Desde el momento en que Jesús subió a los cielos y envió
sobre la Iglesia católica al Espíritu Santo, iniciamos
lo que se puede llamar “Los últimos tiempos”. La frase
en sí puede causar temor, pero bien comprendida es fácil
de aceptar como una realidad que estamos viviendo. Y es
el que Reino de los Cielos que se hizo presente entre
nosotros en la persona de Jesús, no ha llegado a su
plenitud.
¿Ya viene el fin del mundo?
¡Ya estamos en los últimos tiempos!
Desde el momento en que Jesús subió a los cielos y envió
sobre la Iglesia católica al Espíritu Santo, iniciamos
lo que se puede llamar “Los últimos tiempos”. La frase
en sí puede causar temor, pero bien comprendida es fácil
de aceptar como una realidad que estamos viviendo. Y es
el que Reino de los Cielos que se hizo presente entre
nosotros en la persona de Jesús, no ha llegado a su
plenitud. Los cristianos esperamos y pedimos que ese
reino venga a nosotros, por eso decimos: “Ven Señor
Jesús”. Pero que quede claro: una cosa es “Los últimos
tiempos” y otra es “El fin del mundo”.
Que no le digan...
El fin del mundo y el temor que inspira ha servido
siempre a los charlatanes para obtener beneficios
materiales o poder sobre los crédulos. Muchas de las
sectas que pululan entre nosotros deben su atracción a
que ofrecen trato preferencial ante un inminente fin del
mundo. Ciertamente vendrá el fin del mundo, pero nadie,
ni siquiera un ángel, nos podrá decir cuándo será. Jesús
nos previno contra estos falsos profetas y evitó Él
mismo darnos una fecha de este acontecimiento. Nos dijo
que tan sólo su Padre del cielo la sabe.
Falsas son, por lo tanto, las supuestas revelaciones de
la Virgen acerca del fin del mundo y falso cualquier
otro aviso que le ponga fecha.
Debemos vivir preparados para ese momento, pero no
angustiados ni obsesionados. No hay que olvidar que para
los cristianos, hermanos, amigos y discípulos de Jesús,
la segunda venida es el tiempo de la consolación (Hch 3,
19-21) en el que llegaremos a la plenitud en Cristo.
El anticristo
El anticristo es una figura presente en el Nuevo
Testamento como preludio antecedente al fin del mundo.
Es un falso mesías que traerá al hombre el aparente
remedio inmediato de sus males, a costa de su renuncia a
Dios y de ponerse a sí mismo en el lugar de Dios. Será
un tiempo de prueba para la Iglesia en el que sufrirá de
la renuncia de muchos de sus miembros.
Este anticristo no será necesariamente una persona,
podrá ser, y ha sido ya, una forma de vivir un falso
mesianismo político que pretenda la siempre intentada
redención de los humildes por medios que vayan contra la
voluntad de Dios y contra la dignidad misma del hombre.
Cada vez que un genial líder político se glorifica a sí
mismo y se presenta como el único redentor de la
humanidad, nos parece estar viendo al anticristo. Los
fanatismos en torno a la glorificación de un hombre
traen consigo la desilusión y la pérdida de la
esperanza.
La conversión de los judíos
En la Carta a los Romanos (11, 26) se nos habla de un
futuro reconocimiento de Cristo por ese pueblo elegido
por Dios y que sigue siendo objeto de su predilección,
pues Dios no es voluble en su amor hacia ese pueblo que
continúa siendo el heredero de sus promesas y en el cual
nació Jesús, el Hijo de Dios. Algunos piensan que el
hecho de que Israel se haya reunificado es ya un signo
del advenimiento del fin del mundo. Los cristianos
oramos por la conversión del pueblo hebreo. En Jerusalén
hay una comunidad religiosa, las Damas de Sión, que oran
constantemente por este fin.
El juicio final
Creemos también que Jesús vendrá a juzgar a vivos y
difuntos. Ya el Evangelio nos habla con frecuencia de
este momento en que se darán a conocer las conciencias
para gloria de Dios. Será un examen sobre la caridad
fraterna y sobre la fidelidad a la voluntad de Dios.
Después del juicio, el destino final: la perdición
eterna para los malos y para los que dieron de comer, de
beber, vistieron, liberaron, visitaron enfermos, fueron
hospitalarios; el Reino de los Cielos en plenitud y para
siempre.
Y su Reino no tendrá fin
“Mi reino no es de este mundo”, decía Jesús, consciente
de que este mundo está gobernado por el príncipe de las
tinieblas. Y en este mundo nos dejó a sus seguidores
como sal, luz, levadura, granito de mostaza. Poquitos y
pequeños entre la inmensidad de los que hacen el mal. No
podemos dudarlo, nuestro mundo padece de estructuras
injustas hechas por unos cuantos para su beneficio
temporal y que oprimen y marginan a las grandes mayorías
que tienen que mendigar el pan y la felicidad a los que
tienen derecho. Y allí estamos nosotros para construir
ese reino de justicia y de paz. ¡No nos demos por
vencidos!
Tenemos la esperanza de que Jesús implantará su Reino
definitivo en el que ya no habrá llanto, ni dolor ¡ni
muerte! y de que su Reino no tendrá fin.
El tercer secreto de Fátima
Hay quienes lucran con el tercer secreto de Fátima
distorsionándolo para sacar provecho de él. El papa Juan
Pablo II lo dio a conocer luego de que sufriera el
atentado en Roma y sor Lucía Dos Santos, la vidente que
lo confió a los papas, confirmó la veracidad de su
contenido. No hay más. Lo que pedía la virgen era:
rezos, conversión, corregir el camino para llegar a
Dios.
Es de comprender que quienes lucran con el verdadero
contenido del tercer secreto de Fátima, mismo que es de
carácter religioso, ahora defiendan su negocio y digan a
la ligera que El Vaticano sólo dio a conocer una parte
del mismo; incluso, hay quienes quieren vincular el
mensaje religioso con la presunta existencia de vida
extraterrestre y, así, influir en la opinión pública
señalando que seres de otros mundos vendrán a solucionar
nuestros múltiples problemas, con lo que sólo se
demuestra una profunda ignorancia de la Biblia y la
falsa idea de que el hombre puede construir exitosamente
su destino sin la ayuda de Dios.
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