDA. Así pues, cuando
ofreció a Dios su primogénito que es el más
precioso siempre, nuestro hijo primogénito
es más precioso para nosotros, cualquier
cosa que recibimos por primera vez es un
tesoro para nosotros. Quizá Abel trabajó
unos años para conseguir el resultado de su
trabajo y él ofreció a Dios el primero que
nació. Si tenéis animales (yo no soy ningún
especialista, pero lo que sí sé es que
cuando hay una hembra que pare, siempre el
primero que nace es el más fuerte) y él
ofreció el primero. Y ¿por qué lo hizo?
Porque él tenía fe. Por fe dijo al Señor:
"No importa que sea el mejor, porque si Tú
me vas a bendecir, yo obtendré mucho más".
Por eso, el sacrificio de Abel se convirtió
en su sacrificio. Él no solamente ofreció el
animal a Dios, sino que ofreció toda su
persona a Dios.
Y tenemos un pequeño pasaje en el Nuevo
Testamento de esa pobre vieja, viuda, y ella
ofreció en el templo todo lo que le quedaba
de dinero. Eran sólo unas monedas y había
otras personas que estaban dando mucho, pero
era solamente una parte pequeña de su
propiedad. En cambio esta mujer lo entregó
todo y Jesús vio su corazón. Y dijo: "Esta
mujer es la que más ha dado", porque su
sacrificio fue real.
Y a veces, os habréis preguntado: ¿Cuánto
debo ofrecer a Dios? Porque yo también veo
en mi vida que a veces quiero agradar a Dios
ofreciéndole "lo que me sobra", no el
"primogénito", el último, el que ha nacido
el último. Cuando nos llega dinero, primero
piensas lo que tengo que pagar, lo que tengo
que comprar, y al final dices: "bueno, a ver
cuánto puedo dar a Dios". Pero el verdadero
sacrificio, la verdadera ofrenda, es dar a
Dios lo primero, y es lo que hizo Abel. A él
no le importaba su futuro, porque dijo: "Mi
futuro es mi Dios y Él me bendecirá con
cualquier cosa que necesite". Así pues,
la verdadera fe significa OFRECER A DIOS LO
MEJOR. Su hermano Caín también hizo un
sacrificio, él ofreció alguno de los
productos de la tierra, porque él era
labrador. En la Biblia no se vio claro el
sacrificio, exactamente no conocemos por qué
"fue rechazado"; podemos suponer que él
intentó complacer a Dios no haciendo un
verdadero sacrificio. Así pues, él separó el
sacrificio de sí mismo, y le dijo a Dios:
"Esto es lo que yo te ofrezco y déjame en
paz. Yo doy porque es mi obligación.". Pero
Abel dijo: "Yo doy porque amo". Y Dios dijo:
"El sacrificio de Abel era el mejor". Y
cuando mató a Abel, Dios habló a Caín: "La
sangre de tu hermano me habla". Así pues,
cuando tenéis a gente que vive por fe,
pueden ser asesinados, pero seguirán
hablando a Dios, y por eso tenemos tantos
mártires en la Iglesia y ellos hablan a Dios
y por eso hay tantas gracias en cualquier
sitio donde haya muerto alguien por
martirio. Cada ofrenda verdadera, habla a
Dios. Entonces, vamos a hacernos otra vez la
pregunta: "¿QUE ES FE?". Y podemos
preguntarle a Abel: "Abel, ¿qué es la fe?".
Y él te dirá: "La fe es una ofrenda a
Dios, la fe es cuando me identifico con mi
ofrenda", y así podemos medir nuestra
fe. ¿Cuánto ofreces a Dios? Podéis pensar en
vuestro tiempo, sobre vuestra propiedad, en
vuestro corazón, lo que sea. ¿Cuánto ofreces
de lo tuyo, de ti?
Y hay un principio espiritual muy
importante: "Cuanto más ofreces, más
recibes", pero es sólo en fe. Y el principio
este también me dice que no debo esperar
este regalo de Dios, porque no es un
préstamo. Yo no presto algo a Dios, y yo no
le digo: "Dios, a ver, devuélveme". Es un
acto de amor y de fe, pero a Él le encanta
devolverme.
El siguiente ejemplo, en el versículo cinco:
"Por la fe, HENOC fue trasladado, de modo
que no vio la muerte, y no se le halló,
porque le trasladó Dios". Porque antes
de contar su traslado, la Escritura da en su
favor testimonio de haber agradado a Dios.
¿Quién fue este hombre? Exactamente no lo
sabemos, porque la Biblia habla muy poco de
él, pero una cosa que sabemos es que él fue
un hombre que complació a Dios. Él fue un
hombre que era amigo de Dios, y la Biblia
nos dice que fue llevado al cielo porque
tuvo una relación tan fuerte con Dios que no
se podía morir. Así pues, Dios le dio la
bienvenida. Y ¿QUÉ ES LA FE? La fe es una
amistad con Dios, es un caminar con Dios en
cada momento de tu vida, es cualquier cosa
que hagas, la haces por Dios.
Vamos a seguir un poco más adelante y
veremos qué pasa con NOÉ (versículo siete):
"Por la fe, NOÉ, advertido por Dios de lo
que aún no se veía, con religioso temor
construyó un arca para salvar a su familia;
por la fe, condenó al mundo y llegó a ser
heredero de la justicia según la fe."
Os podéis imaginar que vivís en las
montañas, vosotros creéis en Dios y le
rezáis con vuestra familia, y quizá Noé
subía a la montaña muy alta para orar sólo,
y de repente, Dios le habló y le dijo: "Mi
querido Noé, tengo que compartir algo
contigo. Voy a destruir este mundo, porque
tengo el corazón partido por sus pecados,
pero Yo veo tu fidelidad... Haré llover
sobre la tierra cuarenta días con sus
noches. Mete tu familia y parejas de
animales en el arca"... y Noé cree a Dios.
Sus hijos le oyen; ellos esperan a Noé
porque era el hombre de fe. Y él les dijo:
"Tenemos que edificar un arca arriba, en las
montañas". ¡Os podéis imaginar la respuesta
de la familia! Quizá el hijo mayor que tenía
mucho valor, le dijo: "Lo siento, padre, te
amo y te respeto, pero ¿no te parece una
idea un poco loca el edificar un barco ahí
arriba en las montañas? Pero es que el mar
más cercano está ¡a quinientos kilómetros de
aquí! Quizá podríamos hacer algo pequeñito".
Y él le dice: "No, no, no, si a mí Dios me
ha dicho que tiene que ser muy grande". Y lo
hicieron. Y creo que la gente que vivía a
sus alrededores decía: "¡Este pobre Noé está
chiflado!, pero ¿qué está haciendo? Han
cortado todos los árboles para hacer este
arca..."
Fue exactamente la misma experiencia que
tuvo nuestra Madre, María, en Caná. Ella
tenía fe en que Jesús podía hacer todos los
milagros, aunque aún no los hubiera hecho.
Ese fue el primer milagro de Jesús y es por
lo que Él le dice: "Pero, ¿!por qué me lo
pides, si aún no me ha llegado el tiempo!?"
¿Veis? La fe es cuando tú esperas de
Dios, aunque no veas. Por el ejemplo de
Noé podemos preguntar qué es la fe, y la
fe es la obra, el trabajar por Dios. La fe
significa edificar una barca arriba, en las
montañas. Si Él me lo pide, yo haré esas
locuras. Pedro hizo lo que hizo Noé,
aunque fuera una experiencia mucho más
pequeña, cuando Jesús le dijo: "Echa las
redes"; yo me imagino que Jesús le indicó
cuál era el punto en el lago donde debía
echar las redes; me imagino que le dijo:
"Mira, vete allí y encontrarás muchos
peces"; quizá era el sitio donde nunca
podría pescar un pez, pero Jesús le dijo:
"¡Vete ahí!" Así pues, no tenemos que
discutir a Dios; si Él me dice: "Tienes que
hacer esto", lo tengo que hacer.
Yo una vez tuve una experiencia muy similar.
Cuando terminé mis estudios ya estaba
casado, yo estudiaba en una ciudad lejos de
mi ciudad natal y cuando terminamos de
estudiar decidimos dejar el Grupo de Oración
y decidimos ir a mi ciudad natal a vivir
allí e intentamos preparar el sitio para
nosotros y nosotros esperábamos que Dios
bendijera esto. Pero no teníamos la promesa
de Dios, "id allí y Yo os prepararé el
camino, el sitio", aunque parece que estaba
muy bendecido. Encontramos un sacerdote que
nos invitó a su parroquia, nos dijo:
"Vosotros vais a trabajar en mi parroquia,
yo os voy a pagar y podéis hacer lo que
queráis: porque podéis crear una comunidad,
tenéis mi bendición completa para
evangelizar...". Accidentalmente, en ese
momento, el Obispo fue a visitar esta
parroquia y el sacerdote le preguntó al
Obispo sobre nosotros y el Obispo le dijo:
"sí, sí, mantenedlos aquí, porque es gente
muy buena". También había allí otras dos
personas que también nos animaron a formar
una comunidad allí.
Nos dejaron un apartamento y todo estaba
perfecto, pero nos faltaba una cosa: PAZ. En
verano nos fuimos a hacer un Retiro, había
unas veinte personas, y fue uno de estos
momentos locos de nuestra vida cuando
nosotros rezamos a Dios ciegamente y no
somos conscientes de lo que hacemos. Así
pues decidimos orar por Europa y preguntar a
Dios dónde quería mandarnos. Y fue muy tarde
en la noche cuando oramos y el Señor empezó
a decirnos por medio de profecías dónde
debíamos ir. Pero el punto más importante
fue que yo recibí la palabra: "Te tienes que
quedar en el sitio donde estabas estudiando,
porque quiero que empieces una nueva
comunidad allí. Y yo dije: "¡Ay, Dios mío!".
Y le dije: "Bueno, Señor, yo me quedaré si
alguien se queda con nosotros", porque yo no
me sentía cómodo de volver allí sólo con mi
mujer y yo quería una garantía de que
hubiera más personas con nosotros, porque no
quería vivir sólo. Y el Señor me dijo: "No,
hijo mío, Yo no te voy a dar a nadie más,
porque tú has tomado la decisión, tú tienes
que tomar esa decisión. Si tú vas a estar
sólo hasta el final de tu vida, tienes que
decidirlo tú". Y yo dije: "¡Dios mío!" Y
finalmente, para terminar la historia,
decidimos volver a aquella ciudad sin casa,
tuvimos que alquilar un piso, ni teníamos
trabajo y no había nadie que nos apoyara.
Lo único que hacíamos era orar, y comenzó a
llegar gente y comenzaron a trabajar con
nosotros, y después de tres años había
setenta personas en la comunidad. Y antes
nos reuníamos en mi casa y uno de los
sacerdotes de la parroquia cercana nos
invitó y nos dijo: "Pero, ¿por qué os reunís
en casa, cuando yo puedo dejaros la
parroquia para que os reunáis?". Así pues,
veis cómo Dios nos fue preparando el sitio.
Cuando entramos en la parroquia, empezamos a
evangelizar en las misas dominicales y más
gente venía.
Al principio, nuestra comunidad se componía
sólo de estudiantes de distintas ciudades de
Polonia; pero en este momento el noventa por
ciento del grupo es gente que pertenece a
esta parroquia. Tenemos gente joven, vieja,
familias, solteros...
Y después de cinco años, Dios nos dijo: "Os
tenéis que mover" y esto significaba dejar
la comunidad. "Quiero que salgáis fuera, al
extranjero." ¿Sabéis? Tenemos que ser
obedientes, porque cuando Dios nos habla
también tiene una bendición para nosotros.
La fe es que, cuando nosotros edificamos o
hacemos algo estúpido, que puede ser
estúpido para los demás, para Dios no lo es.
Recuerdo que cuando empezamos a trabajar
para formar esta comunidad era una parte de
la ciudad muy desolada y la gente de otras
partes, mis amigos me decían: "Ahí no hay
posibilidad de hacer ninguna comunidad; no
puede tener éxito; estás perdiendo el
tiempo". Y la fe es perder el tiempo para
Dios. Si Dios te dice: "Hazlo": lo tienes
que hacer; porque la fe se basa en la
Palabra de Dios. Seguro que el arca no
se hizo en una semana, probablemente
estuvieron trabajando en ella dos meses o
tres, pero hubo algo que motivaba a Noé a
trabajar, él veía en su corazón, en su mente
veía cómo venía la lluvia.
Así pues, a veces el Señor nos da la visión
de alguna bendición que está llegando; es
como si tienes un trozo de tierra seca y
Dios te dice: "Hay un pequeño arroyo
subterráneo en esta tierra", y lo tienes que
encontrar, y trabajas durante cinco meses y
no lo encuentras, pero hay algo que te
mantiene motivado para seguir trabajando, es
la visión del agua. Así pues, si Dios os ha
dado la visión de evangelizar aquí, entonces
tendréis una visión de la gente que quiere
venir a conocer a Jesús. Aunque os lleve
siete años para ver el resultado, vosotros
seguiréis caminando por la visión que Dios
os ha dado. Así pues, no debemos mirar las
circunstancias y calcular "es posible" o "no
es posible"; tenéis que responder: "AMÉN,
VOY, VAMOS': pero sólo si Dios nos dice que
lo hagamos.
Vamos a ver Hebreos, capítulo once,
versículos 8-10, donde tenemos el ejemplo de
ABRAHAM:
"Por la fe, ABRAHAM, al ser llamado por
Dios, obedeció y salió para el lugar que
había, de recibir en herencia, y salió sin
saber a dónde iba. Por la fe, peregrinó por
la Tierra Prometida como en tierra extraña,
habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y
Jacob, coherederos de las mismas promesas.
Pues esperaba la ciudad asentada sobre
cimientos, cuyo arquitecto y constructor es
Dios."
Tenéis la misma historia en Génesis,
capítulo doce, y yo os animaría a que
leyerais y estudiarais este capítulo doce
del Génesis más adelante, porque es uno de
los textos más importantes de la Biblia. Lo
que dice es que Abraham salió a buscar un
país, una tierra, por una promesa.
Sabéis que era un hombre muy anciano, pero
fue elegido por Dios para mostrar a la gente
que Dios puede dar poder a todo el mundo.
Allí estaba toda la familia en aquella
ciudad donde vivía y de generación en
generación fueron adquiriendo tierras,
propiedades, casas... y de repente llega a
casa Abraham y dice: "Y ahora vamos a
irnos", y su mujer le dijo: "¡Estupendo!
¿Dónde vamos?", y Abraham le dice: "Pues
todavía no lo sé, ¡pero Dios nos lo dirá!"
¿Estáis preparados para marcharos, no
sabiendo dónde vais? ¡Esto es fe! Muy a
menudo lo que hacemos es coger de Dios el
resultado y nosotros decimos: "Señor, yo no
voy si Tú no me revelas lo que va a pasar;
pero a veces no lo puede hacer porque nos
ama y Él sabe que si nos lo revela, no
iremos. Así, creo que Él nos está enseñando.
Yo creo que lo más importante es seguir a
Dios y verdaderamente saber cuál es su
voluntad. Y también aquí hay una
equivocación que es muy corriente. Cuando
nosotros decimos: "la voluntad de Dios", a
veces pensamos que la voluntad de Dios o es
casarse o meterse en un convento, hacerse
sacerdote o hacerse misionero, a veces
pensamos que la forma de vida es la voluntad
de Dios y a veces se pierde mucho tiempo
intentando discernir la forma de vida y no
nos importan los días estos que estarnos
viviendo. Tenemos que tener en cuenta que la
voluntad de Dios es para HOY, no importa lo
que tú vayas a hacer dentro de dos años...
Muy a menudo digo a los solteros, aunque no
les gusta lo que les digo, esto: "Hoy estás
soltero, deja a otros solteros", pero otros
viven en el futuro porque creen que el
presente es una preparación para el futuro.
Eso es muy infantil.
Cuando mi hija tuvo su fiesta de cumpleaños
hace unos días y le preparamos una fiesta...
unos días antes de este día, estaba muy
nerviosa y decía: "¡Estoy deseando que
llegue el domingo!" A ella le daba igual ese
presente, lo que quería era el domingo, y yo
creo que nosotros hacemos lo mismo muy a
menudo. Pero Dios está muy preocupado,
porque su voluntad es para HOY. Es verdad
que nos tenemos que preparar para el futuro,
pero tenemos que encontrar la voluntad de
Dios para hoy.
Así pues, si yo permito que Dios me dirija
hoy y mañana, yo descubriré su voluntad,
porque Él me irá dirigiendo, me irá guiando
todo el tiempo. Si eres soltero, vive como
soltero y disfruta el presente, disfruta
la gracia que Dios te está dando hoy, eso es
fe, si vivimos así. De lo contrario,
vamos a tener muchos problemas con el
pecado, porque ¿sabéis cuál puede ser la
tentación? La tentación es: "No te preocupes
del presente, ‘esto’ lo puedes hacer luego
ya te confesarás. El presente no es
importante, mañana es importante". Pero,
¿sabéis que nunca llega mañana? HOY, siempre
estamos en el HOY, así pues no puedes
esperar a mañana. Por eso, dice la Biblia:
"Si tú HOY oyes la voz de Dios", responde
HOY, no esperes a mañana, porque mañana
nunca llega.
Así pues, podemos preguntar a Abraham: ¿qué
es la fe? La fe es salir a lo
desconocido, permitiendo que Dios me lleve
más allá de mi comprensión y mi
conocimiento, La fe es estar dispuesto a un
constante cambio de decisiones. Yo fui
líder durante cinco años, es muy importante
y yo sé las tentaciones. Tenemos que tener
mucho cuidado de no enraizarnos en nuestra
silla, porque hay gente que parece que está
tan enraizada que tienes que coger un
cuchillo y cortar las raíces, porque se
mantienen ahí tan fuertemente, pero la fe
es la disposición de estar dispuesto a dejar
tu posición de líder. Si Dios te lo
dice, deja el liderazgo, porque lo que yo
hago no es importante, lo importante es
"quién soy yo", mi identidad no está en el
liderazgo, mi identidad está en Cristo. Así,
cuando yo hago algo o cuando no lo hago, me
siento igual. Para algunos de nosotros es
difícil aceptar que "yo soy un líder, pero
no hago nada". Cuando yo doy un Retiro para
sacerdotes es muy difícil, porque cada uno
quiere hacer algo, ellos no se sienten
cómodos sentados escuchando sin hacer nada.
Pero la fe también significa descansar en
Dios. Cuando yo me siento y permito que
Dios me hable, y si Dios me dice: "Bien, yo
aprecio tu trabajo, eres un líder muy bueno,
pero tengo algo distinto para ti ahora,
ahora tienes que renunciar a tu liderazgo.
Hay alguien muy joven en tu comunidad y él
va a reemplazarte, y tienes que decir:
¡Aleluya! Eso es fe. Que yo no mantengo mi
antigua posición, estoy siempre dispuesto a
salir, a moverme para seguir a Dios, porque
el sitio donde Dios me está llevando es el
sitio mejor para mí. Así tenemos que
arrepentirnos de nuestro problema de
identidad, porque algunos de nosotros hemos
encontrado la identidad en el trabajo que
estamos efectuando, pero Dios quiere que
encontremos nuestra identidad solamente en
Él.
Cuando yo me voy siempre dejo algo en el
sitio antiguo, porque el trabajo de Dios
siempre está conectado con el que dejemos
algo atrás o a alguien atrás, y esto es muy
a menudo el precio que debemos pagar. Así
pues, la fe es una forma de vida. La fe
es la forma de dejar algo fuera, la realidad
de ser elegido y ser enviado por Dios. Por
fe, camino en la realidad que es invisible,
pero cuando yo confieso y veo la fe, esta fe
se hace realidad. Y es algo extraordinario.
Tenéis que ser conscientes de que la fe
es siempre sobrenatural, viene de arriba,
de distintos órdenes de cosas, pero la fe
es el elemento básico de vivir en el poder
del Espíritu, porque sin fe no podemos
complacer a Dios. Así pues, la fe toca cada
dimensión de mi vida, la fe afecta toda mi
forma de vida, mis actitudes, mis
decisiones... Así que ya veis cómo no se
puede separar la fe de nuestra vida. Si
nosotros lo separamos, no es fe, solo es
Religión, es algo que "hacemos"; pero la fe
es algo que somos, por eso el autor de la
carta a los Hebreos nos da tantos ejemplos
que podemos intentar modelar nuestra vida.
También quiero deciros que HAY VARIOS
OBSTÁCULOS QUE DEBEMOS SUPERAR AL VIVIR EN
FE:
La primera dificultad es LA DUDA, o
podemos llamarla INSEGURIDAD, es cuando
ponemos esa pregunta ante Dios y decimos:
"¿Cómo hago?" No hay nada malo en dudar.
Cuando Gabriel se acercó a María le dijo:
"Concebirás un Hijo, el Hijo de Dios". Y
ella dijo: "Pero, ¿cómo?" Ella dijo: "Yo no
estoy casada". No es malo dudar, pero la
cuestión es qué hacemos con la duda, porque
la duda y la inseguridad es una reacción
humana, pero lo que puede ser pecaminoso es
lo que hacemos con la duda.
Lo mismo ocurrió con Abraham y con Sara.
Aquí es muy gracioso el Génesis, en el
capítulo 17. Dios les dijo: "Vais a tener un
hijo", y Sara cayó al suelo de risa, ella no
se pudo mantener de pie de la risa que le
dio, y le dijo a Dios: "Tienes que estar
bromeando; ¡YO tengo ochenta años!" Así que
no hay nada de malo en la duda; pero el
problema es que cuando la duda se convierte
en no creer.
Si tomáis el Evangelio de Lucas, tenemos en
el primer capítulo, una cosa muy
interesante, y es que cuando Lucas escribió
el Evangelio, en el primer capítulo Lucas
nos pone dos ejemplos distintos para
enseñarnos la diferencia entre la increencia
y la duda. Vemos, en primer lugar, la
historia de Zacarías, el padre de Juan
Bautista, y justo detrás tenemos la historia
de María y de Gabriel. El mismo ángel se
acercó a Zacarías en el templo y le dijo:
"Tu mujer concebirá un hijo", exactamente el
mismo mensaje. Y tenemos la misma reacción
del hombre, dice: "Pero, ¿cómo, si soy muy
viejo?" El ángel reacciona de otra forma y
Gabriel le dijo: "¡Tú no crees!". Aquí es
muy difícil encontrar en el capítulo de
Lucas la distinción, porque Dios ve el
corazón, aquí lo único que vemos nosotros es
la diferencia de reacción de Gabriel, que le
dijo: "¡No vas a poder hablar, porque no
creíste en lo que te dije!". Así, pues,
tenemos que tener mucho cuidado porque,
cuando Dios nos habla, nuestra reacción es
la duda, pero tenemos que cuidar de no
rechazar la Palabra de Dios. Creo que muy a
menudo nos tenemos que arrepentir por
nuestra falta de fe, de increencia, y hay
muchas obras de Dios que han caído porque la
gente no cree.
También tenemos el ejemplo de la certeza.
Moisés se acercó a Dios y dijo: "No tenemos
agua, esta gente quiere que le dé agua", y
ellos iban caminando por el desierto y Dios
le dijo: "No hay problema, coge tu vara y
pega la piedra y saldrá el agua, es muy
fácil, coge tu vara y da en la roca". La fe
es lo que tienes en tu corazón antes de que
llegue la promesa. Y hay un momento de duda,
y te preguntas: "¿Va a ocurrir
verdaderamente?" Y la fe te dice: "Sí... No
porque yo lo espero de Dios, sino porque
Dios me hizo la promesa". Entonces, ¿qué es
la fe? La fe es mantener la Palabra de Dios.
Leemos en el Génesis, en la historia de
Abraham, que él vivió por la providencia de
Dios todos los días. Y hay una historia en
el capítulo catorce del Génesis, versículos
22 y 23, que puede no estar claro para
vosotros, pero cuando miras desde el punto
de vista de la fe, comprenderéis el
principio. ¿Sabéis? , había una guerra y
Abraham fue a luchar contra cuatro reyes, y
él fue el victorioso y volvió, y vemos que
estaba el sacerdote Melquisedec y él le dio
el primer diezmo de cada cosa conquistada. Y
en el versículo 21, leemos: "Y dijo luego
el rey de Sodoma a Abraham; Dame las
personas y quédate con la hacienda. Pero
Abraham dijo al rey de Sodoma: Alzo mi mano
ante el Dios Altísimo, Creador de cielos y
tierra, ni un hilo ni la correa de un
zapato, ni nada de lo tuyo tomaré, y así no
dirás; ‘yo he enriquecido a Abraham’. Nada
en absoluto, salvo lo que han comido los
mozos y la parte de los hombres que fueron
conmigo; Aner, Eskol y Mambré. Ellos que
tomen su parte".
Sabéis que Abraham no quería coger nada,
pero para comprenderlo tenéis que leer todo
el capítulo catorce y veréis que el rey de
Sodoma fue cogido como cautivo y Abraham fue
a liberarle, y le dijo a Abraham: "Bien,
gracias por tu ayuda, puedes tomar todas
nuestras posesiones", y Abraham le dijo:
"No, porque no quiero que alguien diga que
el rey de Sodoma me hizo rico, porque el que
me hace rico es Dios". Así, pues, la fe es
vivir en providencia de Dios, aunque
trabajes, aún así tienes que vivir en la
providencia de Dios, porque aunque nosotros
trabajemos, nuestro dinero viene de Dios,
porque nuestro trabajo viene de Dios. Si tú
sientes que es "tu" trabajo y "tu" dinero,
puedes pensar que fuisteis tú quien te
hiciste rico, pero hay un Dios que es el que
está actuando en nuestra vida. Así pues,
cuando veo que es Dios el que me provee no
tengo ningún problema en devolver. Es lo que
dijo Jesús sobre la viuda. También
encontramos el mismo principio en la
historia de Elías y esa pobre viuda, cuando
Elías le dijo: "Tu jarra de harina nunca se
vaciará, porque Dios te proveerá a diario".
Y tenemos que estar conscientes de que Dios
es nuestro proveedor.
Y el último ejemplo, aunque tengamos muchos
más ejemplos en Hebreos 11, pero os quiero
mostrar cómo debéis hacer vuestro estudio.
Vamos a leer sobre Abraham e Isaac,
versículos 17 -19:
"Por la fe Abraham, sometido a la prueba,
presentó a Isaac como ofrenda, y él que
había recibido las promesas, ofrecía a su
unigénito, respecto del cual se le había
dicho: Por Isaac tendrás descendencia.
Pensaba qué poderoso era Dios aun para
resucitar de entre los muertos. Por eso
recobró a Isaac para que fuera también
figura."
Dios habló a Abraham POR LA NOCHE y Abraham
se pasó toda la noche orando. Salió por la
mañana y estuvieron viajando durante un
tiempo. Puedo imaginarme el peso de su
corazón cuando Dios le dijo: "Tienes que
matar a tu hijo único", que fue prometido.
Sabéis que hay momentos en nuestra vida
donde parece que Dios nos quiere quitar lo
que nos entregó. Y Abraham dijo: "Sí", y era
su hijo único, su hijo precioso. Y dijo:
"Dios me lo ha dado, Dios se lo lleva". Y
hay algo que a mí me llega muy al fondo.
En la historia, en el Génesis, quiero
mostraros un versículo que nos muestra la fe
de Abraham. Está en el capítulo 22, en el
versículo 5. Escuchad bien lo que Abraham
dijo a los criados al llegar a la montaña:
"Manteneos aquí con el burro, yo y el
muchacho iremos hasta allí, adoraremos y
volveremos donde vosotros."
Hubo un momento en el que yo estaba leyendo
este capítulo y no entendía. Vosotros sabéis
que él iba a matar a su hijo, porque pensaba
que si Dios se lo había dado, Dios podía
hacer lo que quisiera. Pero él le dijo a los
criados "nosotros volveremos pronto", ¡que
fe tan grande tenía! El les dijo: "Nosotros
adoraremos a Dios y volveremos". Y escuchad:
ellos subieron, él y su hijo, y en el camino
Isaac habló a su padre: "Aquí está el fuego
y la leña, pero ¿dónde está el cordero para
el holocausto?" Yo creo que en este momento
Abraham recibió la gracia de comprender la
salvación, yo creo que Jesús está presente
en ese momento con él, porque ya sabéis la
respuesta que dio a su hijo: "Hijo mío, Dios
proveerá el cordero para el holocausto". Y
Dios lo hizo. Dios mandó a su único Hijo que
se hizo el Cordero de Dios. Y sabéis que la
tradición judía nos dice que el monte Moria
fue el mismo monte donde Cristo fue
crucificado. Así pues, cuando Abraham llegó
a ofrecer a su hijo, Dios le dijo: "No, no
es necesario, porque Yo voy a enviar a mi
Hijo para que tu hijo pueda vivir
eternamente". Y yo creo que lo que quería
era enseñarnos sobre la fe. ¿Sabéis lo
que es la fe? La fe es una dedicación,
cuando hacéis algo muy especial para Dios,
algo que pueda ser invisible para otros, o
que es solo un regalo para Dios. Nadie lo
sabrá, sólo Dios. Y eso es la fe. Y es
lo que hizo Abraham, él puso a su corazón en
una gran libertad y dijo: "Mi hijo no
solamente es mi hijo, pero mi hijo también
es tuyo, así pues Tú puedes guiar a mi hijo
como Tú quieras". Es la lección que nosotros
podemos tomar como padres, porque a veces
tenemos unos planes maravillosos para
nuestros hijos, pero tenemos que acordarnos
de que Dios tiene el plan perfecto, y
tenemos que liberar a nuestros hijos para
Dios.
Así pues, la fe es la dedicación perfecta a
Dios. Entonces, el ángel de Yahveh le llamó
desde los cielos diciendo: "Abraham,
Abraham". Él dijo: "Heme aquí". Dijo el
ángel: "No alargues tu mano contra el niño,
no le hagas nada, que ahora sé que tú eres
temeroso de Dios ya que no me has negado tu
hijo único". Levantó Abraham los ojos, miró
y vio un carnero enredado en un zarzal por
los cuernos. Y sabéis que cinco mil años
después, Dios proveyó de otro Cordero, que
estaba enganchado no en una zarza, sino que
en los pecados, problemas y desgracias del
pueblo. Y fue la mayor dedicación. Jesús
ofreció a Dios la mayor dedicación.
Dios ha hecho lo mismo que hizo Abel, él
ofreció lo mejor. Así pues, la fe es ofrecer
lo mejor, y lo mejor que tenéis y lo mejor
que tengo yo es mi vida, es vuestra vida. Lo
mejor de la fe es dedicar tu vida al Señor.
Y este pasaje de la Biblia nos dice que
tenemos que dedicar nuestra vida al Señor.
Tenemos muchos más ejemplos en este
capítulo... Versículos 13 al 16:
"En la fe murieron todos ellos, sin haber
conseguido el objeto de las promesas:
viéndolas y saludándolas desde lejos y
confesándose extraños y forasteros sobre la
tierra. Los que tal dicen, claramente dan a
entender que van en busca de una patria;
pues si hubiesen pensado en la tierra de la
que habían salido, habrían tenido ocasión de
retornar a ella. Más bien aspiran a una
mejor, a la celestial. Por eso Dios no se
avergüenza de ello, de ser llamado Dios
suyo, pues les tiene preparada una ciudad...
"
La fe es decir: "Yo solamente soy un
extraño aquí, yo sólo estoy viajando, no
tengo una tierra que sea mi patria aquí".
Y este tipo de fe nos da mucha libertad,
estáis libres para Dios. Así pues, nos
tenemos que hacer como uno de ellos, porque
lo que hemos leído es que a Dios no le da
vergüenza decir: "Soy vuestro Dios".
Quiero concluir con un pasaje del libro de
JOB. Empieza la historia cuando Satanás
llega a hablar con Dios y Satanás discute
con Dios. Y, ¿sabéis lo que le dijo Dios a
Satanás? Le preguntó: "¿Has visto o has oído
alguna vez a mi siervo Job?". Lo leemos en
el primer capítulo, versículo ocho: "Y
Yahveh dijo a Satán: ¿No te has fijado en mi
siervo Job?"
¿Os imagináis? Es Dios que está hablando con
su enemigo. Él está muy orgulloso de Job,
porque Job tenía mucha fe, era el hombre de
fe. Y Dios dijo a Satanás: "¿Has visto a mi
siervo Job?"
Yo quiero desearos algo, quisiera desear que
Dios os mirara y que Él diga a alguien más:
"¿No te has fijado en mi siervo fiel? ¿Has
visto alguna vez a mi siervo precioso?" Si
vosotros pensáis en una vida feliz, si
vosotros pensáis en la recompensa de Dios,
esa es la mejor recompensa, cuando Dios te
diga: "Yo no me avergüenzo de llamarme tu
Dios". Y es lo que buscamos, nosotros no
buscamos la recompensa en la tierra; puede
llegar, pero nos da igual, porque nosotros
buscamos la mejor recompensa. Y por eso dice
Jesús a los fariseos; "Ellos ya tienen su
recompensa, porque ellos lo que buscaban era
respeto y honores humanos", pero Jesús nos
dice: "Tenéis que buscar la recompensa
divina". Cuando Dios ve tu compromiso total
y radical, cuando Él ve tu dedicación total,
entonces Él te proveerá del carnero, Él te
proveerá de la bendición, Él te proveerá de
una vida plena. AMÉN.
"Nuevo Pentecostés", nº 51-52
Comunidad Siervos de Cristo Vivo
Casa Magnificat, Castellón, España