María, Tú me has invitado a orar por mi
sanación. Quiero hacerlo ahora y por eso te
pido que acompañes mi oración con tu fe. Ora
conmigo en estos momentos, para que pueda
ser digno de obtener la gracia de la
curación, no sólo para mí, sino también para
aquellos por quienes deseo interceder.
1. ¡Ven, Señor Jesús!
Sucedió que cierto día subió a una barca
con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos a
la otra orilla del lago». Y se hicieron a la
mar. Mientras ellos navegaban, se durmió. Se
abatió sobre el lago una borrasca; se
inundaba la barca y estaban en peligro.
Entonces, acercándose, le despertaron,
diciendo: «¡Maestro, Maestro, que
perecemos!» Él, habiéndose despertado,
increpó al viento y al oleaje, que
amainaron, y sobrevino la bonanza. Entonces
les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos,
llenos de temor, se decían entre sí
maravillados: «Pues ¿quién es éste, que
impera a los vientos y al agua, y le
obedecen?»
(Lucas 8, 22-25)
Jesús, Tú viniste también a calmar las
tempestades del mundo y te haces presente en
la barca de toda vida. ¡Lo haces porque tu
nombre es Emmanuel... Dios con nosotros,
Dios por nosotros! Por tanto, ahora te pido
Señor, que entres en mi vida. También mi
barca ha comenzado a hundirse, anegando mi
conciencia y mi subconsciente. ¡Entra,
Jesús, a las profundidades de mi alma! He
perdido mi rumbo Señor. ¡Levántate y ordena
a mi inquietud que se calme! ¡Ordena a las
olas de muerte que me rodean que dejen de
amenazarme! Apacigua mi corazón para que
pueda escuchar Tu Palabra divina y creadora.
(Permanece en silencio y escucha la
voz del Señor en tu corazón)
¡Ven, Jesús, y sube también a la barca de mi
familia, de mi comunidad, de mi país y del
mundo entero! ¡Permite, Señor, que nuestros
gritos te despierten! Extiende tu mano para
que llegue la calma. ¡Ven Señor Jesús, ven!
Penetra hasta el fondo de mi ser y entra en
aquel rincón donde he sido más lastimado.
Ven, Jesús, y sube igualmente en las barcas
de aquellas vidas que se encuentran ancladas
a los hábitos más perniciosos: al alcohol, a
las drogas, a los placeres carnales, y que
les impiden continuar navegando de frente.
Jesús, calma las tempestades. ¡Haz que todos
escuchemos tu voz y que venga a nosotros Tu
Paz!
2. Decisión
Jesús, Tú estás en la barca de mi vida. Tú
eres mi Dios, por eso te adoro y te
glorifico, porque solamente Tú eres santo,
solamente Tú eres el Señor. Creo en Ti y
confío en Ti. Por tanto, me pongo totalmente
en tus manos. Me decido hoy por Ti y por Tu
Misericordia divina. Contigo y con Tu Madre,
digo en este momento: “Hágase en mí Tu
Voluntad, Señor... en la salud y en la
enfermedad; en el éxito y en el fracaso; en
las alegrías y en las tristezas; en la vida
y en la muerte; en el presente y en la
eternidad”.
Jesús, frecuentemente he dudado en hacer el
bien. En su lugar, he preferido a menudo
hacer mi voluntad y las consecuencias de
ello me han hecho mal. ¡Sáname de mi
incredulidad y de las resistencias que he
opuesto, las veces que me he negado a
aceptar la voluntad del Padre!
María, con Tú oración, alcanza para mí la
gracia de que mi determinación de seguir a
Jesús sea irrevocable. ¡Ayúdame a nunca
apartarme de ella y a permanecer siempre
fiel a esta decisión!
(Permanece en silencio y abre tu
corazón a la acción del Señor)
3. Renuncia
Jesús, yo renuncio a todo pecado. Renuncio a
Satanás y a todas sus seducciones, a sus
mentiras y engaños. Renuncio a cualquier
ídolo e idolatría. Renuncio a mi falta de
perdón y a mi rencor; a mi vida egoísta y
altiva. Me deshago de toda enfermedad
espiritual y de toda atadura, para que Tú,
Jesús, puedas entrar en mi alma.
¡Madre... Madre mía, ayúdame a aplastar la
cabeza de Satanás en mi vida!
4. Oración para ser capaces de amar
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu
prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pues yo os
digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por
los que os persigan, para que seáis hijos de
vuestro Padre Celestial, que hace salir su
sol sobre malos y buenos, y llover sobre
justos e injustos.»
(Mateo 5, 43-45)
Jesús, Tú nos has llamado a amar... Hoy
reconozco ante Ti la fragilidad de mi amor.
Sana en mí todas esas heridas que han sido
provocadas a causa del desamor y de mis
pecados, ¡heridas que me impiden amarte a
Ti, mi Señor, sobre todas las cosas!
¡Purifica mi corazón de la herencia dolorosa
que arrastra por los pecados de mis
ancestros y por las iniquidades del mundo!
¡Libéralo de todas las cargas que han
acumulado a través de mi infancia y
adolescencia!
Haz que el fuego de Tu Amor y la gracia de
Tu Sanación iluminen mi oscuridad y derritan
el hielo del mal que aún habita en mí.
Renueva completamente mi capacidad de amar.
Que a partir de ahora, pueda yo amar a los
hombres con todo mi corazón, incluso a
aquellos que me han lastimado. Muy a menudo
he sido incapaz de perdonar las injusticias
de los demás. Perdona, Señor, las veces que
me he agobiado a mi mismo y a otros también,
con la envidia y los celos.
¡Sana igualmente mi fe en Ti, Señor! Haz que
la gracia de la confianza desaparezca en mi
toda desconfianza y temor. ¡Cúrame de la
ausencia de Dios en mis pensamientos,
palabras y obras!
Al mismo tiempo Jesús, te pido que sanes los
lazos afectivos en mi familia. ¡Sana el amor
entre los esposos, entre padre e hijos,
entre los que están enfermos y los que
poseen salud! ¡Jesús, sana el amor entre
todos los hombres del mundo!
(Ora en silencio por aquella persona
que no amas y que no puedes perdonar)
5. Oración por la sanación del alma
Jesús, te doy gracias ahora por mi alma. Tú
sabes que en ella se reflejan también las
consecuencias del pecado. Por eso,
frecuentemente estoy nervioso y reacciono
con agresividad. Fácilmente pierdo la
paciencia y estoy atado al rencor. Los malos
hábitos aprisionan mi alma y empeoran aún
más mis heridas. Todo esto me dificulta amar
a los demás. En el fondo de mi alma han
quedado grabadas ciertas experiencias, las
cuales me inducen a actuar con desconfianza
y temor.
¡Jesús, purifica mi subconsciente! Penetra
en él con Tu Luz, para que nunca más sea yo
víctima de la oscuridad. Con el poder de Tu
Gracia, toca aquellas fibras de mi alma en
las cuales se ha asentado el apego a los
bienes materiales, haciéndome presa del
temor. ¡Sana mi alma, Señor, para que mi
espíritu pueda abrirse libremente hacia Ti!
¡Sáname de la desconfianza hacia Ti y hacia
Tu Palabra! Jesús, yo te suplico que cures
en mí todas aquellas heridas y frustraciones
causadas por los fracasos y los deseos no
satisfechos. ¡Aparta toda tiniebla de mi
interior y sana las heridas más profundas de
mi subconsciente! Permite que éste descanse
en Ti, Señor.
Te pido ahora por los perturbados y enfermos
mentales. Haz a un lado sus cargas y limpia
las heridas que han trastornado sus mentes.
Protege a los niños que viven con el estigma
de la propensión hereditaria a este tipo de
males. Cura todo desdoblamiento de
personalidad, miedos y depresiones; cada
neurosis y estado psicópata. Sana también, a
todos aquellos cuyas mentes se han enfermado
a causa de algún fracaso en su familia,
estudios o trabajo. ¡Aparta de ellos los
pensamientos de autodestrucción y suicidio,
y libéralos de cualquier obsesión!
¡Oh, Jesús, se Tú el dueño de nuestras
almas! Cura a todos aquellos que se han
dañado a sí mismos por medio de prácticas de
superchería. ¡Libéralos de las consecuencias
de la brujería y hechicería! Restaura cada
alma y devuélvele la paz que ha perdido.
6. Oración por la sanación física
«Al atardecer, le trajeron muchos
endemoniados; Él expulsó a los espíritus con
una palabra, y curó a todos los enfermos,
para que se cumpliera el oráculo del profeta
Isaías: “Él tomó nuestras flaquezas y cargó
con nuestras enfermedades”.»
(Mateo 8 16-17)
¡Jesús, sana mi cuerpo! Aquí estoy ante Ti,
con mis dolores físicos y los males que
deterioran mi salud. Cúrame de las
enfermedades que padezco en estos
momentos...
(En silencio, menciona las
enfermedades que padeces)
¡Protégeme de toda enfermedad! Pero, si es
Tu Voluntad que yo cargue con la cruz de mis
padecimientos, entonces yo acepto esta cruz
y te pido la gracia de llevarla con amor.
¡Ahora, Jesús, te pido por la sanación
física de mis familiares y seres queridos!
(En silencio, menciona sus nombres)
Jesús, si es la voluntad del Padre que ellos
continúen enfermos, yo te pido que les
concedas la fortaleza necesaria para que
ellos también carguen sus cruces con amor.
¡Cura a todos los enfermos del mundo!
Protege a la humanidad entera de las
epidemias y males incurables. En una
palabra, Jesús, ¡cura todas nuestras
enfermedades, porque Tú viniste a tomarlas
sobre Ti para salvarnos!
7. Oración final
Padre celestial, gracias por haberme creado
y por haberme redimido por medio de
Jesucristo, Tu Hijo. Gracias por sanar en Su
Nombre mi espíritu, mi alma y mi cuerpo, y
por haberme dado una nueva capacidad de
amar. ¡Haz que la bendición de la paz y la
reconciliación, del amor y la confianza
desciendan sobre mí, sobre mi familia, sobre
la Iglesia y sobre el mundo entero!
Permite que María, al orar con nosotros,
obtenga de Tu Bondad paternal todo lo que
necesitamos para el bien de nuestras almas y
cuerpos.
¡Qué así sea! Amén.